miércoles 25 de enero de 2012

CLAVELINA CHALAMPAMPA





Presentamos en calidad de primicia, el cuento “Clavelina Chalampampa”, de nuestro colaborador Carlos Zúñiga Segura, el cual forma parte de su más reciente publicación: "Flor de Purhuay".



“Clavelina Chalampampa”

Yo la amaba aún antes de conocerla. Ella lo sabía.


Aquella noche, la esperé con mis amigos Venancio, Gustavo y Teodosio. Por algún misterioso impulso, me sonrió en el momento de bajar del bus y preguntarme por un hotel que brinde comodidad. Le recomendé el Central, de la familia Valenzuela, frente al local del Municipio, con sus balcones desde donde se podía mirar lo que sucede en el parque. Era preferible alojarse en este hotel; pues, en el Grau, de doña Mercedes Mujica, todos los sueños aparecían revelados en algún libro de cuentos.

Llegó al pueblo, como lo había soñado, a bordo de ese ómnibus gigante que, con las justas, podía superar las curvas estrechas de la carretera polvorosa de Huancayo a Pampas. Cuando arribó, a su lado también estaba su esposo.

Un domingo, lo recuerdo, a la hora de la misa, fue cuando la gente se quedó pasmada al verla luciendo un pantalón apretadísimo, altas botas blancas y una blusa pequeñísima que dejaba en libertad sus pechos incitantes. Todo el parque era un ir y venir de miradas en torno suyo.

Pero uno, no se le podía acercar tanto, pues, en aquellos años la plaza principal pertenecía por completo a los policías. No se podía hacer nada sin la mirada de ellos, porque casi siempre o se hallaban parados en la puerta de la comisaría o estaban sentados en la banca de enfrente, prestos a efectuar los arrestos.

Cuando Clavelina se paseaba por las calles, era fiesta para todos los ojos. En los jóvenes y adultos el ritmo de la sangre se aceleraba y los deseos eróticos se encadenaban en la plenitud de sus ansias. Algunos osados la pretendían abiertamente, y otros sufrían en silencio al verla inalcanzable.

Cada vez que nos encontrábamos, me sonreía y se ponía colorada. Intuía, quizá, el florecimiento de mi amor, o tal vez, el canto de los jilgueros ya le había revelado este secreto mío. Pero yo no tenía valor para decirle que le amaba, ¿cómo iba a decírselo si estaba casada y con un militar?

Un 19 de junio, domingo de fútbol, después de haber salido victorioso con mi equipo el Real Pampas, la vi salir del estadio y me animé a seguirla. Luego de transponer la puerta y, mirando a todos lados, Clavelina siguió por la calle angosta y solitaria que conduce hasta el río Viñas. La seguí sigilosamente, cuando extendió su cuerpo sugerente sobre la temblorosa hierba, me escondí entre el maizal esperando conocer a la persona con quien se había citado.

Pasaría media hora, o una hora quizás, nadie llegó al lugar. Rampando y sacando fuerzas escondidas en mi sangre, me acerqué hacia ella. La posición de su cuerpo daba la impresión que estaba dormida. Acercándome más y poniéndome de rodillas, pude observar las delicadas facciones de su rostro y, entonces, encomendándome a todos los santos de la buena suerte y decidido a lo que sucediera acaricié su sedosa cabellera, besé sus labios y mis manos encontraron la fuente de todas las locuras.

El mundo, en aquel momento, cerró todas sus cortinas. El amor fue cielo e infierno juntos, revolcándose sobre la hierba.

Carlos Zúñiga Segura
Colaborador exclusivo de Saposaqta
Libro: Flor de Purhuay

jueves 19 de enero de 2012

LOS GLOBOS DE ENERO


Pampas Tayacaja está celebrando su fiesta Patronal del 20 de enero y es ocasión para nosotros publicar un hermoso cuento del escritor tayacajino Antonio Muñoz Monge, donde describe con nostalgia y ternura, recuerdos vividos en su juventud.



EL GLOBO


Fue en ese año en que besaba tímidamente a Niskar, buscando que sintiera mi olor a mentol chino para que me creyera mayor, cuando vimos caer el globo a la altura del corral de mi casa. Corrí feliz, nervioso de alegría. Sobre el techo del gallinero terminaba de desinflarse. Ahí estaba como dormido, acurrucado sobre las tejas. Un tímido vientecillo soplaba sobre su arrugada piel. Desde aquí abajo, quería tocarlo, doblarlo con cuidado y llevármelo escondido en mi pecho.


Ha venido desde lejos. Seguro que hay fiesta en Ahuaycha, por Acraquia; hermosos lugares de eucaliptos, alisos y guindos donde vi llorar a las pencas atravesadas de hondazos. Lo guardé por varios días, en silencio, casi en secreto.


Meses después, una tarde de sol, lo saqué al patio de la casa, del baúl donde estaba durmiendo. El suave papel de su cuerpo se desarrugó con leves sonidos que acariciaron mis recuerdos. Fue entonces cuando llegó Teodoro, quien me ayudó a desenroscarlo con delicadeza. Una pequeña ráfaga intentó inflarlo graciosamente mientras lo sujetaba del aro y los alambres. Fue un remilgo, un coqueteo con esos aires ramplones, a ras del suelo. Pensando en la próxima gran fiesta del pueblo, fui doblándolo con cuidado para no herirlo, para no rasguñarlo. Todavía faltaban meses para la fiesta patronal. Entonces si, lo ofrecería orgullosos al Mayordomo para que volara abiertamente por esos cielos.


Un camaretazo madrugador anuncia el inicio de las Novenas. Parado en la esquina de la tienda de Saravia, mirando a la plaza del pueblo, Teodoro Apacclla espera gozar de la “Novena” de su compadre Hipólito Poma. Pero su compadre no ha llegado.


Conforme transcurren las horas, Teodoro se escabulle nervioso, por cualquier lugar queriendo esconder, su frustación, su pena. Todos lo conocen al antiguo empleado de la familia, al “buen Teodoro”. Por donde iba le confirmaban la noticia; “no hay globos para la fiesta, don Hipólito Poma no ha podido viajar”.


Entre ponche y ponche, Teodoro abrigado con su amplísimo y viejo saco, su oscuro sombrero de paño de cintas negras, reconoce que está triste, descubre que la nostalgia lo ha capturado y se deja llevar por el recuerdo de otras fiestas patronales de enero, cuando había globos de sobra, volando por el cielo de fiesta de Pampas, su pueblo.


Esa noche Teodoro se confundió entre la multitud, bebiendo solitarios tragos que le alcanzaban anónimas manos. Más tarde, ya en la amanecida turbia, cuando, de los bullicios racimos humanos, se separaban solitarios borrachos para irse a descansar, Teodoro acompañado del zapatero Llacclla, a quien ladran y persiguen por gusto los perros del pueblo, de Yanapuyo, alcohólico sastre remendón, y Socracha Barrientos, guitarrista insigne; abrazado de la tristeza y confundido en un hipo de lagrimeos, confesaba su pena: no habrán globos para la fiesta, el cielo estará desolado como nunca, a quien se pedirá ahora los deseos y las esperanzas, ya no sentiremos ese cosquilleo en todo el cuerpo mientras seguiamos el incierto vuelo de los globos… “si cae antes de la casa de la tía Etelvina, pierdo y no se cumple mi deseo. Si logra pasar la altura de los eucaliptos, allá por Qoqapata, feliz, todo me irá bien”


Los niños ya no corretearán persiguiendo la aventura de las caídas, las hondas se quedarán colgadas sobre sus pechos tiernos de los muchachos, enroscadas en las muñecas o guardadas para siempre en sus fríos bolsillos.


Majestuoso, lleno de vida, repleto de aire, remonta, rozando las altas copas de los eucaliptos. Sube cada vez más alto, balanceándose al capricho de los vientos. El pueblo está de fiesta, manos y ojos del gentío que baila embriagado, despiden alegres, el triunfal vuelo.


Las orquestas desenroscan huaynos nostálgicos. Los sonidos de saxos, clarinetes, violines se entremezclan en el aire serrano de esta noche estrellada. Un borracho feliz arroja por los aires su viejo sombrero. Poco antes, mientras Teodoro lo alimentaba de aire caliente con la antorcha de trapos y waipe empapado de gasolina, su cuerpo que iba tomando forma ya quería irse por los aires.


Después de llevarlo a un claro, haciendo espacio entre el gentío acompasando el ritmo del cuerpo, se le soltó dándole un fuerte envión en círculo. Teodoro lo despidió con un salto y un guapido, orgullosos.


Se fue elevando calmo, parsimonioso, como dándonos tiempo para mirarlo, para admirarlo en esta atmósfera que ya era suya. El gentío aplaude este triunfo mientras los cohetes retumban aquí y allá rompiendo en colores el cielo. Un fuerte olor a pólvora nos vuelve bondadosos y nostálgicos. Se eleva seguro, pleno, con la champa de trapos amarrada al centro de los cuatro alambres que sujetan el aro. La champa gotea fuego. En la noche negra, el globo abre un camino de luz, con el nos vamos por esos abismos celestes. Teodoro me abraza y en un susurro que sale de su pecho me dice, “gracias niño, gracias”.


Esa noche nos acompañamos como cuidándonos, bailando, brindando unos tragos, abrazados, conversando alegres cualquier cosa.


Otras veces, otros años, para que se queden por ahí cerca enredados en algún árbol o desfallecientes en un techo, los heríamos de muerte.


Agazapados, armados de hondas, escondidos bajo las sombras de los muros, apenas iniciaban su vuelo, soltábamos una andanada de diminutas piedras o alpuntos, que silbando por el viento, buscaban sus cuerpos de papel de colores. Pero la mayoría se remontaba siguiendo la dirección de los vientos…. “Ese pasa por el cementerio, llega hasta Purhuay”, decíamos sabedores. Las apuestas se hacían en medio de brindis de ponches y “calientitos”.


El año pasado llegó uno hasta las alturas de la hacienda Pillo - a veces se exageraba conforme avanzaban los tragos – yo encontré uno en unas chacras de Pazos cuando la mayordomía de Carlín Morales.


Pero muchos se quemaban en pleno vuelo, otros volaban de tumbo en tumbo, sin fuerza, para caer en cualquier tejado cercano, como esa vez en mi casa. Cuantas veces, al caminar por las chacras, lejos ya del pueblo, encontrábamos retazos viejos de papel cometa que llegaron volando hasta estos lugares. Entonces, volvía a nacer la conversación, los recuerdos sobre la fiesta de enero, la fiesta en honor a la Santísima Patrona de Pampas, de los castillos de fuegos artificiales, de la entrega de toros en la faldería del cerro San Cristóbal, de las corridas y los voluntarios de turno, de las peleas de gallos, de los amores que nacieron en esos días, de algún huayno que hizo época: “Vaso de cristal”, “El Alizal”, “Entre licor y licor”, “Piedra en el camino”, “Dile”. “Olvido que nunca llega”…

Autor: Antonio Muñoz Monge
Fuente: “El Patio de la otra casa” Edición 1992 Lima

viernes 13 de enero de 2012

LA AMILDA ESTA EN EL CIELO (cuento corto)


Saposaqta publica este hermoso cuento corto del escritor tayacajino Jesús Gutarra Luján extraído de su libro 'Tiempos de fuego y alegría'. Queremos con esto, dar a conocer a los nuevos valores de la literatura tayacajina para beneplácito de nuestros lectores.

La Amilda está en el cielo

Esa vez que los pichiusas dejaban escuchar su pichiu pichiu de alegría y una raya azulina parpadeaba en todos los contornos de los cerros anunciando un nuevo tiempo en esta vida.

Esa vez que ese terrible pájaro negro, fabricado de metal y silicones, escupía fuego sobre nuestras huellas. Y las golondrinas, chihuacos, tuyas, chihuillos, torcazas, cuculíes y picaflores de pecho rojo se pegaron a su cuerpo y lo estrellaron contra el roquedal de Paltarumi. Esa vez que el agüita cristalina del puquio de Pampa Hermosa dejaba escuchar un huaynito de esperanza. Esa vez no debí hacer lo que hice. “Quiero decirte la verdad, la purísima verdad, Edelino. Yo nunca te he engañado. Si le seguí a su casa al taita cura fue porque me dijo: Si quieres ir al cielo, ven conmigo que soy el representante de Dios en la tierra para bendecir tu espíritu.

Y nunca, jamás, me imaginé que tenía que hacer todo eso con mi cuerpo. Ese Leoncio también, como había aprendido a decir palabras bonitas en el ejército, me llevó a Tupay Huayko, aprovechándose de su fuerza de cachaco bruto, me tumbó sobre los helechos y arrayanes, y se sobó como perro alunao, levantando mis polleraschas y diciéndome bajito en mis oídos cosas feas que no quiero repetir… Pero tú, Edelino, siempre me has mirado con tu sonrisa de chiuche inocente”.

Así fue Amilda. A lo más mis ojos se entretenían con esos dos bultitos que se formaban en tu pecho y me bastaba tu risa de pasña bullanguera. Ahora estoy mirando la mariposa amarilla y el cachi-cachi que está besando la superficie del agua tranquilita. ¿Por qué me dijiste la verdad, Amilda?. Mejor te hubieras callado. O hubieses inventando uno de esos cuentitos hermosos que les contabas a tus taitas en noches de luna llena. No sé de dónde me salió la cólera, algo como un fuego me subió derechito al cerebro. Y tú, tranquilita, palomita urpi desamparada, descubriéndote el pecho, desplumándote ante un gavilán sin misericordia. Una reventazón de rosas rojas y tus manos fuertes, durísimas, sin desprenderse de mis manos.

Los comisarios vinieron cuando todavía estaba mirando tu cuerpo deshojado por el viento, todo atontado, tratando de encontrar una justificación por todo lo que estaba pasando. ¿Qué has hecho con la Amilda, Edelino? Y yo, ocultando el cuchillo detrás de mí. La Amilda se ha ido al cielo… Después me han llevado lejos. Nunca supe exactamente a dónde. La Comisión de Ayuda y Solidaridad me ha sembrado los ojos de nueva alegría. Yo no tenía derecho a castigarte, Amilda. “No, Edelino. Yo no merecía vivir. Por eso te llevé la mano para que hundieras ese cuchillo en mi corazón”. Sonrisa de picaflor siwar kenti, trencitas de pelo de choclo, Amilda, te recuerdo con mucho respeto y cariño.

Tu tumba junto al ichu áspero y silbador. Una mano franca sobre mi hombro. “Hay que seguir el camino, compañero”. Y desde esa vez, Amilda, he jurado traer el cielo a la tierra para que mucha gente no vaya a buscarlo., También hemos jurado todos conquistar la alegría para que todo tenga el color del agüita cristalina de los puquios, de los ríos, de los lagos y de los mares, nuestra esperanza verdadera.

Jesús Rafael Gutarra Luján. Notable escritor tayacajino.
Fuente : Tiempos de fuego y alegría

miércoles 4 de enero de 2012

HOJUELAS DE PAPAS NATIVAS DE PAZOS


CHIPS DE PAPAS NATIVAS DE PAZOS GALARDONADAS EN EUROPA

Reza un popular adagio que “Uno de los males de esta vida, es la falta de reconocimiento a las personas que día a día dan algo de sus vidas para que los otros tengan lo que tienen” adagio que lamentablemente cobra vigencia en el caso de los productores agrarios del distrito Tayacajino de Pazos, quienes desde tiempos ancestrales se dedicaron a la domesticación de este importante tubérculo.

Investigaciones al respecto revelan que dichas actividades datan que desde hace más de ocho mil años, siendo el desempeño del agricultor andino trascendental en la selección, cultivo y obtención de variedades. Siendo así que en la actualidad dentro de sus cardinales Pazos cuenta con más de 400 variedades de Papas Nativas de especiales características morfológicas y agronómicas, pero mucho más importante aún, por sus atributos nutraceuticos y como excelente insumo para la gastronomía.


Con la misma mística practicada por sus ancestros y cansados de que la intermediación perversa e innecesaria, en el proceso de comercialización de sus cosechas, solo les reportaba precios de subsistencia, (S/. 0,40 – 0,70/kg de papa), introdujeron conceptos y sistemas de trabajo acorde con los escenarios actuales, iniciando con la conformación de una asociación formal, bajo los principios de igualdad de género, que de un lado, conceptúa el rol de la mujer en el campo, factor fundamental, y de otro, respeto por el medio ambiente.

Además realizar la comercialización a través de un mercado solidario conocido como Comercio Justo, que incluye un sistema que funciona como una opción frente al mercado convencional, ofreciendo a los productores un trato comercial más justo y provechoso y condiciones de trabajo decentes. Gracias a este sistema obtuvieron precios de S/. 2.00/kg. con los beneficios que dicho incremento conlleva.

En esa orientación los productores de papas nativas de Pazos, apoyados por la Organización No Gubernamental (ONG) Veterinaires Sans Frontieres-Centrer International de Cooperation le Developpement (AVSF-CICDA) de Francia, experimentaron un cambio radical, dedicando las cosechas de papas de colores a la producción de chips, para destinarlos en esa presentación al exigente mercado europeo. El proyecto de exportación de chips se inicio en el 2009, beneficiando a 65 familias cuyos predios se hallan ubicados en el ámbito del distrito.

Se tiene información que a través de la Asociación de Productores Agropecuarios Para la Industria Andina (AGROPIA), desde el 2009 a la fecha se han exportado 9 contenedores a Bélgica y Francia, con un total 19,9 toneladas de chips y 60 toneladas de papas nativas, recibiendo cada productor interviniente a parte del importe por kilo de su producto, alrededor de US: $. 525, por cada contenedor de chips exportado, como valor agregado.

Siendo importante para los productores de Pazos la incursión en los mercados solidarios que redundaron en ventajas sociales y económicas, resulta aun más gratificante que la calidad, color, sabor y demás atributos de las papas de color, convertidas en chips, hayan cautivados los paladares más exigentes y exquisitos del viejo mundo, prueba del éxito logrado es que El Comité Real Belga, otorgo a las Papas Nativas de Pazos el premio “ARQUEROS DE ORO 2010”.

No obstante esta premiación ocurrió a inicios del año pasado y haberse difundido en su oportunidad en el Diario El Comercio.

Al tiempo de reiterar los mas sentidos parabienes por tan singular logro; consideré necesario resaltar una vez más el significado de la misma, toda vez que el resultado obtenido por los agricultores de Pazos, es una muestra fehaciente de iniciativa, creatividad y desarrollo, digna de ser replicada en las zonas alto andinas no solo de Tayacaja, sino del País, para trascender situaciones de pobreza y extrema pobreza, mediante el uso racional y eficiente de los recursos de los que disponemos y estableciendo sinergias entre productores instituciones públicas y privadas de manera coordinada y sostenible, generando riqueza y no aliviando la pobreza.


ING. MAGNO GUTIERREZ ENRIQUEZ
Colaborador de SAPOSAQTA

miércoles 28 de diciembre de 2011

LA HORA DE LA MUERTE (cuento corto)




La zona nororiente de la provincia de Tayacaja hace muchos años atrás, estuvo plagado de hacendados, dueños de tierras que los colonizadores se apropiaron libremente, Surcupampa, Sachacoto, Tintay, fueron los primeros pueblos que aparecen en la historia virreinal del Perú; estos pueblos pertenecían a los españoles que llegaron a la zona.

Cuentan que hubo un hacendado que llegó a tener más de ciento ochenta hijos, en una casa que compartía con más de cuarenta mujeres en la casa hacienda de largos corredores. Estas mujeres eran sus concubinas, vivían en completa armonía, el hacendado estaba con todas a la vez.

En los años en que todavía no había carretera por esa zona, el tránsito obligado de los lugareños para llegar a Pampas o Huancayo era por los difíciles caminos de herradura, teniendo como única alternativa para cruzar el río Mantaro por el antiquísimo puente de Chiquiaq construido con cabuya trenzada, fastuosa herencia incaica. Luego de cruzar el río Mantaro habían dos caminos que divergían; para ir a Huancayo tenía que tomarse la ruta por la localidad de San Antonio, Loma, Rocchac etc., y para dirigirse a la ciudad de Pampas, la ruta era por Kichcapata, un camino como hecho de espinas.

En esas épocas, en Chiquiaq, la otrora abadía de los jesuitas, muy cerca al puente, existía una casa, designada para quien cuidara el puente; dicha persona era asalariada por las comunidades que hacían uso del puente; este guardián tenía por costumbre invitar una limonada a los viajeros, pues el calor de la zona era insoportable, las piedras se calcinan durante el día y el sentarse en ellas hacía que se quemen las posaderas de los viajeros.

Don Segundino Torres, era el puentero de aquel tiempo. En un día caluroso, la hora en que el sol daba con aplomo a la quebrada, don Nino, como se le conocía, estaba ocupado en el tejido de las cabuyas para mantener el puente en buen estado, y extrañamente escuchó una voz como de trueno que venía de las profundidades del río.

A un inicio no tomó importancia del asunto, pero aquella voz persistió con más frecuencia, entonces dejando su faena se asomó cerca al río y le pareció ver que las aguas turbias y remolinantes se abrían en su cauce escuchando decir “Apúrate don Sebastián…”. El puentero muy asustado consideró un mal presagio aquel hecho, y coincidentemente al dirigir la mirada al camino que viene bajando de Surcubamba, divisó a un jinete que apresurado aceleraba el paso de su yegua, levantando polvareda en el camino, a medida que se acercaba, y reconoció que se trataba de don Sebastián Herrera, propietario de un pequeño fundo que estaba al borde del río Surco.

Don Segundino esperó al viajero y cuando llegó al lugar, invitó a servirse un refresco de limonada.- No hermanito, estoy muy apurado, debo llegar temprano a San Antonio- Se negó don Sebastián al ofrecimiento, sin embargo el puentero insistió con el fin de evitar que cruzara el puente, por la voces que había escuchado momentos antes, premunía que algo le iba a suceder; llegando a convencerlo que se quedara.

Don Sebastián desmontó de su yegua color bayo a tanta insistencia e ingresaron a la casa por el refresco de limonada.- Siéntese don Sebastián debe estar cansado- insistió don Nino, pero éste no aceptó el descanso aduciendo su apuro; recibió el jarro de limonada y al tomar con tanta prisa al primer sorbo se atoró hasta no poder respirar desplomándose al suelo Don Segundino intentó reanimarlo pero fue en vano el intento. Don Sebastián había muerto atorado, realmente era la hora de su muerte; de no haber aceptado la invitación probablemente se hubiera caído al río.

Don Segundino Torres fue acusado de la muerte de don Sebastián y fue apresado por las autoridades del lugar para su juzgamiento en la ciudad de Pampas, donde estuvo encerrado injustamente cerca de un mes en la cárcel. Al no encontrarle responsabilidad en los hechos, luego de una minuciosa investigación, fue puesto en libertad.

Todos tememos la hora de nuestra muerte, se han visto accidentes y sucesos increíbles de los que muchos han salido ilesos y otros que hasta con un tropezón cobran fatalidad; Nadie muere en su víspera, si no en el día designado, debemos estar preparados plenamente para ello y considerar que la muerte es la parte complementaria de la vida o quizás el inicio de otra forma de vida.

Autor: Miguel Angel Alarcón León
Fuente: "Los Tinterillos" y otros Relatos Andinos
Publicado en. Febrero del 2011

domingo 18 de diciembre de 2011

MATRIMONIO EN TONGOS (Tayacaja)



En Tongos (Pampas) hay un juego especial que le llaman “Orjo-huaylas” que consiste en formar como una especie de ronda, sobre todo en las noches de luna, que como se sabe en muchos lugares de nuestras serranías son más hermosas y claras por la carencia de luz eléctrica. Este juego es común entre los adolescentes que tomándose de las manos forman una rueda bailando y cantando al compás de algún tono especial. Surgen así los primeros aleteos del amor. Las miradas, el apretón de manos y la frecuencia en el juego hacen que se quieran un tanto tímida pero sinceramente con la seguridad de que triunfarán formando un hogar. Después de una espera larga de amor silencioso, se decide al fin el enamorado a buscar a los padrinos para luego encaminarse junto con ellos llevando una botella de “chacta” (aguardiente) a la casa de la pasña y hablar con sus padres:


-Ñujallaimi taytay (somos nosotros señor) - Imapajmi jamuchcanquichic (Cuál es el motivo de esta visita? -Sumaj huayta rosasllaiquita jahuaspaicu jamuchcanico (hemos llegado hasta tu puerta porque nos hemos prendado de tu hermosa flor de rosa).


Si el padre simpatiza por la correcta presentación, ofrece su casa a todos los concurrentes. Los padrinos, entonces, explican las buenas intenciones del ahijado a favor de su querida hija. Después de libar algunas copas de la chacta procede la madrina a amarrarle con una faja de lana de colores vivos a la ahijada; igual cosa hace el padrino con el ahijado. Luego los novios simulan escaparse saliendo de la casa a empujones, pasando por cualquier obstáculo que encuentren a su paso; así llegan a la casa del novio. Aquí se preparan para la celebración del matrimonio, según el plazo que previamente el novio acordó con los padres de la muchacha. Es de notar que en la generalidad de los casos cumplen estrictamente con el compromiso.


EL MATRIMONIO

Con sus vestidos limpios se encaminan a la iglesia del distrito más cercano acompañados de sus parientes y amigos que portan flores silvestres, donde el taita cura los casa. De regreso, se dirigen a la casa del novio y ese día no beben ni una copa de aguardiente, los recién casados, porque tienen la creencia de que en el curso de su vida matrimonial pueden ser pleitistas y borrachos. A la hora del almuerzo y de la merienda ambos se sirven de un solo plato.
Por la noche, mas o menos a las ocho, hacen lo que le llaman el puñuchi (hacer dormir), es decir, toda la comitiva conduce a la pareja a una habitación especialmente preparada, alumbrándoles con ichu. Una vez ellos, en la cámara nupcial, al retirarse los padres y sobre todo los padrinos, les dan la bendición en la siguiente forma:


Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo sutimpim bendiciunta churaiqui, allinlla y sumajlla causacunaiquichipaj, ama matrimoniuyquichicta jachachaspa, cuyo pensamiento principal es este: les pongo esta bendición para que vivan en buena armonía sin manchar vuestro matrimonio.. Dicho esto se retiran echándoles llave mientras desde el interior de la habitación resuena el eco afirmativo de “au taitay... au mamay”.


Inmediatamente después, todos los concurrentes se desgreñan el pelo, acto que le llaman Jesanacuy y con un poco de ichu encendido hacen la pantomima de quemarse los pies o el jaspanacuy. Esta costumbre está basada en la superstición de que en el transcurso de su vida matrimonial van a tener días de bonanza y felicidad sin que sean visitados por alguna enfermedad.


Después de esta actuación todos se retiran a dormir hasta el primer canto del gallo, es decir, a las cinco de la mañana hora en que se levantan y despiertan a los casados. La madrina le ordena a la ahijada que vaya a la cocina a preparar el almuerzo, mientras el padrino entrega un pico y una lampa al ahijado para que vaya a trabajar. Se muestran muy severos con el objeto de que inaugurando así el primer día de una nueva etapa de vida, serán siempre trabajadores y muy madrugadores.


Al día siguiente van a la casa de los padrinos y tienen la obligación de servirles como esclavos, generalmente por ocho días y luego se retiran a su nuevo hogar.


Sergio Quijada Jara

Escritor nacido en el fundo Magdalena (Acostambo)

Imágen: "Ronda de Ahuaycha" .- Oleo del pintor Tayacajino César Yauri Huanay

miércoles 7 de diciembre de 2011

OTRO ILUSTRE TAYACAJINO


R.P. MANUEL SERPA HERRERA

Manuel Patricio, hijo de Pío Serpa y Jacinta Herrera nació en Salcabamba el 14 de mayo de 1896. Cursó la primaria en su ciudad natal, siendo sus profesores Alejandro Murillo y José Chávez. Culminada esta etapa se matriculó en el colegio Santa Isabel de Huancayo; sin embargo, sus estudios debieron ser interrumpidos por motivos de índole familiar que le obligaron a retornar a Salcabamba.

En esta circunstancia, recibe la invitación de José Abad propietario de la hacienda Tacana, a fin de hacerse cargo de la instrucción de sus niños Juan y Pío, y del mayor de ellos, Samuel, quien tenía la misma edad de Manuel. Tiempo después don Pío Serpa le comunica al excelentísimo monseñor Fidel Olivas Escudero que su hijo Manuel deseaba ingresar al Seminario San Cristóbal de Ayacucho, pedido que fue aceptado de inmediato. Concluida la secundaria y en mérito a sus altos calificativos el prelado consideró pertinente enviarlo al Seminario Santo Toribio de Lima, a fin de que estudiara Filosofía, estudios que culminó en 1917.

En 1919 concursa y obtiene una beca para estudiar en el Pío Latinoamericano de Roma. Viaja en compañía de Juan Gualberto Guevara, Alberto Arce Masías y Chávez Aguilar religiosos que habían llegado a la jerarquía de obispos.

Manuel Serpa Herrera fue el primer huancavelicano de su siglo en optar la licenciatura en Sagrada Teología. Su ordenación sacerdotal fue en Roma el año 1923 en tiempos del papa Benedicto XV. A su retorno, luego de visitar a sus padres y hacer misa en Salcabamba ejerce el profesorado en el Seminario San Cristóbal.

En 1927 es nombrado vicario de la provincia de Huanta; en 1929 es Rector del Seminario San Cristóbal. Durante los 7 años que desempeñó la rectoría fue asimismo canónigo de Merced del cabildo de la catedral de Ayacucho. El año 1935 es nombrado párroco de Tayacaja y su gestión se inicia en circunstancia que la iglesia matriz se hallaba en escombros, razón por el cual todos los oficios religiosos se cumplían en la capilla María Auxiliadora de Chalampampa.

El padre Serpa impulsó la creación del Colegio Nacional San Pedro. Su magisterio sacerdotal en Pampas fue por espacio de 23 años hasta su cambio a Acobamba donde permaneció un año y seis meses. Precisamente en esta localidad, se le diagnosticó el mal de cataratas, recomendando su tratamiento en el Hospital Arzobispo Loayza, a cuyo término retorna a su amada parroquia de Pampas.

Poco tiempo después se ve afectado por la diabetes, razón por la cual nuevamente viaja a Lima internándose en la clínica Maisón de Santé, donde se le recomendó no realizar viaje alguno, indicación que no cumplió, pues, retornó a Pampas.

A tres años de su tratamiento y retorno a Pampas, a la edad de 64 años el R.P. Manuel Serpa Herrera falleció víctima de un infarto. Su deceso causó honda congoja en toda la población que, entre llanto y oración, cumplió su voluntad de sepultarlo en la misma Iglesia donde ejerció ejemplar misión sacerdotal. Todo el pueblo de Pampas y las numerosas delegaciones llegadas de otras circunscripciones acompañaron sus restos en compungida procesión, recorriendo las calles de la ciudad hasta su morada en la nave izquierda de la iglesia Matriz. Desde el templo su recuerdo ilumina la memoria y el corazón de los tayacajinos.

Carlos Zúñiga Segura
Colaborador exclusivo de Saposaqta