martes, 15 de mayo de 2012

VIOLINISTA DE TAYACAJA


Todos miramos al violinista: nacer, morir, renacer, en el instante mismo de la tierra.
Entre canciones que fluyen de espléndidas tinajas plasmadas por alfareros de Ahuaycha, los olvidados vestigios alimentan el silencio amarillo del waranway. El violinista tiene la mirada llena de presagios, importante es aliviar las pulsaciones recónditas, alejar en silenciosa ceremonia  las heridas cotidianas de uno mismo. Le abrazamos uno por uno, iniciando el camino del retorno a los orígenes. Con esta lluvia, mis padres llegan puros ¡Oh,. viejo hogar!

El sol corretea en los mallquis de aliso de Pamuri. Tayaguaman nuestro chasqui  mayor recorre el camino del inca en las alturas, mientras la luna reposa guarecida en brazos de años eucaliptos. El sol irradia sus mejores galas. En las calles los hombres lucen el gorro llamado llojo y, como sombrero, las monteras, en forma de media luna, sujetas al cuello con cintas de distintos colores. Las mujeres visten la ropa de casa limpia y presentable, confeccionada en tela de color blanco y de marrón los bordes inferiores. ¡Ave María, Purísima!

La gente está más unida que nunca. Unos tocan el longor recogido bajo la protección de la luna llena, otros la tinya que luce una cerdilla con  espina para mejor resonancia. Todos forman una extraordinaria sinfonía, el conjunto instrumental es la voz coral de los ayllus, la música auténtica de la identidad unida al ritmo sonoro del río y la reverberación de los animales con sus cintas de colores en las orejas. En estos días de encantamiento nadie vive en soledad, no hay tiempo para que el alma se cobije en el silencio del viento.

La gente mira al violinista, no le reconoce. Cuando les cuenta que está triste porque las autoridades han mandado derruir las dos tumbas hechas con piedras alaimosca donde descansaban sus padres y abuelos, se ríen y dicen que habla cojudeces. Solo los viejos saben que tiene su tambo en San Juan de Pillo y su atalaya en Viñas. Que es silbo del viento, invisible danzante que –sonaja en mano- se hace memoria de candela, revelación del oráculo diluyendo las sombras que amenazan a los frágiles pajarillos.

Ahora danza alrededor de una mujer embarazada, danza, la hace dar a luz, danza, muestra al recién nacido y al instante lo hace desaparecer ante los ojos atónitos de los espectadores. Danza, danza. Arpa, violín, pañuelo, danza. Corazón madre: el viento siente asombro ante la vida.

El violinista está leyendo oráculos en las hojas de coca. Un día no my lejano -señala mirándonos fijamente- cuando caiga la lluvia por siete días y sus noches, cuando en el cielo aparezcan dos soles candentes no sabrán qué hacer en ese tiempo largo y azaroso. Entonces si recordarán las palabras de Curambayo que no decía cojudeces y le pedirán que nos ayude.

Es noche de luna en la hacienda San  Juan de Pillo. Desde el mirador de la ancestral capilla se contempla el paisaje pleno de alegorías, con tapiales florecidos en el poder dulcificador de la evocación. Entonces, la fibra de las vivencias se despliega en un tono conversacional revelando el maderamen tristón del corazón que, pese a todo, sabe cantar las claves emotivas de la vida.

Porque hoy, como nunca, llegas a la hora precisa a celebrar el amor verdadero y a conocer al violinista que trae a tu memoria los huaynos que responden a tu propio sufrimiento. Pienso que a estas alturas será un privilegio nacer, morir, renacer juntos en el corazón herido de la humanidad.

Carlos Zúñiga Segura
Colaborador exclusivo de Saposaqta