sábado, 15 de mayo de 2010

NUESTROS ESCRITORES


NUESTROS ESCRITORES

En el vasto reino de la literatura de Tayacaja, la presencia de escritores de distinta generación viene a constituirse en una permanente palpitación vital del hombre enhebrado en el resplandor mágico de nuestra tierra. Así lo venimos señalando en Cielo de fiesta en Tayacaja y en Literatura de Tayacaja que congrega signos y aromas en cuento, ensayo y poesía.

Esta virtual tradición literaria se funda desde el ayllu jamutay que es la hechura de la palabra al calor de la tullpa desde la sabiduría familiar, donde los kenkos (metáforas), watuchis (adivinanzas), willanakuy (cuentos), yachanakuy (consejas) y hahuachicuy simi (fábulas) florecen con galanura en Tayacaja.

Estos postales están consagrados a destacar algunos libros de autores nacidos en nuestra tierra.

Odón Cabezas Tovar nació en Paucarbamba, es profesor en la especialidad de Lengua y Literatura y editor de la revista “Paucar”. En setiembre del año 2000 publica SEÑOR WAMANI (Cuentos folklóricos) en cuyas páginas relata vivencias sucedidas en “las noches lóbregas de tupida neblina o frías noches de estrellado cielo, a veces bajo la pálida luna, antes que las aladas manos del sueño pose en las pupilas”. Su palabra viva cubre intensa travesía al relatarnos sobre El zorro y el jumento, La suegra de la perdiz, El Qarqacho, El Manchachicu, Señor Wamani, El Pisthaco y Los mineros donde nos cuenta: “Durante los años de permanencia en las aulas del Colegio Nacional San Pedro de Tayacaja” hoy Daniel Hernández, nunca recibí visita alguna (...) Esta soledad se debía a que yo era forastero, procedente de un lejano y olvidado distrito al cual se llegaba cruzando agrestes punas a lomo de bestia”.

Jesús Rafael Gutarra Luján es un autor consagrado, autor de los libros La Amilda está en el cielo; Tiempo de fuego y alegría, La muchacha de la sonrisa más bella del mundo. Sus relatos tienen por escenario nuestra tierra tayacajina, donde el autor vivió los años de su infancia y juventud para luego emigrar a Lima y Piura donde paralelo a su labor profesional cumple activa labor cultural. Gutarra nos dice en El Supay que nos ganó la alegría: “ Me acuerdo que fue miércoles que el Juancho Quillincho apareció tirado bocabajo, oliendo a pólvora y huevos podridos y con su corazón en la mano. Es el supay, comentaban, ha vuelto a vengarse. Y así fue. Un domingo al mediodía se apareció echando fuego y después de matar a quien quería, nos dijo: ustedes no tienen ojos ni oídos ni lenguas. Y nos fuimos quedando ciegos, sordos y mudos. Poquito a poco la gente fue desapareciendo de Mollepata”.

Juana Abad Rodríguez tiene la capacidad de adentrarse en las nervaduras de la literatura oral, es decir, en los mitos, leyendas y cuentos que eslabonan lo real maravilloso. Tiene en calidad de inédito un libro de relatos y en esos estadíos interiores nuestra escritora sabe y siente que su palabra es el fuego de la pasión creadora presente en Los Runamicujs, El alma condenada, Chalam David, El jarjaria de Rayan, El condenado de Mitupata. y en Nostalgias donde nos cuenta: “Viajar de Luichu a San Lorenzo en noches de luna deslumbrante, ante la cordillera occidental toda azul y tan imponente que tiene la sutileza de hacernos sentir diminutos ante Dios y gigantes ante la vida; mientras se sube la cuesta percibiendo a flor de piel la tierra cálida y una brisa refrescante, se siente en la soledad del paraje la compañía del rumor cantarín del Mantaro y la alegrías de saludarse al cruzar en el camino con los de Quintao y Jatuspata”.

Mesías Arias Segovia es un valioso escritor nacido en Tocas. En setiembre de 1995 publicó el libro Hombres del Perú profundo (Los Amarus) cuya lectura nos cautiva desde sus páginas iniciales hasta adentrarnos “en la soledad de las noches” y cantar “canciones con una música y voz divinas” o prometer a los cuatro vientos que “Iré con mi vaquita tras los viajeros que van a Pampas. Si me quitan a mi negrita saltaré al barranco. Prefiero morir”. Yaycupacuy, El forzudo y el diablo, Eusebio el peleador, El brujo invitando a la reunión de ancianos, El cura y la Mula; y, Benita la lunareja son algunos de los relatos que Arias asume con la palabra fresca de su Tocas de belleza indescriptible.

Como los escritores “somos vientos del pueblo, nacidos para pasar soplando a través de sus poros y conducir sus ojos y sus sentimientos hacia las cumbres más hermosas” en las próximas Postales de Tayacaja seguiremos aproximándonos a la creación literaria de nuestros escritores.


Carlos Zúñiga Segura
En exclusiva para Saposaqta