martes, 9 de junio de 2009

TAYACAJA Y LA POBREZA EXTREMA


Son conocidas las altísimas cifras de pobreza y pobreza extrema de la región Huancavelica, así como los bajos índices de desarrollo humano de sus distritos, y especialmente de la provincia de Tayacaja. Es por ello que presentamos un artículo de investigación del reconocido periodista Angel Páez, en el cual grafica la dramática situación de miles de pobladores de los distritos más pobres de Tayacaja, cuya pobreza es estructural, sin que autoridades centrales y regionales puedan hacer algo para cambiar esta realidad.


Pobres entre Sendero y el narcotráfico

Tintay Puncu es uno de los distritos más pobres de Perú, según la recién difundida evaluación del estatal Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), que investigó las condiciones de vida de la población en 1.832 de esas jurisdicciones. Esta localidad se ubica en la provincia de Tayacaja, en la región surandina de Huancavelica.

Noventa y siete por ciento de los 8.511 habitantes de Tintay Puncu viven en condiciones de pobreza, y 92,3 por ciento en extrema pobreza. Es también un punto obligado de los narcotraficantes tanto para el ingreso de insumos químicos utilizados en el procesamiento de clorhidrato de cocaína como para sacar la droga del área de influencia del valle de los ríos Apurimac y Ene, conocido por sus siglas VRAE.

Pobladores del distrito y de otros aledaños, ante la escasez de empleos, se transforman en "mochileros" que sacan a cuestas la droga del VRAE por caminos secretos para eludir el control de las fuerzas de seguridad. Otros se dedican al cultivo ilegal de hoja de coca. Los distritos adyacentes al VRAE son escenario del conflicto entre los remanentes senderistas y las fuerzas del gobierno participantes en la contrainsurgente "Operación Excelencia". Eso quedó en evidencia el 10 de octubre, cuando se registró en Tintay Puncu una emboscada guerrillera que acabó con la vida de 12 soldados del ejército y dos civiles.

Los otros distritos cercanos al VRAE que figuran entre los 10 más pobres del país son San Antonio de Antaparco (97,9 por ciento de la población vive en la pobreza), Salcahuasi (Tayacaja) (96,5), Anchonga (96,1), Surcubamba (Tayacaja) (95,8) y Chinchihuasi (94,9 por ciento), todos pertenecientes a la región de Huancavelica.

El gobierno de Alan García desplegó en 2007 el Plan VRAE, agresivo programa económico, social y militar para acabar con el narcotráfico en el valle. Pero los seis distritos más pobres de Huancavelica no están comprendidos en la estrategia porque geográficamente son aledaños al VRAE y no figuran en los ubicados en los valles productores de cocaína.

El 14 de noviembre de 2007, un grupo senderista atacó la comisaría del distrito de Huachocolpa (Tayacaja), en Huancavelica, que sirve como vía de acceso al VRAE. Los insurgentes mataron al comisario y se llevaron un cargamento de droga que la policía se había incautado. De los 4.900 habitantes de Huachocolpa, según INEI, 93,5 por ciento viven en pobreza y 77,9 por ciento en extrema pobreza. Pero este distrito [tampoco] está integrado al Plan VRAE de lucha contra la pobreza.

Si algo explica que Tintay Puncu, Surcubamba, Salcahuasi, San Antonio de Antaparco, Anchonga, y Chinchihuasi se encuentren entre los 10 distritos más pobres del país es que estas localidades son víctimas de la injusta distribución del presupuesto que asigna el Estado peruano a Huancavelica.

Según el Ministerio de Economía y Finanzas, en el año que pasó el distrito de San Antonio de Antaparco recibió una transferencia de 280.000 dólares, 0,33 por ciento del presupuesto de toda la región de Huancavelica. O sea, 91 dólares para cada uno de los 3.055 habitantes del distrito, 97,9 por ciento de los cuales viven en la pobreza. La situación es similar en el resto de los 10 distritos más pobres de Perú.

Salcahuasi obtuvo en 2008 nada más que 633.000 dólares (0,73 por ciento del presupuesto), Surcubamba, 826.000 (0,95 por ciento), Tintay Puncu, 839.000 (0,96 por ciento), y Anchonga, un millón de dólares (1,22 por ciento). En promedio, la inversión estatal por habitante en esos distritos no supera los 100 dólares al año.

"Es incomprensible que seis de los distritos más pobres del país, escenarios de episodios de violencia y zonas de influencia del narcotráfico, no estén incorporados al Plan VRAE", dijo a IPS al consultor internacional Jaime Antezana, experto en estudios sobre violencia política y drogas.

"Dada la extrema pobreza de los distritos de Huancavelica en las vías de acceso al VRAE, los pobladores consideran natural la presencia del narcotráfico en la zona. Incluso se suman a las actividades de las organizaciones criminales porque no tienen otra opción", explicó.

"Son distritos pobres histórica y estructuralmente. No se podrá derrotar al narcotráfico si no se acaba con los siglos de miseria, exclusión y desigualdad en esa zona", apuntó Antezana, coautor del ensayo "Narcotráfico: amenaza al crecimiento sostenible del Perú".

Narcotraficantes captan a jóvenes de los distritos más pobres de Huancavelica para convertirlos en "traqueteros" --acopiadores de droga-- y "mochileros" --transportadores de droga e insumos químicos--, a quienes les pagan en dólares, indicó el experto.

"Excluir de los programas de lucha contra la pobreza a esos distritos, que además son los más míseros del país, es como castigarlos por el simple hecho de ser pobres", dijo Antezana. "Lo que se necesita es un programa con un presupuesto autónomo y exclusivo para el VRAE y las zonas aledañas, que incorpore a todas las localidades afectadas por el narcotráfico y el senderismo", recomendó.

Por Ángel Páez
(Agencia IPS)
Tomado de:

miércoles, 3 de junio de 2009

PABLO LIZARBE (cuento)

PABLO LIZARBE

I

Allá por los finos paisajes del ancestral villorrio donde aún pululan los espíritus vivos de mis antepasados, como nota genuina de permanencia que matiza la memoria; entre el fresco aroma de los maizales de la temporada y las cosechas agostinas del lugar; nacen historias de personajes que marcaron acciones en la memoria con singular característica como la de don Pablo Lizarbe.

Era un lugareño de prominente nariz aguileña y algo corva; unía sus cejas despobladas de negro pelo, hasta terminar en nivel agudo en la delgada comisura de sus labios. La onda cuenca de sus ojos albergaba sus párpados rugosos cuyas pestañas escasas disimulaban el matiz rojizo de su córnea que avizoraba el arrebato de muchos sueños y sus andadas de noctámbulo. Su entrecana cabellera contorneaba la pálida frente sin arrugas, su tez blanca poblada de escasas barbas era sombreada por un grasiento sombrero de lana descolorido que casi nunca abandonaba su pequeña testa.

Pablo era un personaje vulgo en la zona de mediana talla y macilenta contextura; de día y noche, en el frío y calor, estaba embozado con un poncho negro. Vivía cerca a los altares del gran Uysus, una humilde mujer tenía por compañera.

Todas las mañanas pasaba don Pablo por el sendero guijarroso entonando su preferida canción santiaguera cual muletillo – cerrojoy…, cerrojoy…-- en cualquier época del año. Sus pequeñas parcelas de terreno tenían dos visitas, siembra y cosecha, nunca el resto del trabajo, era de los que solía decir a los chiquillos del lugar; -- Si apuntas con el dedo al arco iris, se te pudre la mano --- y los chiquillos tenían miedo. También solía decir, -- si apuntas con el dedo a la calabaza, esta se pudre —curiosas supersticiones.

Su audacia mal empleada, le permitía ser el contrabandista de alcohol más arriesgado del lugar; era experto en el oficio, pues nadie de la zona se atrevía alquilar acémilas para tal ilícito afán; sin embargo, nuestro personaje no veía imposibles para cometer sus fechorías. Aprovechaba de la complicidad nocturna para robar con sigilo, algunos burros del lugar, mientras los dueños dormían y luego refundirse en las profundidades de las quebradas hacia los destiladeros de caña. Los contrabandos nocturnos le permitían trasladar regulares cantidades de alcohol y llevarlos al depósito del viejo Monge, principal acopiador en el pueblo. Era un hombre robusto de canosa cabellera, sus ojos orientales refulgían una mirada rojiza propia de los desvelos y noches de borrachera sin final, pues vivía en un ambiente de alcohol; sus compoblanos le correspondían con cierto temor por su carácter de bravucón e irreverente, claro, aparte de alcoholes, no sabía otra cosa más. Pero, don Pablo solía zaherirle en más de las veces y al escape le insultaba – Cullcu ñahui machu – Cuando regateaba el precio o no quería asumir una deuda; sin embargo tenía que olvidar, de lo contrario perdería a su mejor proveedor.

Si no amanecían los burros en sus corrales, los vecinos ya sabían quien se los había llevado.

Para don Pablo, la vida seguía en curso sinuoso de aventuras noctámbulas, asechado por su propio temor de verse acorralado en el riesgo de caer abatido en su afán ilícito. Eran testigos los burros ajenos que hurtaba en préstamo, siempre rumiando su canto preferido que acompañaba su soledad en esas rutas agrestes como solo los hay en el corazón de los andes peruanos, en noches lóbregas y otras de luna, igual; conocía como el zorro su camino.

II

Esther era una doncella de la comarca, seguramente de dieciséis abriles, tenía dos trenzas largas de color castaño, las mejillas de color rosa suavemente desvanecido, pintadas por el rubor y casi siempre jugaba en sus labios cariñosos una sonrisa casta que revelaba su inocente felicidad difícil de ocultar. Sus ojos anchos, orlados de pestañas largas, expresaban diáfanas miradas de inocencia pero leales al color de su raza; blanca la tez y de cuello virginal del que pendían para colgarse a través de sus hombros, un pañolón de moza cubriendo en un ángulo parte de sus bustos pronunciados cual volcanes a punto de estallar, hasta acabar en su cintura. Esther usaba faldas hasta la pantorrilla; sus piernas blancas relucían en su andar de ritmo andino.

Era su padre, don Víctor Betalilluz; un hombre rubicundo y bonachón, muy serio y de poco hablar, vivían en una casa grande y antigua rodeado de maizales. En su corralón aledaño ramoneaban algunos caballos rapados de crin y cola, correteaban potros y algunos burros viejos se sometían a la meditación, enralecidos por el carguío y la crueldad de sus arrieros. Don Víctor era chucarero, amansaba las acémilas del valle y las haciendas de la región, muy conocido y recomendado por todos, hombre de respeto y de decisiones firmes. El pastoreo de los ganados que poseía era trabajo de Esther en los terrenos de Aguidawayqo.

III

Un día de esos en que don Víctor andaba ocupado en su oficio de domador, retornó de la hacienda San Lorenzo luego de dos días y solo encontró en casa a su esposa, consternada y sumida en una preocupación profunda, los menores hijos llorando la ausencia de Esther, nadie sabía de su paradero. Turbado, montó la noble bestia, fiel compañera de sus viajes, que con escorzo elegante, partió en un salto al sentir en sus ijares el agudo punzón de las espuelas. Andó preguntando de casa en casa y a quienes se encontraba en el camino; sus ojos precisaban una acerba mirada y su seño fruncido avizoraba una irremediable ira cada vez que vanas eran sus averiguaciones.

No tardó en resolver su infausta motivación; alguien le dijo que: -- Anteayer en la tarde conversaba con Pablo Lizarbe mientras pastaba sus animales – justo coincidía con el día de la desaparición.

El viejo Betalilluz rasgó las sospechas de que realmente, Esther había sido objeto de un rapto, se indignó más aún al resistirse en creer por ese inusual atrevimiento de cómo un vetusto, macilento, endeble y remedo de hombre tan feo había osado en seducir a una niña tan hermosa, no había duda que su inocencia había cegado la razón. La rabia le subía despacio, despacio, y un silencio muy huraño le lastimaba el alma. Adormecido por la ira y el pensamiento viajero, posó sus sentaderas en la cabalgadura y partió con ágil trote por el sendero guijarroso que cubría la cuesta.

El desagravio le hacía pensar con violencia, pues, era de esos hombres serios que infundían respeto y temor, con aires de terrateniente, y quienes osaban faltar su honor, caro pagaban su pecado, hasta con la muerte.

Al llegar a media cuesta, tomó rumbo hacia la izquierda; ruta que lleva a Qasapata y no tardo en llegar a la casa de Pablo; por el mismo patio pasaba el camino. El potro jadeante y trémulo hizo sonar sus cascos herrados en el patio empedrado; sus belfos espumantes, clavado en sus pecho hizo sonar como dos rebuznos.

Una mujercita humilde, salió de la cocina y al ver al temerario visitante tuvo por segundos una sensación escalofriante, pues no sospechaba el motivo de la visita. El viejo jinete con su voz ronca y violenta preguntó: -- ¿Dónde está tu marido? – La campesina innocua sin saber nada de nada, dijo: “que estaba escondido por la leva en los altos de la casa”. (Antes la gendarmería del estado, reclutaba gente para el servicio militar obligatorio, visitando de casa en casa; se iban a caballo por las comunidades y arreaban atados a jóvenes y adultos para encerrarlos en los cuarteles.)

IV

Los altos de la casa de Pablo, tenía un solo acceso, por dentro de la sala se colocaba una escalera y se entraba por una abertura, allí solía guardarse las cosechas del año, muchas veces de escondite servía. Llevado por su astucia había jalado la escalera para que su mujer no subiera, y solo tiraba de una soga para alzar la comida.

El viejo Betalilluz al saber del escondite, sin apearse empujó la antigua y pesada puerta de aliso, los goznes y ejes enmohecidos rechinaron, acarició las crines y el cuello aterciopelado; y el noble bruto con las orejas tendidas entró en la sala con jinete y todo. Éste se puso de pie sobre la cabalgadura y metió cuerpo por la abertura y sus sospechas se confirmaron; Pablo tenía escondida a Esther en esa pocilga.

La furia incontenible se desató para ensañarse con el atrevido cholo; le prendió por los pelos y lo aventó al primer piso, una vez abajó le cortó la piel a fuetazos con el zurriago del caballo hasta hacerlo sangrar. Pablo gritaba mil perdones, pero la ira ensordeció la razón y siguió arrancándole la piel a chicotazos. La crueldad se apoderó del viejo Betalilluz, sus ojos se desorbitaban como de un toro iracundo – Amaña – se desesperaba la mujercita. No obstante, descalzó sus pies y atándolo con una cuerda las manos juntas lo arrastró con el caballo cuesta abajo por el sinuoso y pedregoso camino hasta la pampa ante el estupor de los vecinos; semimuerto y sangrante soltó la soga; lo envolvió de una mirada sórdida, lanzó un escupitajo, se dio la vuelta, y se marchó en su caballo de ancas relucientes por el camino polvoriento.

Fue santo el remedio; Pablo no volvió a sus andadas, mucho demoró en recuperarse, de alguna forma quedó tullido, y se aferró a la vida a lado de su humilde mujer, que supo perdonar…

Esther, para nublar la deshonra y la vergüenza ante los compoblanos, fue enviada a la capital y olvidó su terruño.


De: Cuentos Andinos y Poesìas
Autor: Miguel Angel Alarcón León
Edición: Setiembre 2008

martes, 26 de mayo de 2009

HUANCAVELICA EN LAS TRADICIONES DE PALMA


El escritor Carlos Zúñiga Segura nos presenta su última publicación (2009) referida a relatos del gran escritor Ricardo Palma sobre el departamento de Huancavelica.

Tradiciones peruanas, obra cumbre de Ricardo Palma, es una fuente iluminadora que nos permite abordar y desarrollar trabajos de carácter integral o temático, toda vez que sus páginas semejan un prisma cuyas aristas apuntan en múltiples direcciones de la actividad humana para recoger la pulsación individual o colectiva de la sociedad de su tiempo.
D esta vasta y enriquecida estancia, hemos reunido las tradiciones y crónicas referidas al departamento de Huancavelica, textos en los que Ricardo Palma cuenta episodios cuyos protagonistas son naturales o afincados en las diversas localidades que configuran la geografía andina del departamento, integrado por sus siete provincias, vale decir: Huancavelica, Acobamba, Angaraes, Castrovirreyna, Churcampa, Tayacaja y Huaytará.

En su obra, Ricardo Palma presenta seis tradiciones con esencia huancavelicana. La primera es “Palla-huarcuna”, incluida en las tradiciones del Perú incario y de la conquista (1533), como la romántica introducción a un país legendario. Continúan “La mina de Santa Bárbara” (1564); “La desolación de Castrovirreyna (crónica de la época del décimo octavo virrey del Perú, 1661-1666)”; “Lucas el sacrílego” (crónica de la época de vigésimo nono virrey del Perú) (1743); “Como San Jinojo” (1759); y finalmente “Un fraile suicida”, cuya escritura data de 1780.

Acobamba, Angaraes, Castrovirreyna, Huancavelica (provincia), Izcuchaca y Tayacaja son las ciudades escenario en las que ocurren los acontecimientos que Palma relata con su peculiar estilo, el mismo que lo califica merecidamente como un clásico de nuestras letras.

A través de los textos, se advierte el gran conocimiento de Palma respecto a la geografía del departamento, de su historia y de las vivencias de su gente; referencia o acotaciones que se plasman incluso en otras tradiciones, es decir, en las no referidas específicamente al departamento de Huancavelica. Los relatos “El peje chico”, “Las querellas de Santo Toribio”, “El tamborcito del pirata”, “Los duendes del Cuzco” “Una vida por una honra”, “El virrey limeño”, “El resucitado”, “Un obispo de Ayacucho”, y “Los buscadores de entierros” son ejemplos de lo señalado.

Vista la creación integral de Palma, podemos afirmar que el departamento de Huancavelica no solo está presente en las tradiciones, lo está asimismo, en “Anales de la Santa Inquisición”, obra incluida en Tradiciones peruanas, que nos sirve de guía en el presente trabajo, por Editorial Aguilar de Madrid (1968), a cargo de Edith Palma, nieta del autor.

Entre los personajes huancavelicanos que sufrieron el castigo del temido Santo Oficio se encuentran Antonio Rodríguez Correa, de oficio minero, buhonero o vendedor de baratijas y principalmente “forjador de herejes”; María Barreto Navarrete, de 36 años de edad, acusada de hechicería; Pedro Sigil, oficiante de cultos de los ídolos; Antonio negrete, subdelegado de la provincia de Angaraes, calificado como asiduo lector de obras prohibidas; y Eusebio Jaime, presbítero de la provincia de Tayacaja, procesado por expresar su opinión en el sentido de que no constituía pecado alguno el desatenderse de las publicaciones del Santo Oficio.

Fuente: “Huancavelica en las tradiciones de Palma”
Autor: Carlos Zúñiga Segura
Editorial San Marcos, Primera Edición 2009
Imagen: Carátula del libro.

miércoles, 20 de mayo de 2009

PICCHIU HUACHOCOLPA

Presentamos un relato sobre un viaje a Huachocolpa realizado en octubre de 2003 por integrantes de Andex Perú, grupo de personas dedicadas al deporte de aventura y al conocimiento de la geografía y los ecosistemas agrupados en la asociación Andex perú. Aquí el relato:


Huancavelica es un departamento olvidado y desconocido y en el que todos tienen la idea que es de geografía alto andina. Pero no, el 30 por ciento de su territorio es tropical, ubicándose la provincia de Tayacaja dentro de esta zona. Asimismo es la zona por el que los misioneros del convento de Ocopa, trataron de ingresar a la región conocida por entonces como las montañas del Mantaro y Apurimac.

Es por algunas de estas razones que decidimos emprender esta exploración, partiendo de la ciudad de Huancayo.

Pasamos por los pueblos de Pampas y Colcabamba (2965 msnm), ingresamos a Campo Armiño, lugar donde se ubica la hidroeléctrica del Mantaro, descendimos con el bus al río Mantaro pasamos un puente y ascendimos al pueblo de Picchiu (2120 msnm), alrededor de las tres de la tarde. El calor era sofocante por lo que decidimos empezar a caminar al atardecer, mientras tanto nuestra presencia produjo mucha curiosidad en los pobladores.

Empezamos a caminar a las cinco de la tarde sobre un camino en forma ascendente y con la Luna como compañera, hasta llegar luego de cuatro horas al pueblo de Andaymarca (2950 msnm), acampando en el campo deportivo del colegio. Por la mañana las autoridades del pueblo se acercaron a darnos la bienvenida, así como pobladores a ofrecernos los servicios de sus acémilas. En la plaza de armas que estaba siendo remodelada destaca una gran araucaria, sobre sus ramas crecían muchas bromelias y tillandsias.

Partimos del pueblo de Andaymarca y empezamos a ascender llegando al pueblo de Salviapampa (3245 msnm), y al pasar por una escuela en donde se encontraban los pobladores, profesores y niños, nos llamaron y de inmediato nos invitaron a almorzar. Aprovechamos para obsequiar a los niños lápices, borradores y tajadores. Subimos por la arista de la montaña hasta un desvió (3505 msnm), el de la derecha llega a Tastacucho y el de la izquierda a la Laguna Quiullacocha, por donde seguimos llegando a acampar cerca de la Laguna (4110 msnm). Partimos, pasamos la laguna, se sube una cuesta y se baja a la Laguna Morococha Chico, se sube otra cuesta y se puede observar un conjunto de lagunas en donde la más grande es Judascocha, las otras son Judas Chico y Llavecocha. Aquí nos despedimos de nuestro arriero con sus acémilas y empezamos nuevamente a cargar nuestras mochilas.

Llegamos a un abra (4250 msnm) y empezamos el descenso hasta acampar antes de la quebrada Parionacocha por un camino que no desciende al fondo del valle (4025 msnm). Por la mañana antes de partir se nos acerco un campesino, el Sr. Blas Romaní quien nos invito papas y ocas hervidas envueltas en huevo. Iniciamos la caminata acompañados por el Sr. Blas quien nos mostró y contó que varias casitas de los antiguos o de los gentiles se encuentran en la cima de la montaña y otras en el valle. Llegamos a la Laguna Parianococha (4165 msnm) de aguas azules turquesas, rodeado de pampas verdes. Seguimos ascendiendo hasta el paso (4230 msnm), pasamos al costado de la laguna Morococha (4130 msnm), descendiendo luego a la laguna Huarmicocha, hasta este lugar nos acompaño el Sr. Blas. La Laguna Huarmicocha es enorme, su orilla es tan amplia que parece una playa. En la arena hay una gran variedad de aves. Seguimos camino hasta llegar a una casa albergue, que recibe visitantes y que tiene algunas comodidades. La vista de la laguna desde este lugar es preciosa.

Ingresamos al abra (4310 msnm) y continuamos hacia el norte por un camino empedrado, por la cuesta de la montaña, el atardecer en este tramo fue espectacular. Llegando a acampar al lado de una lagunita luego de once horas a una altura de 4115 msnm. Este fue un día muy duro de caminata, teniendo en cuenta que estábamos cargando nuestra mochila. Al día siguiente pasamos la laguna Huashuacocha (4070 msnm), llegando al abra el Milagro (3950 msnm), en este lugar nos encontramos con personas que venían caminando varios días y que se dirigían al pueblo de Huachocolpa a la celebración de un año de construcción de su Iglesia Evangélica. Los acompañaba también una banda de músicos. Nos invitaron papa sancochada y cancha, nos contaron que nos venían observando estos días desde las alturas de las montañas. Dos chicas que estaban también en el grupo se dirigían al pueblo con la meta de ver televisión por primera vez.

Pasamos por el paso Patajajasa (3780 msnm), por los pueblos de Sarcopampa y Vista Alegre (3125 msnm), donde ya existe pista carrozable. Seguimos y pasamos por la parte superior del pueblo de Surcubamba, llegando al pueblo de Ucushpampa (3100 msnm), en donde corría un viento que levantaba una polvareda dando la impresión de un pueblo fantasma. Hasta hace poco no llegaba la carretera por lo que los hacendados de la zona llegaron a construir una pista de aterrizaje, la cual fue abandonada luego de un accidente. Estando en el pueblo llego una camioneta que nos trasladó al pueblo de Huachocolpa (2907 msnm). Las autoridades del pueblo nos dieron la bienvenida y nos ofrecieron hospedaje en una habitación del municipio a los cuatro miembros de esta travesía. Por la mañana lo que nos llamo la atención fueron las pobladoras quienes en sus cabellos y sombreros llevaban como adorno orquídeas de la zona. Desayunamos en el restaurante de la plaza y partimos con mochila de ataque, ingresando por la quebrada Yacupanahui y siguiendo al norte de Quero Sunto.

Estuvimos ascendiendo por la arista de una montaña cubierta de vegetación y neblina. Llegando hasta el Mirador (3800 msnm), que esta al borde la quebrada Potrerohuico, desde donde se puede observar a lo lejos el rió Mantaro. Decidimos no avanzar hasta el Bosque Amaru ya que no era época de floración de las orquídeas, regresando por otro camino por el borde de la montaña, pasando por el pueblo de Villasol y llegando al anochecer al pueblo de Huachocolpa. Partimos de Huachocolpa al amanecer en una camioneta de doble tracción, pasamos por Ucushpampa, Surcubamba y empezamos a descender al rió Mantaro, hasta donde esta el puente colgante de Chiquiac, famoso por ser el antiguo pase a la margen derecha del rió Mantaro y que fue descrito por los misioneros del Convento de Ocopa y por el sabio Italiano Antonio Raimondi.Actualmente existe un puente moderno, por lo cual el puente colgante de Chiquiac se encuentra totalmente abandonado. Seguimos, pasando por los pueblos de San Antonio, Acobamba, para llegar finalmente luego de nueve horas a la ciudad de Huancayo.

Tomado de: http://www.andexperu.com/relatos.html

miércoles, 13 de mayo de 2009

EL CHUÑO


Desde junio hasta julio, tiempo en que la temperatura es superior de 0 Cº e inferior a 7 Cº y los campos de cultivos amanecen con sus mantos blancos y el agua de los manantiales se convierte en plataformas de hielo, es el momento ideal para iniciar con la elaboración del chuño, primer alimento que el hombre andino procesó de forma natural.

En las siguientes líneas enterese del proceso de elaboración de este legendario alimento, lo que hasta hoy se conserva como una costumbre tradicional e ideológica mágico-ritual en el distrito de Pazos - Tayacaja y otros pueblos de los Andes.

El distrito de Pazos se encuentra a una altitud de 3840 m.s.n.m., por esta época hay intensas caídas de helada, en la noches y madrugadas, los campos se convierten en inmensas congeladoras, y esta condición climática es aprovechada por los agricultores.

Antes de lamentarse, los pobladores de este lado del Perú, le sacan el jugo a este tiempo e inician con una actividad ancestral, la elaboración del chuño en base a un tubérculo, la papa. Los tubérculos pequeños son procesados mientras los más grandes son vendidos a los principales mercados. Así, las familias garantizan su subsistencia para todo el año, almacenando este alimento que puede durar más de cien años.

Son las 10:40 de la mañana, pero parece ser de madrugada, el frio es intenso, el viento que sopla nos hace tiritar, pero de cuando en cuando el solcito nos regala algunos breves rayitos de calor.
En Yashapampa; decenas de familias, como ensayando el huaylarsh, pisan la papa, que un día antes había sido llevado a los campo. Tambaleándose de un lado para otro, con los pies descalzos, mujeres, varones y adolescentes pisan la papa que fue congelada por el hielo.

Pero antes de iniciar con esta actividad, se hizo el pago a la tierra. Manuel Cenzano, agricultor que elabora desde hace varios años el chuño comenta:

- "Antes de iniciar el trabajo y masticar la coca, primero escogemos la coca quinto, luego lo enterramos debajo de la tierra, rogando que el chuño salga bien. Y si hay trago, cigarro también le damos a la tierra".

Luego de que las papas han sido pisados, estas son trasladadas en recipientes hasta el riachuelo, donde se ha preparado una cama especial de ichu, en el mismo afluente. Las papas son sumergidas en el agua y permanecen en este lugar durante una semana; los agricultores constantemente están removiendo con sus pies y palas, a fin de que las cáscaras se desprendan totalmente.

Tras el reposo en el agua, tenemos a la papa completamente deshidratada. Ya tenemos chuño. Ahora, queda secarla. estudios en el distrito de Pazos manifiestan que del 100% de la papa solo el 20% se obtiene como chuño. Sin embargo pese a ello, el producro que obtenemos está dotado de grandes bondades alimenticias, como alto contenido de calcio, cero colesterol, dietético, de fácil digestión y muy económico. Un kilo de chuño equivale a seis de papa, no por nada es considerado como el alimento privilegiado al alcance de las familias peruanas.

Dicen que los chuños más deliciosos son aquellos elaborados a base de papa blanca y la amarilla. Pero, también está la variedad de chuño en base al Shiri, una especie de papa pero de gusto muy amargo, así se le considera uno de los mejores para la transformación de chuño por mantener en su proceso un color muy blanco que responde a la alta demanda del mercado.

Julio César Romero Riveros, de 24 años, el más joven del grupo de los agricultores que procesan la papa, manifiesta que desde que tiene cinco años aprendió los secretos de hacer chuño, "Esta preparación del chuño, viene desde nuestros antepasados, mis abuelos enseñaron a mi padres y nosotros continuamos con esta costumbre. Además porque es necesario para poder intercambiar con diferentes productos como maíz, calabaza, ropa, frazadas".

Esta actividad de procesar la papa trascendió del ámbito local hacia lo nacional a través del folklore. Representando sus labores cotidianas, los pobladores, en especial los jóvenes del distrito de Pazos, crearon el huaylarsh "Chuño Saruy" danza que en los diversos concursos donde se presentan obtienen los primeros lugares.

Escrito por: Aydeé Palián
Fotografia: Kelly Solis Soto
Tomado de: http://www.educared.pe/periodismoescolar/blogs/inkarry/

miércoles, 6 de mayo de 2009

EL PERÚ PROFUNDO DE TEÓFILO HINOSTROZA


En febrero de este año, se publicó en Huancayo ‘El Perú profundo de Teófilo Hinostroza’, libro elaborado por Servais Thissen, fotógrafo belga radicado en Perú desde hace 40 años. En esta publicación se busca rescatar del olvido al gran fotógrafo peruano Teófilo Hinostroza (1914-1991), quien dedicó su vida, a promover la cultura, captando imágenes de ese "Perú profundo" que tanto amaba. Apasionado por el arte de la fotografía abre su propio estudio en 1937 en Huancayo. Desfilaron por su lente personajes folclóricos, festividades religiosas, entre muchas otras. A Hinostroza le interesaban las imágenes "del Perú profundo".

EL CHAMBI DEL CENTRO
Teófilo Hinostroza nació en Colcabamba (Tayacaja) en 1914. En los años 30 fue aprendiz del estudio del fotógrafo Fortunato Pecho. Después empezó a viajar por toda la sierra central y captó imágenes costumbristas, paisajes y faenas campesinas. "Dicen que es el Chambi del centro y comparto esa idea. Tiene un gran valor antropológico, muy buen manejo de la composición, del encuadre, sentido de la estética y conocimiento del lenguaje. Es un buen complemento de Chambi, quien solo recorrió el sur del Perú", comenta Servais. Por increíble que parezca Teófilo Hinostroza no figura en ningún registro de fotografía del Perú.

"Hinostroza fue muy amigo de José María Arguedas y su objetivo fue captar la riqueza del Perú profundo. Si bien tomó fotografías hasta entrados los años 80, no hay ninguna imagen que revele violencia terrorista. Tampoco encontramos en su vasto archivo imágenes miserables. Él se propuso rescatar el aspecto positivo y la belleza", culmina Servais Thissen, curador de la exposición de 34 fotografías que revelan que la historia de la fotografía en el Perú está por descubrirse. (Exposición llevada a cabo en mayo del 2007).

Teófilo Hinostroza murió en 1991. No solo fue un incansable fotógrafo y viajero. Fue también un gran músico y compositor. Comenzó a tocar la quena a los 5 años, obtuvo diversos premios y asumió la dirección de instituciones culturales, como el Departamento de Música de la Casa de la Cultura de Huancayo. Integró la Escuela Nacional de Música e incluso la BBC grabó parte de su repertorio. Pero además filmó documentales en 16 mm, material que hasta hoy, salvo uno, sigue inédito.

Más de Hinostroza en SAPOSAQTA: http://saposaqta.blogspot.com/2008/02/teofilo-honostroza-1914-1991.html

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Para saber más de Teófilo Hinostroza, a continuación transcribimos un artículo publicado recientemente por Liliana Cisneros.


El legado fotográfico de Teófilo Hinostroza
“Hace unos años, visité la casa de Zoila Hinostroza, quién me habló de la obra de su padre Teófilo, cuyas fotografías pude admirar en las paredes de la vivienda, pero de quién, lastimosamente, nadie se acordaba. El falleció en 1991, dejando un importante archivo, de miles de negativos. Me comprometí a rescatar esa obra y hacerla conocer al público. Zoila puso el archivo a mi disposición, con mucha confianza y amistad. Aquí va esta publicación ´El Perú profundo´, como un merecido homenaje al eximio artista que fue Teófilo Hinostroza, para que tenga un sitial de honor en la historia de la fotografía peruana”(1), confiesa Servais Thissen.

El Perú profundo de Teófilo Hinostroza ha sido elaborado por Servais Thissen, fotógrafo belga que lleva viviendo en Perú 40 años. Cuenta que llegó a la obra de Teófilo Hinostroza por casualidad, cuando intentaba hacer un registro de fotógrafos peruanos. El Perú profundo, que ha sido auspiciado por importantes instituciones nacionales y extranjeras, contiene poco texto, pero lo suficiente como para tratar de entender y conocer a Hinostroza. Lo que abunda, como es de esperarse, son fotos y más fotos bellísimas.

Es inevitable no asociar las fotos de Teófilo Hinostroza con las de Martín Chambi, el más universal fotógrafo peruano, algunos hasta le han llegado a llamar el Chambi del centro. Servais señala que “la comparación es valedera, porque tienen características comunes: los dos son de origen popular y campesino, y de habla quechua; siendo jóvenes, salen de sus pueblos respectivos para enrolarse como asistentes en estudios fotográficos, uno en Arequipa, el otro en Huancayo. Además de sus trabajos como retratistas, les interesaba mucho las vivencias del pueblo, con una visión indigenista original. Y se podría añadir que los dos, después de su muerte, pasaron al olvido durante muchos años, antes de ser reconocidos.”(2)

Así como hay similitudes también hay diferencias entre ambos, sostiene Servais. “Por ejemplo, el lograr primeros planos de rostros que no sean hechos en estudio, paisajes casi abstractos con predominio de líneas; otros con grises tenues, así como toma de detalles de vestimenta. Pienso que los dos son grandes fotógrafos, con amplio dominio de la técnica, pero sobre todo, por su enfoque novedoso del mundo andino, destacando la dignidad de las personas y los valores culturales del momento, aportando testimonios visuales de gran valor documental, etnográfico e histórico.”(3)

El estilo fotográfico de Hinostroza además me ha provocado una asociación con otros dos fotógrafos, el francés Henri Cartier-Bresson (1908-2004) y el mexicano Juan Rulfo (1917-1986).

El rescate de la obra de Teófilo Hinostroza la inició Thissen hace más de dos años, con dos exposiciones que precedieron al libro. La primera, en la galería de la Universidad Ricardo Palma (mayo 2007), y la segunda, unos meses después (noviembre), en la galería de la Universidad Católica. En ambas exposiciones Hinostroza nos impresionó, a Rici y a mi, y nos dejó ávidos por conocer más sobre su obra, y para eso llegamos hasta Servais, con quien ahora nos une una amistad.

El Perú en el lente de Hinostroza
Teófilo Hinostroza (1914-1991) nació en Colcabamba (Huancavelica), pero la mayor parte de su vida transcurrió en Huancayo, la capital del departamento de Junín. Llegó a la fotografía a los 15 años, como aprendiz del fotógrafo huancaíno Fortunato Pecho. A los 23 años (1937) abrió su estudio Foto El Arte, en el que trabajó durante 48 años, hasta 1985, pocos años antes de su muerte. Su estudio, fue, no sólo el local fotográfico más concurrido, sino un centro cultural por donde pasaban personalidades locales y nacionales, entre ellos, su amigo, el escritor José María Arguedas.

Hinostroza recorrió el centro y sur del Perú, registrando paisajes, fiestas tradicionales y religiosas, personajes locales y actividades agrícolas. Hasta ahora no han podido cuantificar el archivo fotográfico, pero Thissen cree que podía llegar a unos 10,000 negativos en blanco y negro, sin incluir los numerosos retratos de estudio. Hinostroza, además produjo documentales en 16mm y a color, en la década de los 50. Varios de ellos son material inédito, excepto Tarpuy (1959), en el que muestra la siembra de la papa en Ñahuinpuquio (Huancavelica), y que fue exhibido, por única vez, en el Museo Nacional de la Cultura Peruana (Lima).

A Teófilo Hinostroza le encantaba la música, aprendió a tocar quena cuando tenía 5 años. En sus fotos se puede observar la predilección que tenía por plasmar a músicos en festividades populares y con diferentes instrumentos, como las que se observan arriba.

“Era una tranquila y soleada media tarde de octubre de 1966. Yo caminaba por la calle Real de Huancayo, entonces no tan bulliciosa como ahora. El sonido del yaraví ´La colina´ en quena inundó mi alma. Subí por una escalera y di con una sala grande llena de fotos murales en blanco y negro. La música emanaba de una quena tocada por un hombre solo, sentado, con los ojos cerrados, en una actitud de dulce ensoñación y gozo místico.”(4), recuerda Leo Casas Ballón, su amigo y discípulo.

Hinostroza dio recitales en varios departamentos de Perú, fue profesor de música y danzas en la Universidad Nacional del Centro y director del Departamento de Música de la Casa de la Cultura de Huancayo. En 1975 la BBC de Londres difundió varias de sus interpretaciones, y fue reconocido como mejor músico del Perú.

Notas
(1) El Perú profundo de Teófilo Hinostroza. Servais Thissen. Sic Ediciones (2008). Pag. 7.
(2) Ibid. Pag. 31.
(3) Ibid. Pag. 31.
(4) Ibid. Pag. 175.
Foto: Autorretrato de Teófilo Hinostroza (publicado en el mismo blog)

jueves, 30 de abril de 2009

PAMPAS DE LEYENDA


Del libro “Pampas de Leyenda” del escritor tayacajino, Hernán Canales Acevedo, publicamos en esta oportunidad la introducción de este libro, en la cual describe en una forma sencilla, amena y utilizando un lenguaje simple lo que corresponde al pueblo de Pampas.

Pampas es la capital de la provincia de Tayacaja, departamento de Huancavelica; está ubicada en la parte central de y meridional de un extenso valle y tiene como guardianes a dos colosos pétreos, el Yana Padre y el San Cristóbal. El valle está orientado de oeste a este, es bañado por la aguas del río Opamayo, que nace en las alturas de San Juan de Pillo y se abre dificultosamente a lo largo del valle, originando en su recorrido un sinuoso meandro; en la época de estío prácticamente se seca, pero en verano aumenta su caudal y se desplaza en forma silenciosa haciendo honor a su nombre que significa “río silencioso” en nuestro idioma nativo.

Numerosos pueblos y caseríos integran el valle de Pampas, que tiene una extensión aproximada de 15 kilómetros de largo por un promedio de tres kilómetros de ancho y está integramente rodeada de cerros elevados, siendo los principales el Maccas, Matasencca, San Cristobal, Yana Padre, el Atocc, etc. Todo el valle es fértil y cultivable; gran parte de su suelo está cubierto por pastos de forraje para la ganadería y el resto cultivado con productos de pan llevar, en pequeñas parcelas, rodeado de cercos de eucaliptos, guindos, tapiales, oqepaqpa o ankukichka para proteger los sembríos de las heladas y los ladrones. En los meses de enero a mayo la naturaleza se muestra pródiga, se viste de verde y ofrece a manos llenas su variada vegetación, tanto de productos cultivados como su rica y variada flora silvestre. Los campos florecen y las cosechas abundan, mientras que en los meses de julio a diciembre todo se pone amarillo, con un sol recalcitrante durante el día y las noches heladas del duro invierno.

Pampas está unida a la ciudad de Huancayo por una carretera afirmada de 70 kilómetros. Después de atravesar por una serie de cerros escarpados, pueblitos pintorescos y vastas extensiones de puna, al bajar por los pétreos balcones de la naturaleza se distingue el hermoso pueblo de Pampas con sus dilatadas campìñas y sus paisajes primorosos.

La ciudad es pequeña y acogedora; un típico pueblo serrano,”la ciudad antigua, con su campanario, techumbres rojizas, paredes vetustas y calles estrechas, como si las casas tampoco quisieran separarse mucho” Así como describe un paisaje netamente serrano, un conocido poeta: son casitas blancas con sus techos rojos a dos aguas y un baño de cemento para estar acorde con el adelanto moderno; tiene el privilegio de contar con el servicio eléctrico hasta en los caseríos más humildes, por esa razón le llaman “La ciudad Luz”.

Son muchas las festividades que se celebran en el transcurso del año. Comenzando con el Año Nuevo y Pascua de Reyes se realiza el baile de tijeras o atipanakuy, en el que dos o mas bailarines acrobáticos, llamados galas compiten realizando una serie de pruebas difíciles a los acordes de una música especial ejecutada con arpa y violín, con el acompañamiento de sus tijeras que en todo momento deben sonar al compás de la música. También por esos días se realiza el baile de los “negritos·, que son unos bailarines disfrazados de antiguos militares españoles de trajes vistosos con sus máscaras de negros, que bailan el “negrito congo”, ejecutado por la banda de músicos. Todas estas festividades son precedidas por una especie de heraldo, disfrazado de antiguo militar español montado en un jamelgo trotón que hace su aparición al repique de un clarín y que se llama “saqra capitan”.

Luego viene la Bajada de reyes que la organizan algunas familias tradicionalmente; consiste en desarmar el nacimiento: cada invitado retira una figura y según su importancia deposita cierta cantidad de dinero. El que retira al niño es el que organiza la fiesta del año siguiente.

Luego se celebra la fiesta de enero en honor a la Virgen Purísima patrona de la ciudad. Las festividades se inician el diez de enero con la recepción de los músicos en el puente de Rumichaca, y durante nueve días los novenantes celebran las novenas con la participación de todo el pueblo, desde el desayuno hasta los actos litúrgicos, y misa por las noches, culminando con una verbena popular en la plaza de armas con la distribución gratuita de “calientitos” y cerveza, quema de cohetes y fuegos artificiales, elevación de globos y baile general hasta el amanecer. Después de las novenas el mayordomo cierra la fiesta espléndidamente. Luego se realiza la recepción y corrida de toros, el “jalapato” para rematar con un partido de futbol y finalmente el watancama (hasta el próximo año) Total son quince días de fiesta.

En el mes de febrero se celebran los carnavales en los que los jóvenes de los diferentes centros poblados del valle se reúnen en grupos de danzantes, luciendo sus mejores prendas de vestir para desafiarse en una danza aguerrida llamada tipaki tipaki o “competencia”. Luego viene el recogimiento de la Semana Santa con los actos litúrgicos, el ayuno obligado, la penitencia, el Sermón de las tres horas, la Pascua de Resurección y finalmente la lectura del testamento de Judas y su respectiva incineración.

En el mes de Mayo se celebra la fiesta de las cruces; en esa época bajan las cruces colocadas en los cerros como atalayas de la fe cristiana, con el objeto de darles mantenimiento, pintarlos, repararlos y brindarles los actos devocionales respectivos antes de regresarlos a sus lugares , donde permanecerán hasta el próximo año. Para estos actos se nombra a los mayordomos que se encargan de organizar los agasajos, las fiestas y los actos litúrgicos.

A mediados de junio ya se vislumbran los primeros albores de la fiesta de Santiago. En las noches de luna llena, hombres y mujeres salen a danzar al compás de una música bella, romántica y nostálgica ejecutada con una corneta de cacho de toro llamado “waqrapuco” o el “longor” o maman con el acompañamiento de un pequeño tamborcito llamado “tinya”. Las parejas se encuentran, se enamoran y se pierden en la noche, entregándose a pasiones voluptuosas. La mayor parte de las veces no se vuelven a ver y la consecuencia del fugaz romance lleva el apellido de la joven madre y se justifica diciendo que es fiesta wawacha o “hijo de fiesta”. La melodía es acompañada por el coro de las ninfas nocturnas.

Chay lau orqopis, nina rupachkan
Wac lau orqopis nina ratachkan
Chaypa chaupimpis yanay waqachkan
Chaypa chaupimpis yanay llakichkan

Hina llaquichun, hina waqachun
Paychun yacharqa kuyachikuyta
Paychun yacharqa waylluchikuyta

En ese cerro dicen que arde el fuego
En aquel cerro dicen que hay candela
Y al medio de el mi amor llora
Y al medio de el mi amor sufre

Dejen que llore, dejen que sufra
Ella no ha sabido hacerse querer
Ella no ha sabido hacerse amar

A parte de los “paseos” nocturnos, la fiesta costumbrista de Santiago se realiza con el objeto de poner las marcas a los animales domésticos. Cada familia organiza la fiesta y lo hacen desde el mes de julio hasta el 15 de agosto.

En noviembre se celebra la fiesta de Todos los Santos, en la que se recuerda a los difuntos; en esta fecha se manda preparar unos biscochos especiales en forma de muñecos y caballos, artisticamente adornados con golosinas, frutas secas, confites y grageas, que se llaman tanta wawas y muchas veces son motivo de una fiesta especial. El bautizo y el descuartizamiento del muñeco se hace en algunos casos con capillos y orquesta. En esta fecha el camino al cementerio se convierte en una avenida de carpas, donde los deudos pasan el resto del día, después de visitar a sus difuntos, procurando permanecer el mayor tiempo posible en las inmediaciones del cementerio, para lo cual se organizan partidos de “tejo”. Finalmente culmina el año con las fiestas navideñas.

Pampas, gastronómicamente cuenta con muchos platos típicos como el Cuchi kanka o lechón asado, el yacu chupe, el weqo, el qoe chupe, el Patachi, el human caldo, la sopa de mondongo, el picante de cuyes, la huatia, la pachamanca, el qapchi, el atajo, los tamales, el timpuchi y otros más. Y entre las bebidas tenemos las diferentes variedades de chicha: jora, maní y siete semillas, el guarapo o jugo de caña fermentada y el upito, que es un preparado a base de chicha, guarapo y hachita tostada.

El valle está enclavado en la cordillera central, a 3,250 metros sobre el nivel del mar. El clima es templado y seco. Se define como “un rinconcito esmeraldino engastado en el cofre de los andes” (expresiones de don Gustavo Gamarra Donayre).

Su actividad principal es la agricultura. Produce papas, maíz, cebada y otros. Su ganadería es apreciable, sus productos lácteos son los mejores de la zona y están bien cotizados en la capital.

El orgullo de la provincia de Tayacaja es la Central Hidroeléctrica “Santiago Antúnez de Mayolo” que produce algo mas de la tercera parte de la electricidad del Perú y, por ese motivo, se denomina a Tayacaja “LA CAPITAL ENERGETICA DEL PERU”

Fuente: “Pampas de Leyenda”
Autor: Hernán Canales Acevedo
Fecha de publicación del libro: Octubre del 2003.