viernes, 8 de agosto de 2008

DANIEL HERNANDEZ


El ilustre caballero de la plástica nacional

Tayacaja* vio nacer el primero de agosto de 1856 a Daniel Hernández Morillo, hijo ilustre de esta tierra y maestro de la plástica peruana. Su extensa obra aplaudida en Europa y en América, destaca por su estilo equilibrado y preciosista, que hace gala de un excelente oficio academicista, y de una ejecución inspirada en lo romántico y lo neoclásico.

Fue hijo del acaudalado español José Leocadio Hernández, propietario de tierras en Huancayo y Huancavelica, y de la dama peruana Doña Basilia Morillo. A los 4 años se traslada a Lima, y diez años después recibe su primera formación del maestro italiano Leonardo Barbieri. De esta época realiza una copia de "La muerte de Sócrates" de Jacques-Louis David, obra que le valió el reconocimiento por parte del gobierno de Manuel Pardo, obteniendo una beca de estudios a Italia. Estando ya en Europa el compromiso de subvención fue cancelado y el artista tendrá que solventarse pintando cuadros de género y retratos. Esta faceta de Hernández es poco conocida y refleja su gran voluntad de continuar luchando por proseguir en un mundo artístico tan difícil como el europeo.

En Roma, durante una década estudia on Fortuny. Su paleta adquiere una gran gama cromática, efectos de luz y la pincelada rápida, características de su producción pictórica. Conoce a artistas como Villegas, Pradilla y Jiménez Aranda que influenciarían en su obra.


Posteriormente, en 1883 se traslada a París donde permanecería por 35 años. Va asimilando las obras de estilo Rococó de pintores como Fragonard, Nattier, Van Loo, Wattteau, pintura aristocrática, voluptuosa y elegante. En esta época sus tipos femeninos se van refinando, obras tituladas como las “perezosas” pertenecen a este periodo, donde representa a mujeres descansando que proyectan gran sensualidad. El artista se complace en recrear las sedas, los almohadones y la piel tersa de las mujeres haciéndolo con gran maestría, llegándosele a conocer en Europa como uno de los mejores pintores de desnudos femeninos.

Como miembro de la Sociedad de Artistas Franceses, exhibió en el Salón Anual de dicha institución, considerada en ese entonces de muy difícil y riguroso acceso, por su severo dogma academicista. Sin embargo, tuvo una amplia y triunfal acogida en los siete años que se presentó. Por su célebre cuadro La Perezosa, fue premiado con la Segunda Medalla en el Salón de París de 1899.

En esta estadía, Daniel Hernández por sus méritos llegó a ser Presidente de la Sociedad de Pintores Españoles residentes en París. En esa época era considerado en los salones y concursos como pintor español, debido a su herencia paterna. Solo a partir de 1905 se le nombrará como pintor peruano. En la Exposición Universal de París, con motivo del cambio al siglo XX; le fue otorgada Medalla de Oro por su cuadro “Amor Cruel” que le valió, además, la condecoración de la Legión de Honor en 1900.


A partir de esos años comienza una prolifera carrera, Hernández fue declarado Honoris Causa, en todos los salones, alcanzando renombre en los círculos académicos europeos. Nuestro artista trabaja también como ilustrador, autor de reclames y decorador, ilustra el Balzac de Arte publicado en Nueva York, adquiere fama y prestigio, sus cuadros alcanzan enormes precios y su obra se instala en las colecciones de museos de Munich, Madrid y Paris.

Mientras tanto en Lima, la ausencia de una academia oficial de enseñanza de las artes plásticas, es el clamor de la critica periodística y de las clases medias. El gobierno de José Pardo anuncia su creación y la dirección de la misma se la encomiendan a Daniel Hernández. Sería el pintor y diplomático Enrique Domingo Barreda el encargado de realizar las gestiones en Europa para invitar al artista huancavelicano. Así, Hernández volvería al Perú a fines de agosto de 1918, a bordo del vapor Urubamba. Había partido a Paris en el siglo XIX, y volvía a Lima en el siglo XX.
El 28 de setiembre de 1918, se funda oficialmente la Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA), Hernández se convierte en su primer director. El artista se convierte de esta forma en el puente institucional entre el mundo europeo y del mundo de dentro: el del Perú.

Hernández prefirió regresar a la patria cuando se hallaba gozando en Europa de un triunfo merecido. Este hecho es comentado en la Revista Variedades: “Lección de patriotismo que nos da el maestro de dejar la posición que ocupa en los verdaderos centros de arte para venir a servir a la patria y trasmitir sus conocimientos..”[1]

Al frente de la ENBA tuvo un trabajo duro y paciente, el local no reunía las condiciones suficientes para su adecuado funcionamiento. A pesar de ello y de la fama que lo precedía, inculcó en sus alumnos el valor de la libertad académica: “...nosotros guiamos, corregimos, pero no imponemos facturas y escuelas(...) quiero que cada uno conserve su manera de sentir y de ver”[2] . Ello queda patentizado en la obra de sus discípulos como Vinatea Reinoso, Sabino Springett, quienes formados por el maestro siguieron sus propios derroteros artísticos.


Pero, Daniel Hernández no solo se dedicó a la docencia. Realizó a su vuelta a Lima, hasta su muerte en 1932, todos los cuadros que se esperaban de él, desde la figura ecuestre de Pizarro que paso a adornar el Palacio de Gobierno, hasta el retrato de la esposa del Presidente Leguía, así como otras notables damas limeñas, siendo el genero del retrato una de sus especialidades. Los temas históricos tampoco los dejó de lado, tal es el caso de la “Capitulación de Ayacucho” (1924) conmemorando el centenario de tan ilustre hecho, el cual no obedecía a ningún encargo oficial.

Se puede finalmente concluir que Daniel Hernández no fue sólo grande en el sentido artístico, sino también grande en sensibilidad y amor a la patria. Dejó sus triunfos personales, su vida cómoda parisina para dirigir la primera academia oficial de arte del Perú, en medio de las dificultades burocráticas y económicas que dicha institución demandaba. Pese a todo, introdujo en el país el oficio pictórico, dicto normas técnicas y formó cauces para la creación artística, dejando expresar a sus alumnos su propia personalidad. Demostró en todo momento su calidad de maestro, que a pesar de las situaciones adversas siguió manteniendo hasta el final de sus días el espíritu de clase de los más ilustres caballeros que supieron dejar huella en la historia.



[1] Revista. Variedades, 6 de abril de 1918.
[2] Revista. Variedades, 18 de Diciembre de 1920.
* En el artículo original dice "La ciudad de Huancavelica vio nacer..."

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Artículo de Lic. Alba Choque Porras
Publicado en Revista Oropesa. Año I, Nº 2, pags. 24-25, 2006. Huancavelica, Perú
Tomado de memoriasdelarte.com