lunes, 17 de marzo de 2014

LOS CORTAMONTES




En el valle de Pampas Tayacaja, como en muchos lugares del Perú, en esta época del año, se realizan los famosos “cortamontes” o “yunsas” costumbre, dicen algunos, “tradicional y bonita”.  La costumbre consiste en talar o quitarle la vida a un hermoso árbol de la campiña, y que cumpla los requerimientos y cualidades solicitadas, esto es, altura, frondosidad, grosor del tronco, para luego trasladarlo al lugar elegido para el festín y plantarlo en un hoyo previamente preparado por los organizadores.

 Antes de “plantarlo” el árbol es “adornado” con artículos de plástico barato, frutas, o prendas de vestir. Seguidamente los organizadores invitan a la concurrencia, hacha en mano, a dar  inicio a la fiesta bailando en pareja alrededor del árbol. Por supuesto que los "mayordomos" se han premunido de muchas cajas de cerveza que las reparten cada vez que una pareja haya hecho uso del hacha.  Los varones hacen gala de su destreza o fuerza de “macho” para impresionar a la fémina que la tiene como pareja. 

Al cabo de un tiempo, el árbol  cae, mientras los participante se ponen a buen recaudo para dar paso a los jóvenes y niños a lanzarse tras su presa, mientras que la pareja que logró “tumbarlo” es alzada en hombros al son de una fanfarria ejecutada por la orquesta presente. Esta pareja será llamada a realizar un acto similar el siguiente año. (Saposaqta)   

LOS CORTAMONTES

Por su modo de pensar, el hombre decide si vale la pena usar una herramienta u otra. Pero ¿Por qué razón en esta época, principalmente los provincianos derriban masivamente nuestros árboles urbanos? ¿Qué obliga a que en una sola cuchipanda carnavalesca, se talen 30 hermosos árboles que hasta un día antes nos brindaba invalorables servicios en la muy contaminada Lima?

Colgar de los árboles (previamente talados y vueltos a instalar) multicolores objetos para atraer a la clientela dejó de ser una fiesta costumbrista familiar para convertirse en una actividad metropolitana muy lucrativa y con enorme vigencia en Lima que no solo las realizan los andinos sino también los nacidos en la selva, y en menor número los costeños, bajo el pretexto de darle continuidad a la tradición.

Antiguamente era un solo árbol en torno al que se reunía la familia y algunos invitados del barrio. Hoy no existe más esta vinculación; solo prima la relación comercial.

Para ello se cuelgan del árbol preferentemente objetos de plástico y algunas prendas de vestir de mala calidad; sin embargo. Últimamente para atraer más participantes, los febriles promotores folklóricos, prenden billetes de diez dólares americanos en algunos árboles a los que se les ha venido a dar nombres como “túmbame si puedes”, “parado es mejor”, “te espero en el suelo”, etc.

Ante este fenómeno depredador, la recordada cantante ayacuchana Nelly Munguía acuñó la frase “Si talas un árbol para tu diversión, planta varios para la vida” como una alternativa para quienes desean realizar la fiesta costumbrista; sin embargo “los cortamontes” o “yunsas” se multiplican en la medida que la crisis económica y de valores aumenta, no avizorándose aún su compensación reforestadora, ni mucho menos una mejora en la actitud ética del hombre frente a la naturaleza.

No solo son las instituciones provincianas de todo tipo y los promotores folklóricos, sino también las personas naturales que frente a la falta de recursos familiares echan mano al árbol del barrio o de la ciudad para recaudar fondos económicos. Y como la crisis es duradera entonces en cualquier fecha del año se derriban más y más árboles.

Lamentablemente es ver a las autoridades que deben reglamentar el uso de nuestros árboles urbanos, participar en los populares “cortamontes” o “yunsas”.

Muchas definiciones de lo que significa una costumbre festiva de esta naturaleza pasan por nuestra mente; pero todo indica que la mejor definición no se redacta con la pluma. sino con el hacha. Entonces dependerá de lo que piense un hombre cuando decide darle de hachazos a un árbol solo por divertirse.


Artículo extraído de la Revista FESTIVAL
Año 1 Nº 6   Febrero- Marzo 2003
Director de la Revista: Antonio Muñoz Monge