viernes, 19 de febrero de 2010

DESDE LA CUMBRE DEL YANAPADRE

SAPOSAQTA presenta en esta oportunidad, el poema “Desde la cumbre del Yanapadre” del escritor José Abad Idoña, nacido en la ciudad de Pampas Tayacaja en abril de 1932. El Yanapadre es el guardián eterno de la ciudad, y éste es un homenaje del autor a este cerro tutelar de Pampas.


DESDE LA CUMBRE DEL YANAPADRE

Hay algo más que el verde de tu valle

y son las sombras

de los altos eucaliptos casi siempre insomnes,

alisos de fastuosa envergadura

y hojas cayentes, ojos de otoño,

entre el azul de tu cielo añil


Tus altos cerros de sinuosas cumbres

donde reverberan los áspides solares

de nocturno celaje, aves noctámbulas

de alas transparentes en el averno

que en el claroscuro del amaneciente día

esconden vuelos, retozos, desembozando el sueño

Y la cruz de un San Cristóbal color de mies

con capulís de sabor incierto

bruñen los álgidos bronces de en lontanar bicúspide


El Yanapadre, tutor inconmensurable

de aqueste Pampas Andino,

dicta formas, indica caminos

y desde allí, el Wiracocha divino

unge almas, enrumba mentes.


Dios del alma querido

Wiracocha impertérrito de cantos

busco tu sombra, para que mi corazón herido

abreve penas, con la imagen de tu forma sempiterna


Comienzan las gotas de un diluvio interminable

cuando tu alma retumba en hórridos sonidos

y reverberan las viñas de tus campos

en verdes altisonantes

un día cuando venga la noche

subiré a lo mas alto del otero

y entre llantos, de rodillas

oraré por el ayer, trastocando

el hoy por la mañana

Pero cuando el verdeolivo del alcacer

brinde a mis ojos la paz de tu amor,

volveré es casi seguro que volveré

Por los átomos de mi cuerpo

reclamarán la fuerza telúrica de tu ser.


Yo sé que en lo alto, en lontananza

tu valle en cuervas indescifrado

brinda a la luz el reflejo de tu alma

andina, impertérrita, ni fugáz ni asida

con crenchas oscuras de la noche

sin fin de estrellas que rutilan

en las pupilas de mis ojos

en los huecos de mi alma.


Hondas quebradas, repliegues andinos

que como faldas de hermosísimas guerras

uncen los muslos de gualda coloreado

y entre la amarillura de tus calientes tardes

surgen los lotos de paquidérmicas orejas

con ojeras de una mala noche interminable.


Y allí está la humarada del matutino trajín

con leñas olorosas a hogar

los fuertes vientos que bambolena tu nombre

en cada hoja escrito

para que la memoria de lo tuyo

recuerde a cada rato tu vivaz estirpe andina

volcada en las alturas de unos Andes romos

con sinuoso pudor de enhiestos hombres cetrinos,

recios, taciturnos, derechos hasta la muerte

resucitada en cada cúspide

de una blancura impar y resonante

¡ Oh ¡ tierra invívita y eterna.


Fuente: Libro de Relatos “Puñal de Cachita Blanca”.

Autor: José Abad Idoña.

Ediciones Capulí, 1996.