sábado, 15 de junio de 2013

CELEBRACIÓN DEL 188 ANIVERSARIO DE TAYACAJA




Al conmemorarse el 188 Aniversario de la creación política de la Provincia de Tayacaja, desde las acreditadas páginas de SAPOSAQTA, vaya un caluroso abrazo  a las mujeres y hombres que tienen como hábitat el diáfano cielo azul y los coloridos valles de Tayacaja, a los habitantes, vecinos y ciudadanos que tienen el privilegio de transitar cotidianamente por los senderos de esta siempre bella y atractiva provincia.

En este nuevo aniversario, un entrañable saludo a todas y a todos quienes laboran vigorosamente, para construir y engrandecer la “patria chica”. A nuestra generación y las generaciones venideras el encargo para que sigan contribuyendo desde cualquier destino o posición en que se encuentren, a través de iniciativas o articulando con los diferentes actores económicos, políticos, estamentos públicos y privados en general, a fin de impulsar el desarrollo provincial sustentable, que a su vez se traduzca en crecimiento económico, en bienestar y en desarrollo humano.

A las autoridades, personalidades y actores del entorno que gozan de la dispensa de ser considerados “notables”, demandar que desplieguen sus capacidades y experticias enrumbadas hacia el progreso de la provincia, pero prioritariamente a promover la noble tarea de transmitir valores simbólicos en el cometido de construir una sociedad digna y responsable, bajo la incesante búsqueda de consolidar la construcción de un colectivo con principios, aspiraciones e identidad, convirtiendo a los tayacajinos en verdaderos protagonistas de su propio desarrollo ético, moral y por ende económico y social.

Es que Tayacaja que conmemora una fecha más de existencia institucional, es una provincia de enorme importancia, no solo a nivel del departamento de Huancavelica y de la pujante región central del país, sus potencialidades a través de la historia trascienden mucho más allá de su ámbito geográfico, contribuyendo notablemente al engrandecimiento regional y nacional, no en vano es catalogada como la “Capital energética del Perú”, hecho que aunado a la belleza original de su valle y demás recursos naturales que posee, la han convertido en un poblado encantador, generoso, acogedor, lugar atractivo, con cultura e identidad demostradas.

En esa orientación, si  pretendemos retrotraer el tiempo, los recuerdos se convierten en legítima evocación de amenas experiencias vividas en el querido terruño; es que sin lugar a dudas Pampas Tayacaja, es el territorio que galvaniza  los más nobles sentimientos de sus hijos, quienes compenetrados en el inconfundible sentir afectuoso de hermandad, anidan bajo el manto de la casa grande, en cuyo regazo maternal armoniosa y democráticamente, propios y extraños  disfrutan  de imperecedera fraternidad e idiosincrasia Tayacajina

FELIZ CLXXXIII ANIVERSARIO, TAYACAJA


ING. MAGNO GUTIERREZ ENRIQUEZ
Colaborador de SAPOSAQTA
Correo:gutierrezmagno@gmail.com


viernes, 7 de junio de 2013

LA NOSTALGIA DEL VIEJO ALISO



Leopoldo Pacheco Orellana (1961) nació en Pampas Tayacaja y publicó en el 2012 “El aullido del Lobo”, su primer libro de narraciones ambientadas en su tierra natal. De su segundo libro de poesía “Nostalgia del dolor” nuestro colaborador Carlos Zúñiga Segura, nos hace un breve análisis que ponemos a vuestra consideración.


El poeta Miguel Hernández afirma que los escritores “son vientos del pueblo, nacidos para pasar soplando a través de sus poros y conducir sus ojos y sus sentimientos hacia las cumbres más hermosas”. En efecto, este concepto se afirma en el florecimiento del libro Nostalgia del dolor escrito por Leopoldo Pacheco Orellana.

El poeta Pacheco, eterniza las imágenes que entrañan las palpitaciones de su pueblo en la permanente travesía de la experiencia humana; así, Pampas Tayacaja, es el fuego que alimenta su asunción poética, pues, cada imagen refleja la esencia del hombre, su bagaje espiritual y su identidad.

El viento sacude las ramas de la nostalgia y en esa textura, forma y color le confiere una indudable fuerza expresiva, en la medida que se revive rituales, costumbres, cariños, familiaridad, que son la exaltación de vivir en el pueblo donde se ha nacido, donde se ha plasmado la visión del escritor que respeta y valora esos recuerdos identitarios, para luego, corrido los años, enhebrarlos a través de una hilación sutil y rotunda a la vez en un Voy a volver / sin haberme ido nunca de mi tierra como lo afirma su autor tejiendo en su alma la manta  multicolor de sus sentimientos mas fecundos.

Pacheco Orellana evocando mi escuelita en esta salida eterna, expresa la comunión del ser en el Ser, la emoción decisiva y auténtica que nace desde las nervaduras de la sangre, en corralones bordados de guindos y trinos de jilgueros para calificar el alto sentido de la vida y hacer que los pajarillos trinan, como ahora están trinando en el Puente con corazón de viento y dolor de espuma.

Nostalgia del dolor, semeja una postal de amor, donde es posible graficar los signos y aromas en su intimidad más profunda. Cierto, cada palabra dicha con absoluta sinceridad, vertebra el edificio poético del libro, en tanto álbum de recuerdos, nostalgias, que florece como una salvación justo y preciso antes que el tiempo puede lastimar las tardes o arrugar la piel en la injuria de los años.

Así, la travesía literaria  de Leopoldo Pacheco Orellana, que anteriormente ha publicado El aullido del lobo se afirma plenamente con Nostalgia del dolor, en la medida que el libro germina y evidencia un singular florecimiento poético, que enciende la sangre en el paisaje encantatorio del pueblo donde nació y asumió el compromiso de la palabra, para junto a sus numerosos lectores avivar el fuego eterno de la vida que es la poesía y con ello, aspirar que el mundo cicatrice sus heridas.

Autor: Carlos Zúñiga Segura
Colaborador Exclusivo de Saposaqta                                             


                                                         

 

viernes, 24 de mayo de 2013

TRIBUTO A NUESTRO PAMPAS QUERIDO


Se acerca el 21 de Junio, fecha de Aniversario de la creación política de la provincia de Tayacaja. Publicamos esta añoranza de un hijo de este hermoso valle, en un sentido artículo que nos trasmite todo el amor por el terruño. Nos referimos a nuestro colaborador Magno Gutierrez Enríquez.



En tiempos en que las tradiciones se debilitan y la identidad se configura en un nuevo escenario de lucha y conquista, consideré oportuno reencontrarme con mi pueblo, recordando con gratitud, cuando no con nostalgia, inolvidables vivencias experimentadas en tiempos pretéritos lo que podría resumir en las siguientes líneas:

Pampas pueblo querido, te extraño…te quiero

Por tu primorosa campiña, por tu límpido horizonte. Por mostrarte acogedor y generoso. Por tus oportunos e incomparables productos, que cual dispensa inagotable, cotidianamente nos prodigas.

Por la gentileza de tu gente. Por los amigos de ayer, hoy y siempre.

Por los recuerdos imperecederos de transitar en fila india tus hermosos paraje, trajinando incansables, pertrechados de los famosos “chanca buques”, la chompa al cuello o atada a la cintura y con las recodadas mochilas en el dorso.

Por escalar con empeño, sudorosos y en franca competencia, procurando coronar la cima de importantes montañas como el famoso San Cristóbal, el Yanapadre o el Toroccaicuna, Ayaorcco, Atocc.

Por recordar lugares de grata evocación: Viñas, La Colpa, Yacuraquina, Muchca, Yarccacancha, Rundo, Pampa Blanca, Allpahuasi, Purhuay, Pillo, Ahuaycha, Acraquia, Colca, Pamuri, Valiana Puquio y como no los guindales de Pacamarca.

Por las históricas tardes deportivas. Por los equipos de antaño: Impuestos, Club Obrero, Once Estrellas, Porvenir, Daniel Hernández, Municipal de Ahuaycha, San Juan de Pillo, Wimpey, Octavio Bertolero,  Chalampanpa,  Sporting AFAP, el glorioso Diamante, entre los que viene a mi recuerdo, sosteniendo espectaculares encuentros, marcados por la dura competencia, pero a la vez por la decencia e integridad competitiva.

 Por noches aquellas de jarana y serenata. Por los amoríos primaverales. Por Ccarhuaturco y Chalampampa.

Por la Escuela Pre vocacional de Varones 521, Escuela Primaria de Mujeres. Por el ex INA 23, más conocido como el Agro. Por el Colegio Daniel Hernández. Por el Colegio Nuestra Señora de Lourdes. Claustros inolvidables de noble y sólida formación e idónea enseñanza académica.

Por las oportunidades que disfruté del sabroso Cuchicanca, el papachupe, la pachamanca, el mondongo y entre muchos otros singulares potajes, el reparador caldo de cabeza.

Por las veces que trepé a un frondoso guindo o me colgué de la rama de un exótico tumbo, para coger y saborear de la dulzura de sus frutos. Por las veces que un robusto eucalipto me prodigo su sombra, cuidó de mis sueños, de mi esperanzador y alegre despertar.

Por las contiendas peloteras entre barrios en Álvaro Pampa, en circunstancias desalojados por su propietaria doña Rafaela, o en la canchita conocida como “Pampa de Chihuaco”. Por la jerga y mozonadas picarescas originales y muy propias del terruño.

Por las veces que tendido sobre el lecho de verdes campos, contemplé tu azul horizonte, observando el cadencioso vuelo de torcazas y zorzales, escuchando a la vez, el alegre trinar de los jilgueros.

Por el brillante día que al salir el sol, calienta las mañanas heladas de julio, interfiriendo a veces alegremente con los lluviosos días del invierno y manteniendo dinámica la naturaleza. Por las veces que en mi huerto vi posado un gorrión dando saltos, brincos, vuelos y cantando su melodía con gran señorío

Por observar al final del día el silbido de los frescos vientos y la espectacular sombra de árboles y cerros al ponerse el sol, y entrada ya la noche, por disfrutar del bullicioso croar de los batracios.

Por el primaveral sol que bajo sus rayos me permitió practicar la natación y en actitud terapéutica – deportiva, pescar “chocces” en el legendario Opamayo. Por mis romances juveniles, bajo la sombra de un robusto eucalipto, o un verde y curvilíneo aliso, en tertulias juveniles de ternura y promesas interminables.

Por la tradicional FIESTA DEL 20 DE ENERO, el Santiago con longor, jarahuis, chicha de jora y upito de achita (quiwuicha), por las festividades de mayo, por los ancestrales tipaqui-tipaqui, todos ellos alegrados y matizados entre otros néctares  por los calientitos con el famoso machu chiurur.

TE AMO PUES PAMPAS PUEBLO MIO

Por tu valle
Por tus tradiciones
Por tu hospitalidad
Por mis amigos
Por la Santísima Virgen Purísima Patrona del pueblo.


MAGNO GUTIERREZ ENRIQUEZ
  Colaborador de SAPOSAQTA
Correo: gutierrezmagno@gmail.com


viernes, 17 de mayo de 2013

LA FLOR DE PURHUAY







La Flor de Purhuay era un hechizo en flor

¿ Porqué creen que los viejos de Pampas no la olvidan a pesar del tiempo transcurrido?

Cuando se emborrachan lloran desconsolados, algunos por sus apetencias frustradas y. unos cuantos recreando en su memoria sus grandes performances.

Una noche de fiesta en el pueblo estaba Flor de Purhuay luciendo un vestido elegante y oliendo rico, con esos aromas de tentación que nos llenan de calentura todo el cuerpo.
- Me acerqué tímidamente, Florcita le dije, ¿se te antoja un ponchesito?

- No es bueno que nos vean juntos - respondió – eres muy mocoso para mi, aunque ¡Que caray! Eres poeta y te quiero mucho.
- No te preocupes, pago el ponche y me alejo hacia la pileta para lo puedas saborear solita.
- Bueno está bien, respondió, me contestó mirando de un lado a otro.

Flor de Purhuay tenía el pelo largo y muy sugestivo, caminaba con picardía, sabía que todos la miraban y deseaban. Hasta el sastre Hermenegildo García, mas conocido como Yanapuyu, procurando llamar su atención, gritaba en medio del parque: “deja la rosa en botón, deja que goce su verano, todos joden menos yo”. Pero Flor ni lo miraba, y el pobre se marchaba cabizbajo y en silencio.

Antes que concluyeran las celebraciones de enero, me dirigí hacia Purhuay donde vivía Flor. Caminé lentamente amparado por la negrura de la noche. La senda permanecía siempre solitaria, Obligaba a cruzar el cementerio. Su casa era de una sola planta, tenía el techo estaba lleno de musgos y estaba en la última curva antes de entrar en la plaza del pueblo, donde cada año se realizaba una espectacular corrida de toros.

Toqué en clave su puerta, Al abrirme fijó su mirada hacia el camino para comprobar si había ido solo o con alguien más. Ya en su cuarto, alumbrados por tenue luz de una vela, la acariciaba tiernamente recitándole poemas de Neruda que tanto la emocionaba. Ella lloraba.

- ¿Por qué lloras mi amor, que te sucede? le preguntaba, secando sus lágrimas.
- Nada, no pasa nada. Son los años y la vida que pasa como un relámpago, respondía.

Nos abrazamos, vamos a jugarnos la vida juntos gritamos a una sola voz.
Ella me quería, nunca dudó de mi cariño, sin embargo, la idea que el pueblo condenaría nuestra relación, no le permitía demostrar su amor con toda libertad.

Por eso aquella noche, repentinamente, seria y sentenciosa, dijo que lo nuestro debía terminar en ese instante. Pues, presentía que las autoridades, ejerciendo sus poderes, la podían botar del pueblo argumentando corrupción a un menor.

- Bueno, sugerí con toda firmeza, llegado el caso puedes decirles, que aquí hay pecadores adultos, peores que nosotros; que conoces muchos incestuosos, y que si fuera necesario, revelarías sus nombres, entonces si, ahí ardería todo Pampas. Y eso no le convendría a nadie, porque a lo mejor habría excomunión para todos.

-¡Quien sabe!, ojalá resultara como dices, afirmó entre dudas.

Poco tiempo después tuve que viajar a Lima. Al hacerlo una lluvia torrencial de sentimientos inundó mi cuerpo y mi alma. No tuve valor de despedirme de Flor, su recuerdo fue la luz de mis andares.

Dos años después retorné al terruño. Todo estaba como lo había dejado.
Una noche descansando en una banca de la solitaria plaza, escuché el llamado de Florcita. Inmediatamente me dirigí hacia Purhuay. La casa estaba silenciosa. Una cigarra hizo piruetas a mi lado y se marchó – me imagino que era el espíritu de Flor ofreciéndome la bienvenida -. Al ingresar Flor estaba sentada al borde de la cama. Un estremecimiento sacudió mi cuerpo. Me acerqué presuroso y al mirarla, no encontré la luz de sus ojos, sus labios no pronunciaron palabra alguna.

De pronto Florcita se levantó. Su cuerpo desnudo lucía formas voluptuosas. Luego empezó a danzar en medio de la salita, en cuyo rincón un anciano lugareño tocaba huaynos en el violín,

- Mi vida, le dije amorosamente – deja de bailar, ven a mis brazos.

La luna se filtraba por entre la teja rota, y ella se vistió de negro. Repentinamente la lluvia  dejaba sentir su caída estrepitosa. Truenos y relámpagos sacudían el cielo. Temerosos Flor y yo nos cobijamos en el catre cubierto por una manta multicolor, y en un nido de fuego indetenible, nuestros cuerpos se estrecharon como nunca antes había sucedido.

Vuelta la calma, aquietada la sangre, Flor me tomó de las manos y despacito me llevó hacia la puerta. Sin una palabra me dijo adiós.

Salí de la casa. No encontré a nadie en la placita que parecía tatuada en soledad. Ante esta soledad que corroía los huesos, me refugié en una cantina y bebí hasta embriagarme. Entre vaso y vaso recordaba todo el paisaje de ternuras que vivimos, donde el tiempo semejaba una fresca y transparente rosa, o un inmenso reflujo donde nada era imposible para los dos.

Era casi la media noche. El aguacero caía sobre los humildes tejados y las torres de la vieja capilla. El cielo se refugiaba dentro de mi. A esta hora en el camino de retorno, todo era imperio de la soledad donde solo se escuchaba al viento anidándose en las ramas de molles y eucaliptos.

Mucho tiempo ha transcurrido de esas vivencias que pasé, cuando Pampas era una revelación de la vida. Ahora he vuelto. Siento que a Florcita la sigo amando y la seguiré recordando hasta el día que mis huesos se hagan polvo, en las solitarias calles del pueblo donde nací.

Carlos Zúñiga Segura
Colaborador exclusivo de Saposaqta








lunes, 29 de abril de 2013

HACIENDA SAN JUAN DE PILLO




Respecto a la Hacienda San Juan de Pillo existen títulos desde 1725. Se tiene conocimiento que esta hacienda fue rematada por la Santa Inquisición, siendo adquirida por el ciudadano español Manuel Bañón. Tiempo después la adquiere don Viterbo Hostas cuya nieta Rosa Hostas de Flores Araoz decide venderlo a Benjamín Roca Muelle y Arturo Bazo.

El año 1937 la hacienda contaba con 10,000 hectáreas, siendo adquirida por Elvira Santa María Vda.de Bazo Velarde.

Juan Bazo Velarde era ganadero en Corpacancha por espacio de 14 años, posteriormente  en Antapongo por un periodo de 10 años, Hatun Huasi y Río de la Virgen hasta su deceso el año 1935.

Napoleón Bazo Santa María (hijo de Juan) es profesional en Zootecnia y ganadería graduado en Wyoning, Estados Unidos. Entre los años 1950 y 1955 reside en Pampas desempeñándose como Presidente de la Liga Distrital de Fútbol, donde se encuentran afiliados los equipos Impuestos, Hernández, San Juan y San Pedro. Napoleón pertenece a la Sociedad Peruana de Buiatría   especialidad de veterinaria consagrada al conocimiento y/o tratado de enfermedades en los bovinos.

Los profesionales que ejercieron exitosamente  esta disciplina en el Perú fueron: Augusto Seminario (Pabur, Piura), Juan Gildemeister (Casa Grande), José Risso Matellini (Ceres), Benjamin Roca Muelle (Oniralla), Napoleón Bazo Santa María (San Juan de Pillo) y John Prime (San Antonio).

Título: Postales de Tayacaja:  Hacienda San Juan de Pillo
Autor: Carlos Zúñiga Segura
Colaborador exclusivo de Saposaqta

viernes, 5 de abril de 2013

EL COMPLICE cuento



Presentamos otro de los maravillosos relatos del escritor tayacajino Miguel Angel Alarcon Leon, titulado “El Complice” cuyo desarrollo de esta bella historia se ubica en los parajes que nuestra memoria los guarda con cariño y afecto.

Cuando al maqtillo de mi pueblito serrano le llega su adolescencia; despierta brusca y peculiarmente retraído de su inocencia, no hace notar su corazón enamorado; pues en él no hay esmerados arreglos del muchachito de ciudad, se enamora toscamente; su galantería informal le hace inspirar coplitas con sabor a huayno y lo silba con tal esmero, de modo que escuche la pasñita de sus sueños que ya brinca disimulada por el amante secreto. El cholito parece imitar al gallito chusco que descubre su canto primerizo y a cada rato repite desentonadamente. A veces se cortejan como los asnos, entre patadas y mordidas de pescuezo, se entienden que son el uno para el otro; a eso dicen “amor serrano”. Pero su sincero corazón va más allá de lo pasajero, se enamoran para siempre, ellos no saben de engaños ni vacilones y a muy temprana edad muchas veces asumen responsabilidades. Casi siempre se hacen padres sin haber concluido su adolescencia.

Allá por los finos parajes de Huallhuayocc se está celebrando la fiestita del pueblo; es la noche de víspera y la pequeña plazuelita está rebalsando de gente del lugar, todos bailan al ritmo apretado de las notas del pinkullo y la tinya, engendros del viento. Toca las agitadas notas del Chachaschay y todos zapatean más, entre tanto, desaparecen en las gargantas de grandes y chicos, botellas de trago y garrafas de chicha. Se encienden humaredas de runatoros y cohetes, la capillita blanqueada con su única torre se ve como suspendida en el espacio.

Por afuera se oye el agua que fluye por la zanja, entre las plantas de aliso y añosos eucaliptos que enfilados se pierden oscuros en la cuesta. La pequeña y bien diseñada capilla con esmero, tiene sus puertas abiertas de par en par, el único arco que sostiene la torre con ancha base, está rodeado por su gradería que sirve de asiento a las mamachas que ya terminaron de rezar, pero sigue llegando la gente empuñando velas para prenderse al “Santo Rostro” y la enorme cruz que descansa apoyada en la pared.  Es curioso ver a los runas con su cabellera desgreñada e hirsuta que aún muestra la marca del sombrero que cubría su testa; por devoción se lo quitaron antes de entrar a la capilla. Las más ancianas del pueblo con el semblante de recogimiento y más atentas, entran como cargando su pecado y dejarlo en una oración para comulgar con el perdón.

Después del rezo de turno, se instalan en la plazuelita que quepa en un palmo para levantar polvareda al ritmo de la tinya y pincullo. Esta vez el mayordomo se ha esmerado, trajo una orquestita parchada de Pazos, cuyos acordes desencajados son genuinas melodías para los oídos de los borrachos. Don Eladio está más ocupado en su cargo de cabecilla y su esposa cuida con ojos severos a Pelaya, su hija, sentada bajo  una pared. La cholita es buena mozona, ya pasa sus dieciséis abriles, sus senitos tamborileantes la hace más coqueta y apetecible a los ojos de los cholitos que emponchados la observan inquietos desde lejos, nadie se atreve a invitarla a bailar, más que por timidez es por temor a doña Bachi que con garrote en mano vigila a la mocita. Los tragos y jarras de chicha vienen de diferentes manos, doña Bachi y mamá Erne ya orbitan en otro mundo hablando mal de sus maridos. Doña Erne por designios de la naturaleza tiene los ojos color del cielo, todos la ven con sorna; su descuido personal ha tornado su tez blanca en color mulato y su sombrero blanco de paja, luce como un caseto de manteca, por eso en el pueblo todos le dicen mantecachuco (sombrero de manteca).
Más allá en el borde de la plazuela bajo una improvisada carpa de costales y mantadas que atiende una soñolienta señora, están dos majtas con sus cincuenta grados de alcohol, entre trago y trago, recuerdan sus mataperradas del cuartel; ya pasan sus veinte años y toman harto como retando a los mayores del pueblo. Uno de ellos es el Wepecha, el hijo mayor de doña Bachi y el otro Gelacio, hijo mayor de don Tulio, ya se están estimando; no falta trago en sus manos, pero algo curioso sucede entre ellos.

El cholito Gelacio ha clavado su mirada en un punto fijo, no ha desviado su mirada que traspasa la multitud y se estrella bajo la pared donde está Pelaya atada al cuidado de su madre, que ya hace  resbalar por su garganta jarros de chicha o trago; si la gente bailarina se interpone para ver a su prenda, tiene que estirar el cuello para asegurarse que la mocita sigue en su lugar. Desfilan muchas ideas por su borracha cabeza, ¿cómo sacarla?; el muchacho está inquieto y no puede disimular. Su compañero de tragos se ha dado cuenta, se le nota muy distraído a la conversación pero muy solícito a los tragos, ni bien se acaba la botella, Gelacio auspicia el gasto, señal de estar haciéndose querer con el futuro cuñado, algo se trae entre manos.

_ Creo has templao de me hermana _ le increpa Wepecha al cholo Gelacio que no deja de ver a la pasñita que habla como cantando.
_ No chuchirita, estás vendo mal, creo el trago ya está en to cabiza.
_ Siguro me tomarás por cujudo, hace rato istás cuidando; si nota intri varones pindijito.
_ Si no te molistas te dego la virdad _ Estaba a punto de sincerarse el cholón enamorado.
_ Habla carajo si iris hombre, por oltemo, me hermana no será para me.
_ La virdad,  virdad; se me gosta to hermana, ista buena la Pelayacha jay, pero nunca hey decho nada.
_ Cuidao caraju con lo que hablas _ Wepecha fingió cierta molestia, pero en el fondo, estaba dispuesto a vender su alma al demonio _ Pero se quires te hago vivir con ella.
_ Pero que derán tus padres, ño Eladio y ña Bachi.

_ ¡Escochame! , cojodeto… en mi casa yo mando, con mes viejos no pasa nada; pero ahura mismo veré si eres macheto o eres un realeto.

El cholo de nariz aguileña, se levantó trastabillante y gambeteando entre la gente se fue donde su hermana que terminaba de sentarse media aburrida y bostezando de frío. Doña Bachi ya marcaba sus cincuenta grados de alcohol; el malcriado cholo cogió de la mano a su hermana y so pretexto de bailar lo escabulló entre la gente. El trompudo Gelacio esperaba timorato en la carpa, los nervios le asaltaban y destilaba sudor incesante por la nariz como Teófilo Huayra, al ver que la mocita de sus sueños se acercaba jalada por su hermano.

_ Ahura vas bailar con él; depende de ostedes no más ya, yo estaré por allá no más.
_ A mamá hey dejao sola _ quiso resistirse Pelaya.

_ No pasará nada con esa vieja, baila no más _ Increpó Wepecha y llevándose la botella de trago los dejó solos.
Los dos tórtolos se fueron entre el ruedo de la gente para sacarle chispas a la noche. Algo siente su corazoncito de cholita inocente, Gelacho le cae bien y es oportuno para poner en prueba sus dotes de mujer que ya terminó de crecer; pues ella también sabe enamorarse. La noche es aún joven y la luna menguante ya está saliendo para iluminar las laderas del viento que mueve acompasado las hojarascas  de los maizales aledaños. Gelacho y Pelaya se han prendido en constantes zapateos y luego de cada ritmo se van a un lado a beber como quien aplaca la sed, entre tanto Wepecha ya hace oír en otro grupo sus desatinadas opiniones haciendo creer algo a los cholitos del pueblo.

_ Tú me gustas Pelaya, yo te quiere mucho._ Se declara Gelacho
_ ¿Cómo será estes cosas?, nunca noy sabido, se enteran mes papás me harán castegar con mi padrino; él es ben recto, no le gusta estes tonteras.
_ No pasará nada Pelayita, ricordarás, además ya estamos en nostro derecho _ El mozuelo ha tomado de la mano a la cholita y está a punto de convencerla a pesar de su huraño proceder que tiene un aire arisco.

Pero el maqta es bisoño en lides amorosas, su temor se está desvaneciendo al ritmo de los efectos del trago que beben a escondidas de sus padres. Mejor se van más allá, a la soledad y más oscurito donde nadie pueda sospechar de sus cuitas; las lámparas de las carpas ya no llegan a iluminar con claridad y al poco rato han desaparecido por completo y en algún pajal  de cebada se está librando una lujuriosa batalla con hondo pecado de amor. Ya bordea casi la media noche y más de medio pueblo está borracho, han quedado como corontas o marlos regados en los rincones y dinteles; pero doña Erne canta hipando obstinadamente el chachaschay.

Ñachu mamayki yachanña chachaschay,
Qori anillo qosqayta chachaschay
Yachachun, yachachun chachaschay
Warma sonqoy qosqayta chachaschay…

Los más cuerdos se retiran llevando a sus borrachos, mañana vendrá el cura Sosa de Pampas a decir su misa; se llevan para el camino una botella de trago y cuesta abajo jaloneándose entre borrachos o con su pareja, unos rodando y otros dando piruetas en el aire, buscan sus casuchas para descansar.

Mama Bachi ya encontró a su marido y falta su hija; _ ¿Dónde está la Pelayacha? _ ¡ah!, por fin la encontraron, está en la puerta de la capilla conversando nerviosa con Mariacha, la hija de doña Erne; también es otra mocita simpaticona del lugar, pero ella ya libró más de tres batallas esa noche; cholos recios galoparon en sus muslos. El cholo Gelacio ya partió medio borracho pero contento, deshojando margaritas por el camino oscuro y solitario que a intervalos está regado de borrachos, wapean y cantan desentonando las letras de algún huaynito serrano de la zona o gruñen como un cerdo encharcado esperando que el frío los despierte.

Pelaya y Gelacho cambiaron sus vidas desde esa noche; ya nada era igual; Wepecha sabía todo; los pactos y encargos funcionaban casi a la perfección. Las visitas a la niñacha ya se hicieron más atrevidas, con consentimiento del hermano y la complicidad de la noche, el cholo Gelacho había encontrado un lugar para escalar la pared del corral y llegar hasta la cama de la muchacha.

_ Mi hermana durme en segondo piso sola no más _ Había referido Wepecha.
                En una de las tantas visitas nocturnas, el cholo Gelacho ya se retiraba exhausto luego de la “faena” a la hora del sueño propicio; éste acostumbraba llevar huesos para que los perros no lo retacearan, ya era un caserito;  no había advertido en la oscuridad que al iniciar la grada había una lata grande y vacía; a pesar de ir a tientas,  para el mal de sus culpas, tropezó en ella despertando un ruido que alertó a todos los de la casa.

Don Eladio saltó raudo de su cawito, _ Suwa carajo, jatariy Wepecha, suwa _ Pero da la casualidad que hasta los perros cómplices esa noche no ladraron, y mientras duraba el afán de encontrar una linterna, aprovechó el cholo Gelacio y como buen licenciado del ejército brincó de un salto la pared más cercana y fue a dar sobre un ankukichca;  pero eso no importó y siguió su rumbo asustado con las espinas clavadas en toda su posadera. Wepecha salió con un palo en la mano y para no hacer sospechar su complicidad, con furia chancó la pared haciendo el ademán de haberle propinado un garrotazo al supuesto ladrón.

_ Chay gringucham papay _ Echó la culpa a otro.  Había un gringuito de mala costumbre en el pueblo aficionado a la cleptomanía.

Pelaya sudaba frío de susto en su cama. Todos, después de revisar sus ganados, volvieron a conciliar con el sueño; pero… alguien sabía todo el cuento y eso era motivo para tener a la hermana bajo chantaje y ella por su parte tenía que esmerarse en atenciones para comprar su silencio.

Las visitas nocturnas continuaron, pero con más cautela; pero bien dicen que, tanto va el cántaro al agua que tiene que rebalsar. Pelaya embarazó y no se pudo esconder por mucho tiempo el estado grávido. Ella no podía decir el nombre del fulano por los muchos temores que la oprimían y solo terminaba en llanto. Suele suceder en nuestra serranía, los padres son los últimos en enterarse de lo que hacen los hijos, aducimos por la falta de confianza y la ignominia de los campesinos.

El mismo Wepecha tuvo que delatar a su hermana; los padres asombrados, pues nunca habían visto a su hija en amoríos con el tal Gelacho; pero que se hace; a lo hecho, pecho, hay que solucionar el problema, tendrán que casarse.

Entraron en diálogo los padres de ambos para darle formalidad a pesar de las pequeñas broncas. Doña Bachi tenía todo el ánimo de desarmarle la espalda al cholo Gelacho con una rajada de leña por haber deshonrado a su hija, pero el compadre Tulio intervino _ Tranquilida ña Bachi, hablaremos pues; tomando esta copita entraremos en razón, que sacamos peleando entre parentes… Salú don Eladio _ y fueron resbalando por sus gargantas sendos tragos de aguardiente. La noche no tuvo fin, el trago fue el mejor juez y al amanecer se estaban despidiendo ebrios los nuevos compadres después de haber puesto las cosas en su sitio… deber cumplido.

Al cabo de un mes, ese amor de primera vista se estaba convirtiendo en un matrimonio sin orquesta; el cholito Gelacho vestía su mejor traje de gabardina con un pantalón  hasta la canilla completando con un peinado a la cachetada y Pelaya una falda de mil rayas, sus trenzas hasta la cintura terminaban atados con una margarita. El tayta cura los conminó al juramento en la capilla de Pampablanca y se juntaron para siempre.

En las comunidades inhóspitas del Perú, suele vivirse un círculo vicioso; cuando los hijos llegan a cumplir sus catorce, quince o un poquito más años de edad, los padres los hacen casar, so pretexto de estar cumpliendo con un deber; entonces de la pubertad o adolescencia pasan a ser padres de familia sin la debida experiencia, cuando llegan a sus veinticinco años de edad, ya cargan con  cinco o seis hijos sumidos en la completa pobreza, y mientras la mujer pueda fecundar, es de imaginarse, llegan a tener hasta más de una docena de hijos sin poder educarlos; tener muchos hijos es la diversión del pobre. Existen abuelos sin haber cumplido sus treinta años. A eso le dicen deber cumplido

Autor: Miguel Angel Alarcón León
Obra: Los Tinterillos y otros Relatos Andinos.
Publicado en Febrero del 2011

Imagen: Reynaldo Charres Vargas

sábado, 16 de febrero de 2013

CARNAVAL DE ACRAQUIA




Entre los días 9 al 14 de febrero, el distrito de Acraquia (Tayacaja) vivió los Carnavales más importantes de su historia local. Es la primera vez que el famoso Carnaval del Tipaki Tipaki de Acraquia se festejó ahora que ha sido declarado como Patrimonio Cultural de la Nación por el Ministerio de Cultura en octubre pasado.

Efectivamente, el Ministerio de Cultura declaró al Carnaval de Acraquia como Patrimonio Cultural de la Nación con Resolución Vice Ministerial 057-2012. Este acontecimiento tan importante para la provincia de Tayacaja  llena de orgullo a todos los hijos nacidos en esta parte del Perú.

Es por eso que las fiestas de Carnaval de Acraquia ha tenido la festividad diferente a los años anteriores. La ceremonia principal llevada a cabo en este distrito tuvo la presencia de autoridades y visitantes importantes como autoridades edilicias de Angaraes y de la misma provincia de Tayacaja. Cabe mencionar que  entre los invitados estuvo la delegación de la Asociación Cultural Hatun Huancavelica quienes fueron los gestores ante el Ministerio de Cultura de la dación de la declaratoria del Carnaval de Acraquia como Patrimonio Cultural de la Nación.

Los festejos se desarrollaron durante varios días con las tradicionales carreras de burros y carrera de caballos para luego presentar a las agrupaciones de comparsas de carnaval que recorrieron bailando Santa Rosa, Pamuri, Colca, Maraycucho terminando en la gran demostración de esta expresión cultural en la Plaza principal del distrito ante la gran concurrencia de público que aplaudió a los participantes.