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martes, 28 de septiembre de 2010

RECUERDOS DE NUESTRO PUEBLO

Pampas es la capital de la provincia de Tayacaja, departamento de Huancavelica; está ubicada en la parte central y meridional de un extenso valle y tiene como guardianes a dos colosos pétreos, el Yanapadre y el San Cristóbal. El valle está orientado de oeste a este, es bañado por las aguas del rio Opamayo, que nace en las alturas de San Juan de Pillo y se abre paso dificultosamente a lo largo de todo el valle, originando en su recorrido un sinuosos meandro; en la época de estío prácticamente se seca, pero en el verano aumenta su caudal y se desplaza en forma silenciosa haciendo honor a su nombre que significa “río silencioso” en nuestro idioma nativo.
Hernán Canales Acevedo (Pampas de Leyenda)

Todos los pueblos tienen algo que contar, historias reales o imaginarias que son las tradiciones y las sabidurías de los pueblos y pienso que detrás de un mito, hay algo de cierto que debemos conocer y revalorar.
Juan Taboada Mendes (Historias, Mitos y Leyendas en Tayacaja)

Tardes de mi pueblo
te recuerdo
recorriendo sueños
de infancias dormidas,
entre calendarios
de manos polvorientas,
Te recuerdo
con juguetes de molle
y cometa al viento.
Carmela Abad Mendieta (Poemario)

Tayacaja es reconocida como la capital energética del Perú, porque en su suelo se ubica la Central Hidroeléctrica del Mantaro la misma que proporciona energía eléctrica a una docena de departamentos del país. Su capital Pampas, está a 70 kilómetros de Huancayo, a 379 de la ciudad de Lima.

Tayacaja se enorgullece de ser la cuna del maestro Daniel Hernández Murillo, fundador y director de la Escuela Nacional e Bellas Artes hasta el día de su muerte. Hernández nació en la modesta aldea de Urpay comprensión del distrito de Salcabamba. En Lima y en las mejores urbes dio lustre a la pintura nacional.
Carlos Zúñiga Segura (Literatura de Tayacaja)

….”sigo volando feliz por el firmamento de los cielos de Pampas. Ahí está mi casa, con la tía mamá sentada en la vieja poltrona, en el corredor tomando sol o podando sus rosales, cantando, silbando esa canción triste que, todavía la escuchamos, “cuando va muriendo el día y se va ocultando el sol, no has visto como se agrandan, las sombras de la colina” Ahí están las palomas castilla de la vecina, que anidan en los huecos de los aleros, debajo del techo de tejas, engordando sus buches, moviendo sus cuellos, picoteándose, enamorándose….”
Antonio Muñoz Monge (Que nadie nos espere)

sábado, 14 de agosto de 2010

CHALAMPAMPA



Barrio de poetas, músicos y pintores

Una atenta mirada desde la emoción y los recuerdos en las calles y hogares de Chalampampa donde nacimos, consolida la idea de que todos somos una familia, un tejido permanente de vivencias personales y colectivas que nos alimentan desde nuestras infancias hasta la cotidiana aventura de la vida en madurez.


Estuve en abril y en julio. Visité la capilla María Auxiliadora y recordé el gesto de la familia Acevedo - Olivera donando el terreno para su edificación por documento de fecha 9 de febrero de 1926 ante el notario Mariano E. Cárdenas. La colocación de la primera piedra el 1 de julio de ese año a las 4:00 p.m. en presencia del R.P. Miguel Torre delegado diocesano y la participación de la señora Raquel García de Quijada, Celso S. Abad y Santos T. Córdova y la posterior suscripción del acta ante el notario Alejandro Acevedo. Luego el año 1932 la donación de la puerta a cargo del filántropo Octavio Zúñiga. Este templo es el símbolo del barrio, su atalaya espiritual, su plenitud histórica.


Unos pasos más adelante doña Teófila Flores de Donayre me invita riquísimos chaplines y melcochas. Saludo a Choyo y su familia doña Rosa, Delia y Rosalía Monge. Don Sebastián Ruiz y sus hijos, la familia Barrientos Peña, don Horacio y su hermana Magda, las familias Landa, Aristizábal, Ortega, Chávez, Zamudio, Cosser, Vega, doña Carolina Sttubs, Olinda Aroni, la familia Mendieta, Acevedo, Bernardo, Donayre, Ernesto Ruiz, esposa e hijos; y doña Urpi ofreciéndome su picante de cuy en salsa de mani y doña Zoraida su famosa chicha. Qué linda familia en verdad suscribiendo con sus acciones páginas de verdadero sentimiento. (No cito apellidos tan queridos por espacio en la página).


Raúl Cámac, pintor y amigo de años, sale de su casa y me invita a ver sus cuadros y visitar el hogar de su tio con mates y portarretratos de impecable manufactura. Mariano Martínez nos da alcance en la pequeña placita donde confluyen las tres calles del barrio, bebemos unas cervezas y visitamos a los amigos y amigas para hablar de la vida, de las ausencias que son presencias, de los sueños que quedaron en los aretes de la luna, de los amores jurados en el puquial como eternos para llegar al olvido.


Aquí en Chalampampa están los amigos y las familias a quienes queremos y nos quieren. Este sentimiento obra el milagro de reinventar nuestro barrio, hacerlo vivo como antes, hasta convertirlo en palpitación vital del hombre enhebrado en el resplandor mágico de los recuerdos.


Autor: Carlos Zúñiga Segura

Colaborador de Saposaqta

viernes, 6 de agosto de 2010

DON 'HIPO', EL MÉDICO DEL PUEBLO

Don Hipólito Martínez Ruiz, el médico del pueblo cariñosamente llamado “Don Hipo” llegó a Pampas Tayacaja, por los años 1922, en tránsito hacia Ayacucho. Lo acompañaban su hermano Julio y un socio quienes decidieron quedarse allí a reposar el largo y fatigante viaje.


Fue así que a la mañana siguiente, los viajeros se reconfortaban con el sol pampino, en el parque principal. En aquellos momentos, una simpática profesora de ojos verdes cruzó el parque libro en mano, rumbo a su escuela.


El joven farmacéutico sorprendido, le dirigió un fino piropo. La profesora también sorprendida, volteó el rostro y se produjo ese intercambio de miradas, llamado amor a primera vista. Esa química milagrosa que une a un hombre y a una mujer.


El galán había caído, víctima de ese amor, y resolvió quedarse hasta conquistarla. Los compañeros de viaje no tuvieron otro remedio que retornar hasta Apata (Junín).


Así comienza una breve semblanza de la vida y obra del joven farmacéutico que dedicó con amor, medio siglo de su vida al servicio del pueblo de Pampas Tayacaja. El había nacido en Apata, un pintoresco pueblo en el prodigioso valle del Mantaro.


Se había graduado de farmacéutico en la Universidad de Iquique (Chile) y de vuelta al Perú se dirigió a su querida tierra donde lo esperaba su amorosa madre doña Nicolasa Ruiz.

Después de unas merecidas vacaciones formaron una sociedad con su hermano y un socio para abrir una farmacia en Huamanga Ayacucho. Allí se quedarían hasta triunfar.


Juntaron sus ahorros, compraron un lote de medicinas básicas y partieron los aventureros hacia tierras ayacuchanas.


Pero el histórico viaje se truncó esa soleada mañana en el Parque Principal de Pampas, donde el galán decidió quedarse hasta conquistar a la agraciada profesora.


El farmacéutico prendado de aquella joven pampina, tras una larga batalla de cortejos, logró la aceptación de la señorita profesora Rosario Valenzuela Orderiz.


Dulcemente los novios tejieron el clásico nidito de amor, alquilaron una precaria tiendecita en Huanta Calle, donde organizaron los pocos remedios que portaban. Rellenaron con botellas vacías, velas y coca para empezar a ganarse el pan de cada día. Ya en el pueblo había corrido la voz, la presencia del boticario.


Sus primeras atenciones, sus conocimientos, y esa gran voluntad de servicio, le abrieron fácilmente las puertas de la fama.


Al año siguiente la pareja de novios contrajeron matrimonio con la complacencia y el calor del pueblo que los acompañaron entusiastamente durante los festejos de la boda.


Hipólito y Rosario unidos para siempre, encargaron su primer heredero. Tuvieron la suerte de alquilar una tienda con vivienda en la esquina del Parque Principal, donde una brillante mañana se habían conocido.


En aquella esquina inauguraron la legendaria Botica Cruz Roja, donde la figura de Don Hipo se consagró plenamente. La población desamparada que solo contaba con una posta sanitaria, desde ese momento contaba con una farmacia y un farmacéutico dispuesto a luchar contra lo imposible. Don Hipo se convertía en un líder de la medicina En un personaje caído del cielo, irremplazable y milagroso. No se durmió en sus laureles y continuamente se actualizaba con sus libros. Revisaba toda revista o periódico que llegaba a sus manos, buscando las informaciones médicas. que lo ayudaran en su solitaria batalla.


Se afianzó la inconfundible figura de don Hipo, un joven simpático, inteligente, siempre atento, de mandil blanco junto al mostrador de la farmacia. Contaba con dos armas muy poderosas: su claro espíritu humanitario y ese gran sentido de la amistad y cordialidad con que levantaba el ánimo del más dolido. Cultivó esa relación médico-paciente de amor y solidaridad que lamentablemente hoy en día se ha perdido.


Autor: Luis Martinez Valenzuela

Fuente: “Pampas tierra del alma”. Lima 2004

viernes, 30 de julio de 2010

EL GRAN CHOYO


CHOYO. Fernando Monge Palma

Hablar de monges y abades es lo más usual en Pampas, capital de la provincia de Tayacaja, porque por alguna complicidad de la noche, sus habitantes resultan teniendo sangre de monges o de abades.

De esta estirpe era Choyo, pero no precisamente monacal. Enamorado de la guitarra o ella de él, por mucho tiempo fueron uno, tantos, que el día que lo enterraron, su guitarra crujió en su cuarto. Se destemplaron las cuerdas y chirriaron sus clavijas como un lamento de último adiós.

¿Serenata?, ¿Cuándo?, ¿hoy? ¡ Vamos donde Choyo ¡
No importaba la hora, menos que la idea fuese repentina, apurada por los efluvios de los “últimos” tragos en la tiendecita de Lezama, la única que abría sus puertas y daba cobijo también a cualquier hora de la noche, solo a esos sempiternos parroquianos de la bohemia interminable.

Si Choyo estaba en la reunión, obviamente que la guitarra estaba con él, sino, había que buscarlo en su casa, y, tras la insistencia en el toque de la puerta ver asomarse al Choyo sacudiendo el sueño que vencía sus párpados.

Luego de la breve reticencia se enfundaba la interminable chompa “Jorge Chávez”, se cruzaba la chalina al cuello, cogía la guitarra y salía con la comitiva, cruzando las calles estrechas, silentes, apenas alumbradas por el candil de sus focos apacibles como el pueblo.

- ¿Para quién es la serenata?
Nadie estaba seguro. Era para todas las beldades que cada uno fuera eligiendo en su pretensión de conquistarla, o tan solo recibir el calor tibio de sus sonrisas o la mirada de ternura que aliviara la soledad.

Se elegía un orden catastral en la serenata. Se comenzaría por los rumbos de Jarhuaturco para ir peinando el pueblo por sus principales calles, donde vivieran hermosas muchachas con ojos de capulí. De Jarhuaturco se enrumbaba al jirón Progreso, de allí a la Plaza de Armas, parte de la avenida Centenario, luego al jirón Grau, el jirón Miller, todo el jirón Bolognesi y Huanta Calle.

Así, de casa en casa, mientras Choyo rasgaba la guitarra el vigía de turno divisaba las ventanas para descubrir movimientos que denotaran la atención que se prestaba al mensaje amoroso de la canción.

Las voces se alternaban en el canto, pero Choyo no podía dejar de tocar. Entre todos se turnaban sirviéndole la copa con el líquido aromado de la caña en su boca. Igual ocurría con el cigarrillo que conservaba su fuego, incrustado en el terminal de alguna cuerda en el clavijero de la guitarra que pulsaba Choyo.

Fueron varias las promociones de muchachos que disfrutaron la amistad y compañía de Choyo y su guitarra, y muchos también los que flecharon para siempre el corazón de las palomas en flor, con la canción acompasada por la guitarra amorosa de Choyo.

Cuando me lo contaron, sentí que una cuerda bucal se me quebraba. Increíble, apenas entrando a la edad en que los frutos comienzan a madurar, Choyo se había adelantado en el camino con su chalina cruzada hasta cubrirle la boca, para que el viento sideral no le apagara la voz.

Desde entonces, las promociones que se cruzan por los caminos de la vida, se precian de haber alternado las serenatas y la toma del “quemadito” al lado del bohemio emblemático que nunca dejó su pueblo. El amigo entrañable que no negaba su compañía y su guitarra, el enamorado que quería cautivar golondrinas al borde del Opamayo.

Choyo Monge, guitarrero insomne, de los zapatos polvorientos. Bohemio impenitente de la chompa interminable, chalina al viento cantando libertad. Asoma al espacio sideral y escucha el canto andino de tus hermanos en la quietud de las nochecitas de Pampas con sus chismes y sus trampas.

Autor: Gustavo Córdova Valenzuela
Fuente: Revista Festival, Julio del 2005
Foto: Cortesía de Hernán Canales.
En esta fotografía figuran de izquierda a derecha: Hernán Tovar, Joel Ospina, Choyo Monge, Adolfo Barrientos, y Hernán Canales.

domingo, 18 de julio de 2010

DESEMPOLVANDO RECUERDOS


DESEMPOLVANDO RECUERDOS DE ANTAÑO

Viajando en la máquina del tiempo mental, me sitúo en los años cincuenta, etapa de la transición de la niñez a la adolescencia, cuando cursábamos nuestros estudios en nuestra querida escuela pre vocacional de varones número 521, recuerdo que nuestro director era don Jesús Acevedo al que le decíamos “ Quillo”, cuyo castigo era darnos un jalón de orejas a jalarnos de las patillas de la sien, nuestros profesores eran don Francisco “Pancho” Ortega, Zacarías Oregón, la inefable y muy temida señorita Isaura Tovar, cuya aula era de propiedad permanente y pasaban los alumnos del segundo año, la profesora Guillermina Vilcahuamán, la profesora Adelina Sánchez de Matamoros, el “Chino” Gálvez y algunos mas que en este momento no recuerdo. En esa edad de dicha la vida se presentaba en temporadas de juegos, se iniciaba el año escolar jugando a los ñocos con bolitas de cristal, seguía el “mundo” en que se tenia que trasladar una rodaja de piedra o teja con la punta del pie a través de un sendero trazado y saltando en un solo pie. luego venían los trompos con sus púas especiales y se jugaba a los “quiñes” o a sacar monedas, después era el runrún con sus bordes bien afilados jugando al “cuchuchi”, en las vacaciones de agosto se hacían volar cometas en Yanama o en Rumichaka, para luego seguir jugando a la “chalaquita” o “cara y sello” con monedas de chico, gordo, medio, real o peseta o en su defecto trozos de loza, luego se ponía la moda las “pelis” y finalmente el bolero. El fútbol se jugaba en todos los recreos y era allí donde destrozábamos los zapatos y ensuciábamos la ropa.


El horario de clases era partido: mañanas y tardes, en que generalmente nos hacíamos la “vaca” por las tardes, para ir a nadar al rio Opamayo, en algunos remansos hondos como el “morro de Arica”, o “la playa de los vaqueros” ; y los policías, que a falta de ocupación iban a perseguir a los “vaqueros”, siendo uno de los mas famosos el muy temido por la niñez de Pampas el guardia Abraham Ávila que se le concia con el apelativo de “Loqchimber” quien los llevaba a la comisaria y entregado a sus padres, previa azotaina . En los recreos nos poníamos a jugar a la “convoyada”, en el local de la cárcel de Pampas que estaba en construcción, cuyas obras se paralizaron durante muchos años.


Algunas veces, era un espectáculo ver a Carlos Martínez mas conocido por el apelativo de “cojo Lacha” premunido de la corneta mayor de la escuela y seguido por los chiquillos que seguíamos al Bando Municipal, en cada esquina se detenía la comitiva y el pregonero leía en voz alta el comunicado del Alcalde a la ciudad.


En esa edad de la vida, en que comienza a formarse la personalidad, se comenzaba también a cimentar grandes amistades del futuro, como no recordar las fiestas del mes de enero en que estábamos al cuidado de la caída de los globos aerostáticos, si caía uno, toda la chiquillada nos abalanzamos y el globo desaparecía, pues cada uno cogía su trofeo, un pedazo de papel de cometa y que lo utilizábamos después para pintar de negro las cara de algún amigo descuidado, protagonizábamos también la lucha de alpuntos, para lo cual llenábamos nuestros bolsillos con las semillas de las papas llamados alpuntos y con nuestros jebes hacíamos la guerra, o en su defecto, cortábamos un tallo hueco de la cicuta y lo convertíamos en cerbatana y los dardos eran los frutos verdes de las guindas, con nuestra cerbatana jugábamos a la guerra en la casa de Abad, una inmensa mansión a medio construir que habíamos convertido en nuestro cuartel general.


Recuerdo muy claramente algunos “opas” que formaban parte del folclore pueblerino tales como Antanco que al decir de los mayores era temido por su descomunal fuerza, pues decían que cargaba costales de papas de cien kilos de peso y que era capaz de pelear fácilmente contra un toro; el otro opa famoso era Mariano que se pasaba la vida haciendo mandados y en las corridas de toros era el torero principal, pues se lanzaba temerariamente al ruedo con un pedazo de tela, que en sus orígenes fue posiblemente poncho, como capa para torear a los ejemplares taurinos, muchas veces fue corneado y revolcado por el animal, pero parece que la suerte siempre le acompañaba, ya que nunca pasó de leves rasguños; otro personaje que llamaba la atención era “Media vida”, nadie sabia su nombre, era un tipo de talla mediana, extremadamente delgado, de ahí su apelativo, no tenia un domicilio conocido y tenia la habilidad de hacer candelabros y ceniceros de lata, para lo cual se agenciaba de latas de leche o aceite y como herramientas tenía una tijera, un cautín y un alicate que le servían no solo para hacer sus trabajos de ojalatería, sino para parchar las ollas, platos y tazas, de muchos hogares que requerían sus servicios.


En aquella época, el rio Viñas traía agua todo el año y las lavanderas lavaban la ropa utilizando, además del jabón, unas palmetas con la que golpeaban la ropa sobre una piedra, mientras nosotros jugábamos en el resbaladero del puente que era el plano inclinado de cemento pulido, después de haber visto con asombro como acerraban los troncos en el aserradero de Enrique Latoure y finalmente, terminábamos la tarde en la piscina de don Eudolfo “Ucuco” Sánchez.


Como no recordar las famosas tardes futbolísticas en la que brillaban Lucho “Chenqo” Monge, Rubén “Chacra” Hurtado, el “Moño” Gutiérrez, Luchito Lazo, Juvenal Monge, Antonio Cano, Víctor Cósser, Eli Pacheco, el “Chico” Torres, el “Negro” Córdoba, el “Chino” Gustavo Monge (recientemente desaparecido) los grandes arqueros que eran nuestros ídolos el “Cachca” Candiotti y Paco Chávez, el primero defendía el arco del equipo “Daniel Hernández” y el segundo del “Centro Unión Tayacaja”. Además de estos dos equipos el “Club Impuestos” y el “San Juan de Pillo” conformaban el firmamento futbolístico de Pampas. Don Gustavo Gamarra, fue siempre líder y pionero del deporte en Pampas y César “La vieja” Morales el primer arbitro que usó muy orondo el uniforme oficial de los árbitros.


Titulo: Desempolvando recuerdos de antaño
Autor: Hernán Canales Acevedo
Imagen: Fundadores del Colegio Nacional San Pedro de Tayacaja

viernes, 25 de junio de 2010

JOVEN ESCRITOR TAYACAJINO


EL PAN Y OTRAS MISERIAS HUMANAS

Alfredo Gutarra Luján nació en Pampas, Tayacaja, en 1978. Estudió secundaria en los colegios “Daniel Hernández” de su tierra natal y en el “Ricardo Bentín” del Rímac, en Lima. Los estudios superiores de Historia y Ciencias Sociales los realizó en la Universidad Nacional de Huancavelica.


Publicó sus primeros relatos en la revista Miscelánea Educativa (1997) vocero de su universidad de origen. Fue antologado en Literatura huancavelicana siglo XX (2000). Dirigió la revista cultural Generación XXI (2001– 2003). Quedó finalista en el concurso “Las 644 Palabras” organizado por el Suplemento Cultural “Solo 4” del diario Correo de Huancayo con el cuento El pan (2005).


Ha publicado artículos sobre antropología andina en diversos medios. Mantiene inéditos sus libros Trebulcha: La desfiguración de un danzante de tijeras, La danza de tijeras en Huancavelica y El paraíso de las orquídeas.


Aquí un breve cometario del escritor Rafaél Gutarra, hermano mayor, desde la ciudad de Piura, al comentar su libro El Pan y otras miserias humanas.


Alfredo Gutarra Luján es mi hermano. Lo conozco desde la edad que tiene. Y lo desconocí cuando me hizo leer sus primeros escritos.


No faltaba más. Alfredo sabe a lo que se mete. Me siento un poco culpable por sus lecturas, pero no por sus perpetraciones. Y es que la escritura es un acto de fe, de voluntad, de expiación. No es fácil escribir.


Más aún, no es fácil escribir bien. Y Alfredo escribe bien. Me negué a comentar sobre sus relatos mientras no me convenciera. Pero ahora deseo estar a su altura: quiero ser preciso y breve.


El pan y otras miserias humanas es un conjunto de cuentos insólitos, modernos y desfachatados. No espere el lector una lección edificante o una historia con beneplácitos. No.


Lo suyo es la experimentación, la negación de las formas y las tradiciones, la asimilación de Valdelomar, Unamuno y Ribeyro. Extraña combinación para un autor que ha decidido vivir en Pampas.


Su lenguaje se blande como ese cuchillo filudo que acaba con la vida de Matías en “Mi pequeño enemigo” y su personajes, desde el niño del cuento mencionado pasando por la muchacha y los muchachos de ¡Desfloración en el teatro”, “El retorno” y “El fotógrafo”, hasta los transmigrados de “El pan y recuento, son seres fracasados, irredentos, sin destino feliz para sus vidas.


Reconozco al pilluelo de antaño, al buen lector, al rebelde, al perpetrador. Es la escritura del escritor Alfredo Gutarra Luján. Le deseo mucha suerte. Que los apus y las musas lo acompañen y le sonrían siempre.


Rafael Gutarra Luján

Piura, 20 de agosto del 2009

Imagen: Carátula del libro, cuadro “Chaska” del pintor César Yauri

viernes, 18 de junio de 2010

ANIVERSARIO DE TAYACAJA


TRIBUTO A TAYACAJA

El 21 de junio es aniversario de Tayacaja, nuestra tierra, que no es solamente una provincia sino un sentimiento. Descubrir, señalar y valorar los signos y aromas trascendentes a lo largo de la historia es tarea que debemos asumir en la medida de nuestras posibilidades los hombres y mujeres que hemos nacido en su regazo territorial, y quienes por sentimiento, realización personal y profesional se adhieren al palpitar de nuestro pueblo.


Es cierto que las referencias se centran al 21 de junio de 1825. Nuestra mirada documentada parte del 18 de junio de 1594 con Lázaro Yupa Inga Uacachi dueño de Pamuri, Sumabamba, Mayoc, Occoro, etc. y ahí están las declaraciones de los testigos Simon Apo Vayanai, Santiago Guaringa y Andrés Chulumpanqui. Otra fecha importante es el 4 de agosto de 1717 con Diego Auquinibin cacique y gobernador de los pueblos de Pampas y Colcabamba, según documentos registrados por las autoridades Gabriel Solano de Figueroa, Alonso de Cantoral (escribano de su Majestad) y el licenciado Diego de Torres y Zúñiga.


En esta ocasión de aniversario tocaremos un solo tema, el de los forjadores de generaciones. En esta visión rápidamente enfocada, cabe reconocimiento a los educadores tayacajinos, quienes abrazaron el apostolado de la enseñanza sea en los pueblos más alejados de la provincia en condiciones desventajosas, pasando mil penurias o en la ciudad capital Pampas. Maestros de notables cualidades humanas y profesionales son Encarnación Sosa, Adelina Sánchez de Matamoros, Elda Quijada, Manuel Serpa Herrera entre otros valores de la educación peruana. Se registra desde el 31 de mayo de 1902 la existencia de las escuelas dirigidas por María J. Victoria, Teodomiro Veliz, Pascual Merino (Churcampa), Lorenzo Castro (Huanchos), Pablo Huamancayo (Anco), Rafael Medina (Surcubamba) Juan Zamudio (Huaribamba), Carlos Prialé (Salcabamba), José Chávez (Colcabamba) y Sergio Oregón (Locroja).


En este recuento rápido y en poco espacio faltan nombres, claro que si. Presencias de Victor Zúñiga, Vidal Guerreros, Alejandro Galindo (Acraquia), Zoila Martínez, Carmen Acevedo y acontecimientos como el del 1931 cuando se forma el Sindicato de Maestros de Tayacaja integrado por Abraham Zorrilla, Amanda Tovar, Germán Tovar, Edilberto Bejarano, Laura Rospigliosi, Isaura Tovar y Modesto Victoria.


Una celebración de aniversario da para muchas conferencias, recuerdos, tertulias, brindis, amistad, amor. Celebremos a Tayacaja con un abrazo, uniendo nuestras voces en la oración que elevemos por el bienestar de todos. Así lo sentimos y en Saposaqta solo decimos lo que el corazón nos manda. ¡Viva Tayacaja!


Carlos Zúñiga Segura

Colaborador exclusivo de Saposaqta

sábado, 29 de mayo de 2010

CRÓNICA DE EXCURSIONES


CRÓNICA DE EXCURSIONES EN TAYACAJA 1924

El autor de la nota es el Presbítero Domingo A. Verástegui, quien procedente de Cerro de Pasco, llegó a Pampas el año de 1924, llevando consigo un equipo de imprenta para dar vida a La Voz del Centro, semanario que planteaba primigeniamente la descentralización del país. Este personaje se propuso viajar por la provincia durante 4 años. La presente crónica tuvo como idea central viajar “en busca del puerto sobre el Mantaro” como lo señala el autor.

30 junio. Había pensado, días antes, dar solemnidad a mi salida, con una misa de gracia, asistencia de mis amigos, discursos, afectuosa despedida, la copa del estribo y otras minucias que, desde luego, hubieran halagado mi vanidad; pero, como en la eventualidad del fracaso de mi proyecto, este también sería tan ruidoso como su comienzo, desistí de inútiles fórmulas y, sin bombo ni aparatos, salí de Pampas, una mañana hermosa, camino bueno hasta Chuspi y penoso en todo el día, ruta Colpa, Rosaspampa, hacienda Paltarumi y puente Huayo sobre el río Huanchuy, de donde a dos cuadras aguas arriba, se divisa una vertiente que supongo sea termal y medicinal. En toda la provincia, hay abundancia excepcional, digna de estudio, de fuentes minerales muy saludables.

A las 7 p.m. llegué al pueblecito de Ayacocha, con mis leales compañeros Martín Torre y Julio Vílchez. En el trayecto conocí a don Marcelino Chávez, persona civilizada y amable que me hospedó en su casa. Noche de confortable descanso, excelente cama y no digo más.

1 de julio. Mañana esplendorosa, panorama bellísimo, horizonte dilatado, se divisa los anexos de Quishuar, Acobamba, Patay, Ayacancha, Tucuma y Mashuayllo con el caserío de Jallicapata y las haciendas de Paltarumi, Ranra, Chiurur y otros a orillas del Mantaro. Este imponente y majestuoso río sale a esta sección del S.E. recibe los afluentes del Opamayo que viene de Pampas y el Huanchuy aumentado con el de Salcabamba, toma en Machu Chiurur la dirección E-N-E y hasta que se pierde de vista parece que va hacia abajo, por la tranquilidad con que corre y la sensible inclinación de los cerros y lugares adyacentes. El juez de Paz en Surcubamba es don Cipriano Chamorro quien me recibe.

En la plaza, fui recibido con una entusiasta manifestación, dirigiéndome la palabra el señor Froilán Román propietario de un fundo vecino. Partí a las 11. Un detalle, a la altura de Patay detúvose mi jamelgo al ruido de las galgas que caían, peligro del que salvé merced al instinto del noble animal, mientras a cierta distancia una pastorcilla cantaba, con triste entonación esta sensible copla en quechua:

Mamallay huachahuasja,
para, puyum huahuay nispa
para jina huajanaipa
puyo jina purinaipa.

Declaro que no sé llorar por los dolores materiales ni puramente humanos y cuanto a lo otro, desde mi niñez, he viajado mucho, no obstante mis dolores, tengo todavía la obsecación del viaje y espero seguir viajando, mientras no plante el pico y emprenda el final, a la eternidad.
A las 2 y ½ p.m. llegué a Salcabamba, donde tuvieron la fineza de visitarme las autoridades y personas notables, encomiando mi actuación.

Autor: Presbítero Domingo A. Verástegui
Fuente: Archivo periodístico documental del autor
Fecha: Pampas 1924

sábado, 22 de mayo de 2010

HONOR AL MÉRITO


El poeta tayacajino Carlos Zúñiga Segura, colaborador exclusivo de Saposaqta, ha sido considerado en una selección de 30 poetas del Siglo XXI, ocupando el puesto 18, en los 2dos. Juegos Florales organizado por el Movimiento Cultural aBrace de la República del Uruguay.

En el certamen han participado 256 poetas de diversos países del Mundo según el Acta emitido por el Jurado Internacional con fecha 24 de noviembre del año 2009, acta y premiación realizado en la primera semana de abril del presente año 2010.

Una impecable edición reúne los poemas premiados en dos idiomas castellano y portugués, el de nuestro paisano se titula TRIBUTO DEL ORIGEN y fue presentado con el seudónimo de Santiago Azapara Gala (Gran Señor de Tayacaja) poema y carátula que les ofrecemos en calidad de primicia.

SAPOSAQTA expresa su felicitación a Carlos Zúñiga Segura, nuestro colaborador exclusivo, por este importante logro para Pampas Tayacaja. A este logro, se suma la traducción de los poemas Noctivago y Capulíes Maduros al idioma ruso a cargo de la traductora Verónica Spasskaia, natural de Leningrado, por lo que los poemas de Zúñiga adquiere resonancia internacional.

TRIBUTO DEL ORIGEN

sepultados aquí están los guerreros

que bebieron en abundancia

antes que los desvelados huaqueros

arrancaran sus pestañas

en memoria de los centinelas.

como todas las noches

escudriña una anciana

antiguas hornacinas

entre oraciones cabalísticas

cicatriza heridas

mientras los desposeídos

abrazan imágenes ilusivas

y la huaca insomne

muge como un toro salvaje.

en el silencio de antiguas piedras labradas

borbotea

la sangre de los apus

los amados difuntos escuchan tonadas

al menguar la luna

CIELO

Y

TIERRA

en liturgia eflorescente

sosiega

el laberinto de la vida.

sábado, 15 de mayo de 2010

NUESTROS ESCRITORES


NUESTROS ESCRITORES

En el vasto reino de la literatura de Tayacaja, la presencia de escritores de distinta generación viene a constituirse en una permanente palpitación vital del hombre enhebrado en el resplandor mágico de nuestra tierra. Así lo venimos señalando en Cielo de fiesta en Tayacaja y en Literatura de Tayacaja que congrega signos y aromas en cuento, ensayo y poesía.

Esta virtual tradición literaria se funda desde el ayllu jamutay que es la hechura de la palabra al calor de la tullpa desde la sabiduría familiar, donde los kenkos (metáforas), watuchis (adivinanzas), willanakuy (cuentos), yachanakuy (consejas) y hahuachicuy simi (fábulas) florecen con galanura en Tayacaja.

Estos postales están consagrados a destacar algunos libros de autores nacidos en nuestra tierra.

Odón Cabezas Tovar nació en Paucarbamba, es profesor en la especialidad de Lengua y Literatura y editor de la revista “Paucar”. En setiembre del año 2000 publica SEÑOR WAMANI (Cuentos folklóricos) en cuyas páginas relata vivencias sucedidas en “las noches lóbregas de tupida neblina o frías noches de estrellado cielo, a veces bajo la pálida luna, antes que las aladas manos del sueño pose en las pupilas”. Su palabra viva cubre intensa travesía al relatarnos sobre El zorro y el jumento, La suegra de la perdiz, El Qarqacho, El Manchachicu, Señor Wamani, El Pisthaco y Los mineros donde nos cuenta: “Durante los años de permanencia en las aulas del Colegio Nacional San Pedro de Tayacaja” hoy Daniel Hernández, nunca recibí visita alguna (...) Esta soledad se debía a que yo era forastero, procedente de un lejano y olvidado distrito al cual se llegaba cruzando agrestes punas a lomo de bestia”.

Jesús Rafael Gutarra Luján es un autor consagrado, autor de los libros La Amilda está en el cielo; Tiempo de fuego y alegría, La muchacha de la sonrisa más bella del mundo. Sus relatos tienen por escenario nuestra tierra tayacajina, donde el autor vivió los años de su infancia y juventud para luego emigrar a Lima y Piura donde paralelo a su labor profesional cumple activa labor cultural. Gutarra nos dice en El Supay que nos ganó la alegría: “ Me acuerdo que fue miércoles que el Juancho Quillincho apareció tirado bocabajo, oliendo a pólvora y huevos podridos y con su corazón en la mano. Es el supay, comentaban, ha vuelto a vengarse. Y así fue. Un domingo al mediodía se apareció echando fuego y después de matar a quien quería, nos dijo: ustedes no tienen ojos ni oídos ni lenguas. Y nos fuimos quedando ciegos, sordos y mudos. Poquito a poco la gente fue desapareciendo de Mollepata”.

Juana Abad Rodríguez tiene la capacidad de adentrarse en las nervaduras de la literatura oral, es decir, en los mitos, leyendas y cuentos que eslabonan lo real maravilloso. Tiene en calidad de inédito un libro de relatos y en esos estadíos interiores nuestra escritora sabe y siente que su palabra es el fuego de la pasión creadora presente en Los Runamicujs, El alma condenada, Chalam David, El jarjaria de Rayan, El condenado de Mitupata. y en Nostalgias donde nos cuenta: “Viajar de Luichu a San Lorenzo en noches de luna deslumbrante, ante la cordillera occidental toda azul y tan imponente que tiene la sutileza de hacernos sentir diminutos ante Dios y gigantes ante la vida; mientras se sube la cuesta percibiendo a flor de piel la tierra cálida y una brisa refrescante, se siente en la soledad del paraje la compañía del rumor cantarín del Mantaro y la alegrías de saludarse al cruzar en el camino con los de Quintao y Jatuspata”.

Mesías Arias Segovia es un valioso escritor nacido en Tocas. En setiembre de 1995 publicó el libro Hombres del Perú profundo (Los Amarus) cuya lectura nos cautiva desde sus páginas iniciales hasta adentrarnos “en la soledad de las noches” y cantar “canciones con una música y voz divinas” o prometer a los cuatro vientos que “Iré con mi vaquita tras los viajeros que van a Pampas. Si me quitan a mi negrita saltaré al barranco. Prefiero morir”. Yaycupacuy, El forzudo y el diablo, Eusebio el peleador, El brujo invitando a la reunión de ancianos, El cura y la Mula; y, Benita la lunareja son algunos de los relatos que Arias asume con la palabra fresca de su Tocas de belleza indescriptible.

Como los escritores “somos vientos del pueblo, nacidos para pasar soplando a través de sus poros y conducir sus ojos y sus sentimientos hacia las cumbres más hermosas” en las próximas Postales de Tayacaja seguiremos aproximándonos a la creación literaria de nuestros escritores.


Carlos Zúñiga Segura
En exclusiva para Saposaqta

jueves, 1 de abril de 2010

EL SERMON DE SEMANA SANTA


CUENTO CORTO

Publicamos un cuento corto del escritor tayacajino José Oregón Morales extraído de su libro Exterminio de Loros y otros cuentos publicado en 1994, cuento relacionado con la Semana Santa.

EL SERMON DE SEMANA SANTA

El párroco daba su sermón por Semana Santa, desde el púlpito de una iglesia y decía:

“Dios nuestro padre, envió un ángel donde nuestra madre María Santísima. El ángel la llamó a medianoche, cuando ella se hallaba en dulce sueño: “Ese herodes, hijo del diablo - le dijo – está averiguando donde está Jesús. Pues está haciendo cortar la cabeza a todos los niños que llegan a los dos años de edad. ¡¡Levántate inmediatamente y haz escapar a tu hijo, el niño Jesús!!

¡Nuestra Madre María tuvo que cabalgar sobre un burro para hacer huir a nuestro niño Jesús. ¿Cómo habría podido cabalgar sobre un asno en su condición de mujer?

¡Así habría tenido que montarse, nuestra Madre María! El párroco queriendo demostrar cómo habría cabalgado la Madre María se montó sobre el antepecho del púlpito y al hacerlo, le dio un fuerte puntapié a un feligrés que se encontraba debajo del púlpito escuchando tranquilamente el sermón.

¡Ananachallau taytay! ¡ Umapim qaytaramuanki (ayayay padre, me has pateado en la cabeza) se quejó el hombrecito.

¡Upallay runay mierda, Ñoqapas runtuyta takakuruni, pulpitupi patanman, ni imatapas ninichu!! (¡Cállate hombre de mierda! Yo también me he golpeado los huevos en el pretil del púlpito y no digo nada) contestó el párroco…..

Cuento corto
Autor: José Oregón Morales
Fuente: Exterminio de loros y otros cuentos
Lluvia editores 1994
Imagen: Oleo sobre lienzo: Padre Pío. Tomada del blog milpinceladas.spaces.live.com

UN COMENTARIO SOBRE EL AUTOR

Son muy pocos todavía los autores que escriben prosa de ficción en quechua (a diferencia del gran número de poetas en la misma lengua). José Oregón Morales (Pampas, Tayacaja, 1949) probablemente sea uno de sus raros exponentes. En 1984 publicó Kutimanco y otros cuentos, su primer libro de relatos, transcritos en parte de la fuente oral. Este nuevo volumen de cuentos quechuas, nos ofrece una muestra mas variada de textos narrativos, tomados unos del folklore y otros reelaborados o enteramente creados por el mismo escritor. El vehículo de comunicación en todos los casos es el idioma nativo.

Lo singular de estos relatos está, no solamente en la lengua en que fueron escritos, sino también en su espíritu y enfoque de las cosas. El narrador es participe de los sentimientos del hombre andino y habla este desde la misma perspectiva de los protagonistas y del mundo imaginariamente representado. Sabe expresar la congoja, el humor, la comicidad y la risa, propios del campesino y del mestizo. José Oregón Morales – profesor de literatura y escritor letrado – es usuario habitual de los idiomas quechua y español, debido a que cultiva también la canción, la música y el teatro quechua, y por su práctica de campo. Vive en medio de dos mundos (el rural y urbano) y se mueve con suma facilidad entre lo académico y lo popular. Su visión de la realidad se nutre, por eso, de la cultura campesina y citadina, de las concepciones racional y mitológica, tradicional y moderna. (Manuel J. Baquerizo).

viernes, 19 de febrero de 2010

DESDE LA CUMBRE DEL YANAPADRE

SAPOSAQTA presenta en esta oportunidad, el poema “Desde la cumbre del Yanapadre” del escritor José Abad Idoña, nacido en la ciudad de Pampas Tayacaja en abril de 1932. El Yanapadre es el guardián eterno de la ciudad, y éste es un homenaje del autor a este cerro tutelar de Pampas.


DESDE LA CUMBRE DEL YANAPADRE

Hay algo más que el verde de tu valle

y son las sombras

de los altos eucaliptos casi siempre insomnes,

alisos de fastuosa envergadura

y hojas cayentes, ojos de otoño,

entre el azul de tu cielo añil


Tus altos cerros de sinuosas cumbres

donde reverberan los áspides solares

de nocturno celaje, aves noctámbulas

de alas transparentes en el averno

que en el claroscuro del amaneciente día

esconden vuelos, retozos, desembozando el sueño

Y la cruz de un San Cristóbal color de mies

con capulís de sabor incierto

bruñen los álgidos bronces de en lontanar bicúspide


El Yanapadre, tutor inconmensurable

de aqueste Pampas Andino,

dicta formas, indica caminos

y desde allí, el Wiracocha divino

unge almas, enrumba mentes.


Dios del alma querido

Wiracocha impertérrito de cantos

busco tu sombra, para que mi corazón herido

abreve penas, con la imagen de tu forma sempiterna


Comienzan las gotas de un diluvio interminable

cuando tu alma retumba en hórridos sonidos

y reverberan las viñas de tus campos

en verdes altisonantes

un día cuando venga la noche

subiré a lo mas alto del otero

y entre llantos, de rodillas

oraré por el ayer, trastocando

el hoy por la mañana

Pero cuando el verdeolivo del alcacer

brinde a mis ojos la paz de tu amor,

volveré es casi seguro que volveré

Por los átomos de mi cuerpo

reclamarán la fuerza telúrica de tu ser.


Yo sé que en lo alto, en lontananza

tu valle en cuervas indescifrado

brinda a la luz el reflejo de tu alma

andina, impertérrita, ni fugáz ni asida

con crenchas oscuras de la noche

sin fin de estrellas que rutilan

en las pupilas de mis ojos

en los huecos de mi alma.


Hondas quebradas, repliegues andinos

que como faldas de hermosísimas guerras

uncen los muslos de gualda coloreado

y entre la amarillura de tus calientes tardes

surgen los lotos de paquidérmicas orejas

con ojeras de una mala noche interminable.


Y allí está la humarada del matutino trajín

con leñas olorosas a hogar

los fuertes vientos que bambolena tu nombre

en cada hoja escrito

para que la memoria de lo tuyo

recuerde a cada rato tu vivaz estirpe andina

volcada en las alturas de unos Andes romos

con sinuoso pudor de enhiestos hombres cetrinos,

recios, taciturnos, derechos hasta la muerte

resucitada en cada cúspide

de una blancura impar y resonante

¡ Oh ¡ tierra invívita y eterna.


Fuente: Libro de Relatos “Puñal de Cachita Blanca”.

Autor: José Abad Idoña.

Ediciones Capulí, 1996.





jueves, 26 de noviembre de 2009

MISKIYAKU, RELATO SOBRE EL NAKAQ


MISKIYAKU

En una hermosa mañana de primavera, allá por los años de 1915, las dos hijas del mayordomo de Pilcos, Zenobia y Aurora Gálvez, pidieron permiso a sus padres para ir a coger nísperos de la hacienda Miskiyaku, paraje situado a unos cuantos kilómetros de distancia, hasta donde se trasladaron acompañadas de su fiel perro.

Mientras ellas se dedicaban a la tarea de coger los frutos, su mascota se dedicaba a escarbar curiosamente la chacra. Al poco rato se hizo presente un habitante del lugar quien, saludando muy cariñosamente a las dos jovencitas, las invitó cortésmente a tomar un refrigerio en su casa.

La hermanas muy asustadas por el encuentro se pusieron nerviosas y la mayor de ellas sobreponiéndose al temor natural que la invadía, agradeció serenamente su gentil invitación, manifestando sentirlo mucho porque esperaban a su padre que se hallaba muy cerca al lugar y que llegaría en cualquier momento a buscarlas.

El habitante del lugar luego de insistir se alejó del lugar, mientras ellas bajaron del árbol de nísperos donde se hallaban, intrigadas por los aullidos lastimeros de su mascota. Cuando descubrieron el motivo de los aullidos se llevaron una desagradable sorpresa, pues el perro había puesto al descubierto restos humanos.

Muy asustadas ellas, con el temor que las invadía, emprendieron veloz retirada hacia su domicilio donde contaron lo sucedido a sus padres.

Por aquellas épocas corría un rumor insistente de la desaparición de los pobladores en forma misteriosa, sin dejar rastro alguno. Los habitantes del lugar creían superticiosamente que se trataba del nakaq, personaje legendario cuyo propósito era degollar a los caminantes solitarios de aquellos parajes, para extraerles la grasa humana que servía para la fabricación de campanas.

El padre de las dos jovencitas se trasladó de inmediato al lugar indicado para comprobar la veracidad de lo narrado por sus hijas. Efectivamente, encontró los restos humanos puestas al descubierto por la mascota al borde de una chacra. Con las pruebas en la mano viajó inmediatamente a Colcabamba a poner la denuncia ante las autoridades respectivas sobre el macabro hallazgo.

Los sospechosos de los hechos, eran una pareja de esposos afincados en el lugar, cuyo marido trabajaba como hortelano de la hacienda Miskiyaku de propiedad de don Rodolfo Alarco.

Al recibir la visita de las autoridades mostraron su nerviosismo, divagando con sus explicaciones absurdas, al afirmar que los restos hallados habían sido enterrados seguramente por personas envidiosas de su prosperidad y reiterando su inocencia. Estas explicaciones motivaron a la policía para ser arrestados inmediatamente como posibles autores de crímenes cometidos.

La Policía ante las pruebas encontradas no creyeron en la inocencia de estos personajes, por las continuas contradicciones en los interrogatorios. Por las evidencias encontradas los detenidos fueron trasladados a la cárcel de Pampas para la continuación de los interrogatorios. Ellos fueron ubicados en celdas separadas e incomunicados.

A pesar de seguir manteniendo su inocencia, uno de los policías hizo caer en contradicciones mediante un hábil interrogatorio a la mujer:
Tu marido ya confesó todo, ha confesado que tú lo incitabas a matar a la gente.
¿Ese sinvergüenza ha dicho eso? ¡Que no me dé cólera! ¡él es el que hacía todo! Hasta me propuso un día para matar a mi madre para comérnosla, pero yo me opuse.
¡Cómo! ¿ustedes comen gente?
Si señor…….¡Qué rico es! ……. Especialmente la lengua y el talón, son las partes más deliciosas.

Ante esta confesión los policías quedaron espantados, no podían creer lo que habían escuchado. Los esposos caníbales confesaron todas sus fechorías.

Desde muchos años atrás se habían dedicado a victimar a seres humanos, en su mayoría a arrieros que viajaban de Huancayo a Huanta. Su casa se encontraba en un lugar muy estratégico. Los viajeros que acampaban solicitaban alojamiento a los dueños de casa quienes muy cortésmente les brindaban alimentos y una habitación para pasar la noche.

Cuando el viajero se encontraba en lo mejor de sus sueños eran cruelmente decapitados y los órganos internos eran enterrados en algún lugar de la chacra. Los bienes de los viajeros pasaban a propiedad de los criminales. A las acémilas esa misma noche las llevaban a muchos kilómetros de distancia donde las soltaban a libre albedrío.

De esta manera llegaron a descubrir el misterio de los viajeros que desaparecían por esos parajes y develar la creencia del enigmático nakaq.

Una vez esclarecido los hechos los criminales fueron juzgados y condenados a 20 años de prisión. La sentencia fue purgada en la cárcel de Huancavelica y cumplida el año 1938. Salieron en libertad y no se supo nunca más de ellos.

Autor: Hernán Canales Acevedo
Publicación: "Pampas de Leyenda"
Año: 2003

domingo, 11 de octubre de 2009

RECUERDOS DE ANTAÑO


COLEGIO MIXTO SAN PEDRO DE TAYACAJA

“Recordar es volver a vivir” dice un antiguo y popular adagio, es por esa razón que evoco con mucha nostalgia a nuestro querido Colegio “San Pedro de Tayacaja”, cuya fundación data del año 1948, cambiando de nombre a “Daniel Hernández” el año 1957, por una ley presentada por el entonces Diputado por Tayacaja Nilo Meneses Galindez, en honor al insigne pintor tayacajino nacido en la hacienda Urpay, distrito de Salcabamba.

Cuando ingresé al Colegio San Pedro de Tayacaja el año 1953, estaba de Director el doctor Carlos Aquiles Herrera, el Tesorero Sr. Gerardo Gamarra Rivera y la plana docente integrada por los siguientes personajes: el doctor Manuel Serpa Herrera, profesor de Religión, Profesor de Historia del Perú: el doctor Máximo Rodríguez, insigne pedagogo de reconocida trayectoria, era el orador obligado en las Fiestas Patrias; la señora Elda Quijada de Palomino, profesora de Lengua y Literatura; la señorita Lida Cárdenas Aguirre, profesora de Física y Química; la señorita Consuelo Bolaños, profesora de Historia Universal y Lógica y Filosofía; doctor Ángel Landeo Rojas, profesor de Geografía; Profesor Gonzalo Hernández Celeiter de Matemática, la señorita Olga Salinas, profesora de Iniciación Técnica, Los profesores Gustavo Gamarra Donaire y César Morales Vega de Educación Física , el profesor Hermógenes Palacios de Ingles y el Sub Oficial Juan Dávila de Instrucción Pre Militar.

Cada uno de ellos, fue un paradigma en su materia, dedicándose íntegramente a su labor pedagógica, dejando huellas inolvidables en los alumnos.

El Regente del Colegio era el señor Rubén Hurtado y los inspectores de educación eran el señor Adolfo Monge Donaire para los varones, y la disciplina de las alumnas estaba a cargo de la señorita Magda Monge Pineda. El aseo del colegio estaba a cargo de Fungí Rodríguez y Fidel Castro.

Entre los integrantes de mi Promoción ( 1953-1957) a quienes recuerdo están; Gabriel Acevedo Vega, Abogado; Zósimo Bernardo Acevedo, próspero comerciante; Adolfo Barrientos Peña, Abogado Vocal de la Corte Superior de Justicia; José Abad Monge, Profesor; Julio Cámac Merino, Profesor; Ulises Cámac Torres, Profesor; Luis Cabezas (RIP), Luis Cermeño Cano, Catedrático, Idilio Cermeño Cano, Profesor; Enrique Herrera, Abogado; David Espinoza Mendieta, Bancario; Ciro Tovar Pacheco, Veterinario; Rodolfo Hinostroza, abogado; Carlos Tovar Pérez (RIP); Juan Artica Maraví, (RIP); Raúl Sarmiento Cano, Ladislao Almidón, Gerardo Almidón; Rómulo Rodríguez Galindo, (RIP), Alejandro Quijada, Mario Quijada y Moisés Cruzatt; entre las damas Norma Monge Olortegui, Luz Saravia Valencia, Mercedes Zuasnabar Donaire, Dola Zamudio Ruiz, Bertha Chávez, Ana Chávez, Aida Rodríguez Minaya, Ada Cárdenas Aguirre, Lucha Espinoza Mendieta, Carmen Monge Arana, Nelly Acevedo Santos .

El año 1955 se creó el equipo de futbol “Once Estrellas”, cuyo fundador fue el profesor de Inglés doctor Teodoro Pacheco, conformado íntegramente por alumnos del Colegio San Pedro, cuyos primeros jugadores fueron: Andrés Morales Vega, José Narváez, Augusto Segovia, Arsenio Santillán, Manglio Santillán, David Jumpa (arquero), julio Cámac Merino, Máximo Vidal Rice, Luis Cermeño Cano, Luis Cabezas, Ulises Cámac Torres y Electo Pacheco Ames. Este fue el mejor equipo de fútbol que tuvo Pampas Tayacaja, logrando muchos triunfos y la admiración del pueblo durante muchos años.
Un recuerdo muy cariñoso para mis queridos compañeros de estudios y profesores, que siempre los tengo presente.

HERNAN CANALES ACEVEDO
Escritor tayacajino

viernes, 18 de septiembre de 2009

WANCHUY


WANCHUY

Don Humberto Peralta había anochecido a orillas del río wanchuy, en su viaje de Pampas a Ayacocha. El sendero se tornaba peligroso para seguir viajando, debido a que la luna saldría tarde. La noche era oscura y el camino de herradura estrecho, con pendientes y precipicios muy peligrosos. El problema era cruzar el puente, pues este tenía unos 20 metros de largo por 80 centímetros de ancho y estaba suspendido a una altura de 5 metros. Para hacer cruzar a las acémilas por el puente, primeramente se les vendaba los ojos y a ciegas cruzaban con sumo cuidado de no resbalar y caer al abismo.

Por esta razón don Humberto, decidió acampar cerca al puente Wanchuy, escogiendo un paraje apropiado aprovechando las últimas luces de la tarde. Desensilló su caballo luego que éste bebiera abundante agua, y lo ató junto a unas matas de hierba. Armó su cama al pie de una pared, poniendo las caronas como colchón, y la montura como almohada, poniéndose luego a preparar la cena, consistente en una porción de cancha con su charqui asado al carbón o charki kanka. Bebió una botella de chicha de jora y, después de fumar su cigarrillo “nacional” se acostó en su improvisado lecho, cobijándose con una manta de viaje y el poncho de aguas, quedándose dormido, agobiado por el cansancio del viaje.

Cuando se hallaba en el mejor de los sueños, fue interrumpido bruscamente a causa del ruido producido por un caballo desbocado en la orilla opuesta del río y, bajo el resplandor de la luna que brillaba en la noche. Vio con incredulidad y asombro como un jinete cruzaba raudamente por el puente, haciéndolo como en terreno llano. El jinete era un hombre negro y alto. Después de cruzar a todo galope por el puente, se puso a realizar una serie de cabriolas y piruetas. De pronto detuvo su corcel, hurgó sus alforjas y extrajo un cartucho de dinamita que lo encendió y lo arrojó a un lado del camino y luego emprendió una veloz carrera perdiéndose entre las sombras de la noche, desapareciendo misteriosamente.

La explosión del petardo de dinamita se produjo en forma tan repentina, que hizo volver a la realidad a nuestro personaje, que se había quedado pasmado al haber sido testigo de hechos tan insólitos. Sin entender todo lo que pasaba en esos lugares solitarios, don Humberto pudo dominar a duras penas el pánico que sentía ante esos acontecimientos inexplicables y armándose de valor, ensilló su caballo, haciéndolo cruzar por el puente a duras penas, encomendándose al santo de su devoción, e inmediatamente tomó el camino hacia Ayacocha y no paró hasta llegar a su casa donde fue auxiliado por su hermano Fermín.

Don Humberto llegó a su casa en completo estado de shock, pálido, balbuceante y deprimido, sin poder articular palabra alguna.

Estuvo varios días sin conocimiento, pero gracias a las atenciones prodigadas por los familiares y algunas medicinas nativas como la qayapa y la huaywacha y algunas hierbas para el susto, pudo recuperarse al fin. Desde aquella vez don Humberto nunca más viajó solo por parajes solitarios, menos aún durante la noche.

Titulo del cuento: Wanchuy
Autor: Hernán Canales Acevedo
Fuente: “Pampas de leyenda” Libro de relatos tayacajinos.
Año de publicación: 2003