martes, 30 de diciembre de 2008

ANECDOTAS DE DON PABLO MONGE


Don Pablo Monge era un personaje al que se le atribuyen una serie de anécdotas tradicionales de Pampas, que son contadas hasta la fecha por personas de la edad de oro que peinan canas y están en la tercera dentición. Y es que este personaje ha existido en la vida real, era dueño del fundo Pariacancha que queda cerca de Mantacra y estaba directamente vinculado a Pampas ya que todos sus parientes eran personajes que habitaban en la ciudad y constituían una de las familias más importantes de la zona; era frecuente el dicho:

“Pampas, trampas, cuentos, chismes, Monges, Sánchez”

En aquellas épocas, todos los personajes principales eran hacendados, el que menos tenía siquiera su pequeño fundito y se dedicaban en su mayoría a la siembra de productos de pan llevar, algunos a la pequeña ganadería lanar y vacuna y los que poseían sus tierras en las quebradas sembraban caña de azúcar y se dedicaban a la producción de aguardiente de caña. La industria que hizo famosa a Pampas fue la producción de jamones, que eran muy cotizados en el mercado internacional; entre los principales productores de jamón tenemos a los Pacheco, los hermanos Minaya, los Torres, los Guerreros y algunos más. Por esa razón se conoce a los pampinos como kuchimichi lo que equivale a decir “pastor de cerdos”, aunque a la fecha ya se ha modernizado el término y se dice: “porcinólogo”. También abundan los sapos en mi querida tierra, por lo que nos dicen saposaqta ó “guiso de sapo”. Verdaderamente Pampas ha perdido su prestancia y hegemonía en la producción de los deliciosos jamones; los chanchos criollos de abundante carne y poca grasa aún existen, y lo que ha sustituido a los jamones es el tradicional kuchikanka, que es un delicado manjar para los paladares más exigentes.

Cuentan los tradicionistas de aquellas épocas, cuando “amarraban a los perros con salchicha”, los hacendados se pasaban visitándose de hacienda en hacienda para jugar rocambor, y que los cumpleaños duraban siete días que eran: antevíspera, víspera, día, joroba, corcova, respinguete y andavete. Los homenajeados tenían que prepararse con meses de anticipación, ya que tenían que albergar a un ejército de personas que llegaban a caballo y con sus asistentes.

Volviendo a lo nuestro, hemos podido recopilar algunas anécdotas del popular señor Monge que a continuación vamos a narrar, algunas en quechua, ya que nuestro bilingüismo serrano es tradicional y nuestro idioma nativo es el más dulce y expresivo para quienes tenemos la suerte de conocerlo

LIOS CON EL SUBPREFECTO

En una oportunidad, don Pablo tuvo la necesidad de ir a Pampas y lo hizo cabalgando en su hermosa mula blanca. Ya en el pueblo, dejó su cabalgadura en el establo y se fue a su alojamiento. La llegada de nuestro personaje fue inmediatamente conocida por el Subprefecto, que no le tenía simpatía por su carácter voluntarioso y burlón, y quiso jugarle una broma pesada. Y mandó cortar las dos orejas de su mula favorita. Al poco rato el pongo puso en conocimiento de su patrón la pérdida de las orejas de la mula, y éste, sospechando que el Sub Prefecto tenía que ver con el asunto, mandó cortar los belfos de un hermoso potro que guardaba la autoridad en el mismo establo.

Al día siguiente se encontraron en el establo y se produjo el siguiente diálogo:
¡Buenos días señor Sub Prefecto! ¿Cómo amaneció el día?
No tan buenos para usted señor Monge, porque mire usted, las orejas de su mula han desaparecido.

¡Pobre animal! Efectivamente le robaron las orejas, y se ve tan graciosa que hasta su potro se está riendo a carcajadas: mire usted como muestra los dientes.

El Sub Prefecto se puso verde de cólera al ver a su potro favorito en esa condición.

Y lo expulsó de la ciudad con estos términos:

¡Usted queda expulsado de la ciudad de Pampas! ¡Usted nunca más beberá el agua ni pisará la tierra de esta ciudad, mientras yo siga de Sub Prefecto!

Ante tal determinación, el don Pablo no tuvo mas remedio que retirarse a su hacienda, donde estuvo prácticamente recluido muchos meses. No podía viajar a la ciudad para alternar con sus parientes y amigos, dándose una canita al aire en una noche de bohemia o un emocionante partido de tresillo. Hasta que un día tuvo la necesidad de visitar nuevamente la ciudad, pero ante la amenaza del Subprefecto: “no pisará la tierra ni beberá el agua de Pampas”, mandó cargar doscientas llamas con la tierra de su hacienda y unos diez burros con agua, también de su hacienda, y, desde la entrada de la ciudad, sus pongos lo precedían haciendo una alfombra de su tierra para que él camine sobre ella, y así pasó por la puerta de la subprefectura: caminando sobre su tierra y bebiendo su agua. De esa manera cumplió el castigo de la autoridad: no pisó la tierra ni bebió el agua de Pampas.

CAPA DE LOS CHANCHOS

En otra oportunidad, una de las hermosas marranas que criaba el señor Monge lo premió con una camada de doce cerditos y la mayoría de ellos eran machos. A los tres meses los cerditos son ya maltones y se les denomina urucuchi, es necesario emascularlos o mandarlos castrar o capar a fin de tranquilizar sus ímpetus para que empiecen a engordar. Por esa razón es que un día, su esposa le dijo:

Pablo kuchichanchiktam capachiwaqña (Pablo, ya debes hacerles capar a nuestros chanchitos).
Ari, kunan punim kapachimusaq. (Si, hoy mismo los haré capar).

Dicho y hecho, tomando al pie de la letra la palabra “capar” de “capa” ó prenda de vestir antigua, el bendito Pablo, hizo cortar una hermosa lona que tenían para el secado del maíz y mandó confeccionar doce capitas con las que vistió a los marranitos.

PRUDENCIA

Don Pablo Monge llevaba una vida despreocupada, un tanto desordenada, muy libertina, llena de invitaciones, jaranas, fiestas y en fin, la vida fácil de las personas de aquellas épocas, que poseían bienes y querían vivir la vida intensamente. Un día su esposa lo hace reflexionar y le dice muy cariñosamente Pablo, tú llevas una vida muy desordenada, es tiempo de que vivas ya con Prudencia.
Bueno hija, así lo haré.

A los pocos días, don Pablo Monge desapareció misteriosamente de su fundo y nadie sabía de su paradero, pues había fugado con rumbo que él solo conocía. Hicieron indagaciones, lo buscaron por todas partes, pensaron que le había sucedido lo peor; en fin, un mar de lágrimas su esposa e hijos, hasta que un día recibieron la noticia de que el famoso Pablo estaba conviviendo por los parajes de Izcuchaca con una bella damisela que se llamaba Prudencia. Cuando la esposa le recriminó su infidelidad se justificó diciendo:

Me dijiste muy claramente que vaya a vivir con Prudencia y te hice caso, pues me has encontrado viviendo con ella.
PREOCUPADO

En otra ocasión en que la esposa de don Pablo se hallaba con los dolores del parto esperando de un momento a otro la llegada del nuevo vástago. La casa hacienda era una loquería; las comadronas encargadas del parto daban una serie de órdenes. Calentar el agua, preparar los pañales y demás necesidades del recién nacido. Asistir a la parturienta y todo lo necesario en esos casos, pues en aquella época no había médicos ni enfermeras y eran ellas, las comadronas, las que atendían los partos. Eran unas señoras que poseían muchos conocimientos tradicionales del oficio. Mientras ocurría todo esto, nuestro personaje se había acomodado en su sillón predilecto para dedicarse a la lectura de un libro clásico. Una de las comadronas, al ver la aparente tranquilidad y sangre fría del esposo de la parturienta, le increpa en los siguientes términos:

Señor Monge, imaynataq qam haukalla tiyachkanki, warmikiñataq nanaywan wachakuchkan. (Señor Monge, ¿Porque está sentado tranquilamente mientras que su mujer está sufriendo los dolores del parto?)

Imatataq ruranayta munanki señora. (¿Y qué quiere que haga yo señora?)

Wakin qosakuna hinam kawaq, preocupadom purinku (debes ser como otros maridos que andan preocupados)

¿Imam chay “preocupado” kay? (Qué es estar “preocupado”)

Yakuta timpuchin, sabanata maskamun, pañalta qorqomon baúlmanta, yaykunku wasiman, lloqsenku wasimanta, chaymi “preocupado” kay. (Hacer hervir el agua, buscar las sábanas, sacar los pañales del baúl, entrar y salir a cada rato de la casa, eso es estar “preocupado”.

Todas estas críticas lo escuchó serenamente, le dio las gracias a la señora por las reflexiones que le había dado y todos estos sabios consejos se los guardó para el futuro.

En aquella época no existían las distracciones que hoy conocemos, mucho menos en la chacra, pues las únicas que había eran la caza de perdices, palomas, vizcachas o venados, lo cual se realizaba con bastante frecuencia. La única distracción de los varones era la de aumentar la población, pues los condones se utilizaban solo en “ciertas ocasiones”, cuando el fruto prohibido era prohibido de veras y la mayoría de edad se alcanzaba recién a los 21 años. No tardó mucho la señora en ponerse nuevamente en “estado interesante” y repetir la escena del parto del año anterior. Esta vez se le veía al señor Monge en unos apuros terribles; comenzó a subir y bajar como loco por las escaleras, abrió los baúles y desparramó toda la ropa blanca y los pañales, prendió fuego a la cocina que casi provoca un incendio, salía corriendo y regresaba corriendo atropellando a su paso todo. Ante esta situación irregular la misma comadrona que había atendido a su esposa anteriormente lo increpó diciendo:

!Señor Monge, imataq sucedesunki, locoyarunkichu! (¡Qué le sucede señor Monge, se ha vuelto usted loco!)

Ama fastidiawaychu señora, llumpa llumpay preocupadom kakuchkani. (No me fastidie usted señora, que estoy muy preocupado).

PAPITAS VERDES

Don Pablo mandó sancochar unas papitas nuevas. Eran de una variedad especial que producía su fundo, e hizo preparar el famoso qapchi, a base de queso recién cuajado con huacatay, cebollitas chinas, ají, sal y aceite. E invitó a las principales autoridades de Pampas a degustar la exquisitez del potaje. Les agradó mucho a los asistentes del banquete, tanto que el Juez de Primera Instancia se le acercó y le dijo:

Sus papitas muy exquisitas señor Monge, quisiera que tuviera a bien venderme don sacos de estas “papitas verdes” para enviar a mi familia en Lima, usted páseme nomás la cuenta.

Encantado señor Juez, no faltaba más, en una semana tendrá su pedido en su casa, pues tengo que hacerlas preparar.

Así lo hizo; mandó preparar las “papitas verdes”: extendió dos sacos de papas al sol para que se pongan verdes, lo que en la sierra llamamos qoyo, y una vez que estuvieron verdes, mandó encostalar dos sacos y envió tres costales a la casa del Juez con una nota que decía: “Señor Juez: le envío los dos sacos de papitas verdes que me solicitó y de mi parte adjunto un saco de papitas nuevas que se servirá usted a nombre mío”.

El Juez quería dos sacos de papas nuevas o recién cosechadas y por decir “nuevas” dijo “verdes”, lo que aprovechó don pablo para jugarle otra broma pesada a la Autoridad.


Cuento de Hernán Canales
imagen: Óleo de Carla Chávez Keller