miércoles, 23 de octubre de 2013

EL RETORNO





Siguiendo con el afán de difundir narraciones o artículos de diferentes géneros de autores tayacajinos, nuestro Blog Saposaqta  publica esta vez, un relato más de Alfredo Gutarra Luján, joven escritor pampino.
“El pan y otras miserias humanas” es un conjunto de cuentos insólitos, modernos y desfachatados. No espere el lector una lección edificante o una historia con beneplácitos No.
Eso nos refiere su hermano Rafael, también escritor tayacajino radicado en la ciudad de Piura.

EL RETORNO
Llegaron en un día nublado como hoy, en un camión de carga. Nosotros los miramos con sorpresa y temor. Eran siete hombres que se habían alistado como soldados voluntarios. Los siete retornaban triunfantes de la montaña. Habían luchado heroicamente por su patria. Esa misma tarde se atrincheraron en el bar discoteca PK 2 y libaron hasta el amanecer. Contaban sus aventuras de guerra a todo aquel que se acercaba a saludarlos.

A medida que transcurría el tiempo, los siete hombres salían de sus casas por las tardes y paseaban cabizbajos por las calles del pueblo. Después se refugiaban en el PK 2 y entre tragos hablaban de sus aventuras en la montaña, de sus encuentros con los tucos. Ya embriagados por el licor y sus desaventuras estallaban en llanto y mostraban las cicatrices de sus cuerpos. Los parroquianos presentes los admiraban. Pero, al avanzar la noche, se iban retirando en grupos. Al final de la noche solo quedaban los siete hombres.

Ya de madrugada, con los primeros rayos del sol desaparecían uno por uno. En una de esas noches les escuchamos decir: “larguémonos de aquí, nuestros paisanos nos miran con desprecio y temor, no somos nada. Así nos pagan haber luchado contra los tucos, haber defendido a nuestra patria. Marchémonos el fin de semana”. Después de decir estas palabras empezaron a llorar.

Un atardecer los vimos tomar el camino que conduce hacia una zona fría e inhóspita. Por la noche, los pobladores se habían reunido en el PK 2. Bebían abundante licor y parecía que festejaban algo. No comprendí aquella algarabía.

Al transcurrir del tiempo, comprendí el comportamiento de mis paisanos para con estos soldados. Desde el regreso de los siete hombres ya no teníamos pueblo, los habíamos perdido en los diez años de guerra interna.

Una mañana me invadió una sensación extraña. Quería caminar tras los siete hombres. Alisté mis cosas y me enrumbé siguiendo sus huellas. Caminé día y noche, a veces sin descansar, con las ansias de encontrarlos pronto. Después de intensa e incansable búsqueda  me sentí impotente de no haberlos encontrado y me senté sobre una roca a orillas del camino, siempre pensativo.

Cuando el hambre y el cansancio surtían sus efectos, como el espejismo, vi acercarse unas sombras y alcanzarme aguan y comida. Al recuperarme pude reconocer a los siete hombres, quienes en coro dijeron que estaban retornando a mi pueblo en busca de paz. Me dieron la espalda y se perdieron entre la borrosa neblina.

Al cabo de tres días de penosa marcha. Llegué por fin a mi pueblo. Pero me di con la sorpresa de encontrarlo en un absoluto clima de soledad fantasmal. Al leer las pintas sobre las casas, comprendí que habían salido en busca de paz, conducido por los siete hombres. Caminé sin rumbo, hasta llegar a una gran meseta entre los picos nevados, donde se balanceaba por acción de los fuertes vientos, un gran letrero y pude leer claramente: Aquí descanzan en paz siete desconocidos y una gran multitud también desconocida. Por favor, no fastidiar”.

Autor: Alfredo Gutarra Luján
Fuente: El pan y otras miserias humanas
Editorial: Sietevientos Editores
Setiembre del 2009