martes, 2 de febrero de 2010

Tayacaja, emporio de potencialidades


Tayacaja, emporio de potencialidades


Los cardinales en los que se asienta la primaveral y promisoria Provincia de Tayacaja, con su encantadora y siempre generosa capital Pampas, le otorgan la excepcional particularidad de disponer de variados espacios geográficos y ecológicos, los cuales a su vez se configuran en potenciales zonas, de un lado, para realizar, direccionar y/o retomar actividades productivas rentables de manera intensiva; y de otro, para iniciar prospectos de ecoturismo o turismo vivencial revalorando sus recursos monumentales, paisajísticos y expresiones de cultura viva ancestral muy valiosa; implementando para ello las condiciones mínimas necesarias, como adecuadas vías de penetración, infraestructura de servicios, acciones de promoción, entre otras; enmarcados en conceptos de competitividad, calidad e inocuidad, razonable y progresivamente.


No resulta novedoso ni mucho menos extraño que en el ámbito territorial de Tayacaja, con 3 371 km2 de área superficial, en los que incluye 711 centros poblados menores, 16 distritos y 149 Comunidades campesinas; se aprecien formaciones orográficas diversas con pisos ecológicos que encontramos desde los 900 m.s.n.m. hasta los 4900 m.s.n.m. generando ventajas comparativas y una excepcional biodiversidad, que desde siempre se constituyeron en el hábitat y permanente fuente de recursos agroalimentarios, forestales, mineros, etc., destinados a cubrir las necesidades locales y constituyéndose en centro de abastecimiento sostenido de ciudades densamente pobladas como Huancayo y Lima principalmente. Merece alusión especial el hecho de ser Tayacaja la provincia más importante en la generación de energía eléctrica del Perú, con una capacidad instalada de 1008 MW, a través de las centrales hidroeléctricas Antúnez de Mayolo y Restitución, cuya posición de ventas se halla en el orden de 46 % a nivel del Sector energía. No en vano es considerada la capital energética del Perú.


Lo descrito nos revela fidedignamente que se trata de una provincia que dispone de suficientes recursos naturales, los que desde tiempos inmemoriales fueron trabajados; no otra cosa significa la existencia de importantes predios (ex haciendas) que hasta la década de los 80, marcaron el ritmo de la producción agrícola, entre las que citamos algunos como: San Juan de Pillo, Paltarumi, Estanque, Tocllacuri, Nuñunga, Callacasa, Colpa, Matibamba, Chiurur, San Lorenzo, San Vicente, Ranra, Mutuypata, Chuspi, Teneria, Villa Azul, Huayrapata, Pichiu, Pilcos, Huntacceros, Lloque, Nogales, Ninabamba, entre muchas otras, las cuales no obstante mantener una estructura de relaciones sociales de producción y régimen de tenencia de tierras injusto – excluyente y hasta abusivo – aseveración que eventualmente podría ser discutible (rubricado en la existencia de hacendados y haciendarunas), desarrollaron actividades productivas rentables y con éxito para su tiempo, precisamente favorecidos por las condiciones de clima y suelo (edafo-climáticas) de los pisos ecológicos en los que se asentaron.


De lo mencionado inferimos que la economía Tayacajina de una vez por todas debe descubrir y/o redescubrir plenamente el potencial que ofrece su ambiente y recursos naturales para propiciar un desarrollo sostenido, de manera tal que contribuya sustantivamente a la superación de la pobreza, apostando por conocer y poner en valor estos ámbitos, lo que sin duda fomentará empleo, optimizará la producción, favoreciendo la generación de ingresos en beneficio de las poblaciones rurales y urbano marginales. Solamente así podremos superar la paradoja de preciarnos de contar con ingentes riquezas manteniendo aún poblaciones en situación pobreza y extrema pobreza, además de la estigmatización de ser parte del departamento más pobre y atrasado.


Finalmente soy un convencido de que los tayacajinos estamos en condiciones de cambiar de paradigma, es decir generar riqueza y no aliviar la pobreza; para cuyo efecto se impone la necesidad impostergable de formular propuestas técnico-económicas consensuadas, que no solo admitan conocer la biodiversidad, sino buscar mecanismos coherentes, ágiles y realizables que permitan otorgarle valor agregado a sus riquezas.


Magno Gutiérrez Enríquez
Colaborador de SAPOSAQTA
Correo:magnogutierrez@yahoo.es