sábado, 20 de diciembre de 2008

UNA MIRADA A LA MUERTE

Es el cementerio, lugar donde se guarda aquello que es muy difícil de olvidar, sin embargo he pensado que la indiferencia es tan mezquina como la misma mentira del oportunismo, que solo cuando exige un interés se acude a ello. Mi pequeño relato no tiene que envidiar en lo absoluto al indiferente, mi sola intención radica en presentarles una especie de documental de algo que va rumbo a la desaparición, sin embargo, es preciso plasmarlo en un texto nada muy diferente.

Vagaba yo cuando ya declinaba el día en el ocaso. El sol apenas aparecía en un lienzo dorado aislado de nubecillas que se tendían como agitados muy suavemente por una y otra ráfaga viajera del viento, anunciándose la cercana sombra en las montañas del occidente, cuyas sólidas rocas sirven de balcón para los ojos observadores del visitador, un cuadro prominente y de excelsa belleza del valle pampino. A esa hora se alistan a dormir las penas y los olvidos en el Campo Santo de Chalampampa.

Andaba entre espacios confundidos, entre tumbas desordenadas y nichos opacados por un cierzo nebuloso, como quien cuenta los rastros de quienes yacen eternos entre mohos, arbustos y helechos que se impregnan en las lápidas de diversa naturaleza como si guardaran el calendario del olvido para recordar al bien querido que descansa si en paz o profanado su eterno sueño por una visita piadosa.

Advertido por el chasquido de una ave agorera me tope con algo no común por su forma y singular naturaleza, celosamente escondido, hallé un túmulo misteriosamente monumental resistiéndose a las inclemencias del tiempo, allí donde el viento de la tarde eternamente lo azota despiadado, allí donde la lluvia nocturna chorrea como exprimir su existencia y el candente sol calcina la memoria de sus letras escondidas sin sentir el ruego que perennice su existencia.

Me acerqué con sigilo y me impactó la fecha que rezaba desde hace más de un siglo atrás…”10 de Julio de 1898”. Más de cien años de existencia y parecía que nadie había advertido tal milagrosa antigüedad. El olvido indiferente opaca la mente de quienes diario visitan el santo lugar. No son sólo mis ojos que han viajado por allí, o mi mente sola que esté iluminada por tal impresión; más que eso, me llamó la atención por la gran riqueza literaria que versa en sus cuatro ángulos.

Pero este anta de forma cúbica engorrada por una pirámide regular hexagonal, hecho de tierra roja cocida con el mismo calor del sol que hasta hoy destruir no puedo; concluye con una pestaña finamente perfilada entre el cuerpo principal y la pirámide final. Un evidente monumento en memoria a la muerte.

La lápida principal de mármol antiguo, protegida por barrotes enmohecidos por el tiempo, muestra una figura original. Es un pequeño ángel que se posa con una corona sobre una niña, mientras ella yace aguardada celosamente por la madre llorosa. Una escena copiada de la divinidad. En esa cara principal, tan elocuente, reza la siguiente inscripción:

M. CLEMENTINA) (E. PACHECO)

“Tierna hija y flor perdida.
¿Cómo no llorar en tumba desierta
cuando el fiero destino solo de tres
arrebató impío de nuestro seno?
Velad por nosotros y E.P.D.

Pampas, Julio 10 de 1898

M.P. M.A.V.

Ciega es mi mente para merecerle un análisis literario confiable; sin embargo entiendo que el espíritu de resignación intolerable de sus autores no disimulan el amor que escribe con llanto de dolor mezclado con odio a la muerte impía que sin diferenciar la edad ni balancear el gran amor paterno, arrebatan sin aviso alguno al ser más querido.

Lejos estoy de deducir que si fue única hija que florecía en el altar de los brazos de sus padres, fue segada para adornar el altar divino. Aún así, no deja de ser cruel el beso felónico de la muerte, más si corta las esperanzas amorosas y ahoga en llanto el hogar adornado por la sonrisa de una hija. Lo que si puedo asegurar es que el amor es implacable como el mismo monumento que el tiempo y el olvido no han podido doblegar

La esperanza que transgrede con fe el espacio y el tiempo, se torna febril cuando se deposita en el altísimo al encargar una plegaria de “Velad por nosotros” y la dicha que en suma se consuela con el deseo de E.P.D. Obvio está que esta dulce niña de Dios Goza, desde hace más de cien años.

La tumba desierta es el destierro a un lugar solitario y vacío donde yacen los muertos, por eso quedan tan solos por siempre. Ese solo pensar desgarra un llanto insostenible más cuando la actitud protectora de los padres no hace renunciar al natural cuidado de los hijos, si son niños en gran razón.

Es una buena razón para inmortalizar este epitafio cargado de una expresión literaria profunda y nacido de un alma noble y virtuoso…

Hacia el este, por el orto, lado con el que saluda a la primera luz del alba, escrito sobre el estucado de yeso ya carcomido por el tiempo o desgastado por los ojos lectores del sol inexpresivo; logré descifrar entre letras entrecortadas, ya borrosas en la superficie áspera desblanquecida, el contenido de esta inspiración:

“Te lanzaste en raudo vuelo de mis brazos a la mansión dichosa, desde allí más que un pequeño consuelo me envíe la madre piadosa”

No carece de ritmo, más aún es rica en rima perfecta y una métrica casi exacta. De hecho está que un especialista en literatura podrá ver la precisión, sometiéndolo al análisis propio y deducir mi coincidente apreciación.

De algo si estoy seguro; que, el “raudo vuelo” es preciso tratándose de la temprana muerte de una niña de tres años que está cobijada en los brazos queridos de los padres y que por el quicio de la muerte fue destinada a la mansión dichosa que es el atrio de Dios; es pues la muerte de un ángel, y no hay duda que un ángel pertenece al reino celestial.

Es esa mansión dichosa donde mora la madre piadosa, madre de Dios que es la intercesora de las almas que aún transitan en el valle de sinsabores de la vida y es suficiente un ápice de consuelo siquiera para quien sufre de impotencia, de dolor y desgarro desesperado, luego de haber perdido al ser más querido y para siempre.

Es un cuarteto nacido de lo más profundo del sentimiento que a pesar de los años fluye como torrente fresco e incesante de la poesía.

Todavía indecisa pintaba la luz trémula del sol en la tibia tarde que arrebataba ya el frío. En las crestas de las montañas que todas las tardes hospedan al astro rey se dibujaba la soledad cual oropéndola desvaneciendo su vivo esplendor, con cuya luz casi gris para mis ojos pude notar que ese occidente gozaba casi eternamente del mensaje y la poesía ofrecida con entusiasmo de recordar la muerte del día en ese espacio pasajero, hasta el siguiente día; consecuencia de la ley cósmica. Esta es una tercera inspiración, aún más latente y piadosa que reza así:

“Tu muerte prematura cambió mi ventura por que tú, tierna criatura bajando a la sepultura arrancaste con amargura mi felicidad futura”

Es la mano de un corazón que se lanza a una plegaria con la ardiente fuerza de un deseo que no se consume, si no, en la inspiración del autor. La rima y el ritmo son perfectos, acercándose mucho a la métrica, propia de la poesía clásica. Hace más de cien años no se conocía la poesía moderna; pero el lenguaje del sentimiento transita permanente en el latir del doloroso pecho perforado por la pérdida prematura del ser querido que de hecho sega de porrazo toda la felicidad venturosa que a la par se duermen para siempre en una sepultura. La ventura repentina arrastrado por la muerte causa dolor y amargura, frustrando planes de felicidad y esperanza que marcan el norte de un futuro porvenir de una familia que se entusiasma con los hijos por verlos felices. De hecho está, que la felicidad es pleno éxito cuando se es feliz y se hace feliz a los demás.

Es esto una muestra intangible de que los hijos si estamos preparados de alguna forma para enterrar a los padres, como si fuera una ley natural; pero muy difícil que los padres estén preparados para enterrar a los hijos. El dolor que es mayor en la adversidad. No resulta ser normal.
He visto llorar padres con insostenible dolor por la pérdida de un hijo; también resistir con suma valentía el avatar de la resignación, que con gesto consolador llega al semblante como si fuera un paño de lágrimas.

La cara que da hacia el sur es un respaldo de resignación, para marcar la trascendental desgracia; mas para perennizar el día de la muerte sosegado por la expresión esperanzadora de “mejor vida”, pues en este valle de penas y lágrimas bíblicamente descritas es también una marca de toda una vida de sabores y sin sabores.

Se notaba ya con los pliegues que se derramaba con la sombra en el solitario cementerio una última lápida improvisada en el yeso; más aún conservada que las otras. Decía con cara que da hacia el sur el siguiente epitafio:

“Pasó a mejor vidael 10 de julio de 1898. Le dedicamos este pequeño monumento que perpetuará su memoria” VMP ----- MAV

Cierto es que por lo menos hasta hoy está perpetuando su memoria; cien años de soledad y olvido enmohecido por el tiempo y el viento fatigado llega chamusqueado a coronar con un soplo a este pequeño monumento que para mis ojos es el más grande de todos los que allí se erigen, por su resistencia indoblegable al avatar del tiempo y el gran significado de su poesía.

Dos cosas he sabido conjugar en esta visita; el tiempo y la poesía, de hecho está que existen monumentos más antiguos y de noble belleza, pero no para el cementerio de Chalampampa, más si se conserva pese a su rústica performancia para esta época y pintado por una singular inspiración poética.

No soy especialista en arquitectura, mucho menos en literatura, sin embargo mi modesto pensar me exige relevar algo significativo, más aún, si sobrevive la poesía en medio de la muerte.

Es preciso manifestar que no hay peor olvido que aquello que no se quiera recordar. El paso del tiempo es solo consecuencia de la ley cósmica; es muy cierto que muchas veces con sus manos marca el signo de muchos acontecimientos; pero no para los ojos que advierte lo que es trascendente a la luz de la cultura y la historia sobre los que se sostiene un pueblo.

Trascender es penetrar hacia la distancia, extenderse comúnmente en lo bueno, trasluciendo y divulgando sustancialmente los efectos de alguna cosa que produzca consecuencias de transformación; es precisamente penetrar en lo oculto, averiguar y comprender que estas acciones despierten interés de observar lo circundante y meditar ante el por que y para que de las cosas.

Todo tiene su razón de existir, y mejor si el tiempo lo conserva. Se edifican monumentos cuando marcan en el tránsito vital, obras o sentimientos de común causa, como perennizar la propia existencia e inmortalizar al mortal. Radica en ello la trascendencia del deificado mas si desempolvamos lo que es y será valioso para la cultura de un pueblo.

eso se trata este pequeño comentario; hallé entre la muerte algo que a muy pocos apasiona, la poesía; si es atrevimiento, pues a ese nivel será el cuestionamiento, creyendo siempre en la existencia de mejores ojos que observen, mentes que analicen o espíritus más sensibilizados de los que deberé aprender.

Trasladarse imaginariamente a través de un análisis de acciones que cuentan con más de cien años de soledad, no es tarea fácil, volver el tiempo mediante la inspiración y para la inspiración, me permitió observar este monumento al que considero de gran importancia. Si vas al cementerio de Chalampampa, visita este lugar, es muy mágico y triste a la vez, pues se está desperdiciando algo valioso…

Autor: Prof. Miguel Ángel Alarcón León
De: Cuentos Andinos y Poesías
Edit. Set. 2008