sábado, 3 de septiembre de 2011

LA PILETA DE PAMPAS


CELEBRACIÓN DE LA HISTÓRICA PILETA

Cuando retornamos a Pampas y el auto nos deja en el parque, el corazón revienta en un tiesto de recuerdos. Nuestros ojos observan las veredas, las bancas y las flores y un extraño milagro nos la muestra tibia al cobijar el signo y aroma que alude a la vida de los años de niñez y juventud.

Entonces, uno siente que es difícil seguir enhebrando nuestro camino sin este paisaje esencial, porque estando lejos escuchamos el llamado del parque hablando de noche, bajo la misma luz antigua, recordándonos cuando caminábamos en su rededor al compás de los latidos del corazón, de la levedad de la lluvia, el canto del jilguero o el beso tembloroso de amantes arrullándose en la pampa acompañado del río.

Toda esta manta multicolor de vivencias, adquiere mayor jerarquía cuando en las parcelas del alma, se evidencia la ternura de los abuelos, padres, hermanos, novias y amigos que a los años y la distancia buscamos sus manos y ojos para entibiarnos en la gran aventura de la experiencia humana.

Esa plaza que atesora vivencias en las diferentes aristas de la vida, desde hace tiempo tiene fracturada su imagen vital: LA PILETA, es decir, su símbolo, en la medida que cobija el amor, la fe y la esperanza de los tayacajinos que la colocaron como Ofrenda en una fecha memorable que la historia consagra.

Esa hermosa e histórica pileta se encuentra sin ninguna relevancia en el Parque Ecológico. En las noches de plenilunio danzan los gentiles al compás del longor y la tinya y dicen que de la mano del viento llega al municipio el mensaje de su REPOSICIÓN. Desde Lima y otros lugares del mundo se alzan voces en exaltación jubilosa presintiendo que en un próximo viaje quedaremos encantados viendo que nuestra Pileta germinará como antaño el Regocijo del origen, el color exacto de los sentimientos, la cinta identitaria que debe prevalecer siempre. De ser así, como jilgueros y torcazas los tayacajinos auspiciados con todos los aplausos celebraremos la gracia inefable de la vida que nos redime en un auténtico cielo de fiesta.

Carlos Zúñiga Segura
Colaborador exclusivo de Saposaqta