viernes, 20 de febrero de 2009

VIDA, PASION Y VIDA DEL PATO


Esta crónica quiere atestiguar sobre un casi anónimo acontecimiento, pero significativo, ocurrido en la celebración de la fiesta de la Santísima Virgen Purísima de Pampas Tayacaja, a la cual este urdidor concurrió en calidad de invitado

En sus fiestas nuestro pueblo se revela en su particular y deslumbrante singularidad. Y aunque en estas se exalta la alegría y la vida, no se podrá negar que en alguna de ellas persisten elementos de una crueldad sin atenuantes. Hay crueldad hoy en el deporte del boxeo, en las corridas de toros, en las peleas de gallos. Y en el mundo andino de ayer y hoy, en los sacrificios humanos (como el de la “momia Juanita”), en las batallas rituales como el “Chiaraje”, en el suplicio del cóndor y del toro en el “Yahuar Fiesta”, en los flagelamientos coreográficos, y en la decapitación del pato por tracción manual…. en el llamado “Jala Pato”.

Esto no debe ofender ni asustar. Desde tiempos inmemoriables, la humanidad, se ha impuesto ofrendar, su propio sufrimiento pero de preferencia el ajeno a la mayor gloria de su dios. No debemos olvidar que en el centro de la liturgia católica, Nuestro Señor Jesucristo está padeciendo a perpetuidad la más atroz de las torturas que haya inventado el hombre.

En Ate Vitarte, la fiesta estaba en su punto. Pasada la hora del sabroso “cuchicanca” convenientemente remojado, los pampinos daban rienda suelta a su entusiasmo. El pato con sus atavíos rituales: un coqueto sombrerito de rafia, y una capita colorada atada al cuello, fue colgado de las patas en el travesaño de un arco de fulbito a la espera de su triste final.

Mientras dos orquestas huancas no daban ni pedían tregua. Solo los niños esperaban “la hora” con esa mezcla de curiosidad morbo y compasión que todos conocemos. Acaso también a la espera de un milagro.

El pato parecía haber comprendido el mensaje siniestro escrito en los ojos de los que lo miraban. Ya no se movía. Y cuando todo parecía perdido para él, La Santísima Virgen Purísima obró este portento:

Emocionados por este acto de reconciliación, los celebrantes quisieron adornarlo con un gesto que quedará en los anales de las celebraciones pampinas: El maestro de ceremonias anunció a la ferviente multitud que la Mayordomía concedía CLEMENCIA AL PATO a solicitud de los niños pampinos y proclamaba la inutilidad del sufrimiento y el respeto por la dignidad de la muerte de toda criatura. La misma comisión que momentos antes había conducido al pato al escenario de su suplicio, procedió a su liberación ante la algarabía de los niños que pugnaban por acariciar y besar al afortunado, celebrando su indulto.

No sabemos si una tradición más ha sucumbido, ante la despiadada “globalización” o si unicamente ante el clamor bienhechor de los niños, hemos corregido una costumbre bárbara. Pero así fue como el pato redimido a la incertidumbre de la vida (dios sabrá hasta cuando) salió airoso de su escaramuza con el destino, e hizo mutis del recinto de la fiesta, en brazos de una dama, al ritmo de una sabrosa muliza.

Autor del Artículo: Gonzalo Tapia, cineasta limeño.
Publicado en la Revista FESTIVAL Nº 6 en Febrero del 2003.
Imagen: Óleo de Luis Serrano.