Colaborador exclusivo de Saposaqta
Imagen: La Tinya oleo de César Yauri Huanay





Una de las personalidades de singular prestancia en la historia de Tayacaja es sin duda Arístides G. Arce Pacheco. Su presencia profesional se inicia el 20 de marzo de 1918 como Vacunador en la provincia; posteriormente es nombrado Interno en el Hospital del Refugio donde permanece por 11 meses y 28 días. A partir del 14 de mayo de 1926 se incorpora al Cuerpo de Sanidad de la Marina de Guerra con el grado de Alférez de Fragata, así en mayo de 1927 ya como Teniente Segundo es Interno en la Sala de Marina en el Hospital Guadalupe, luego comisionado al Hospital Nuestra Señora del Carmen de Huancayo.
El 27 de julio de 1927 con el grado de Teniente primero sirve en los B.A.P., “Lima” y “Teniente Rodríguez”, respectivamente. El 13 de julio de 1931 es nombrado Jefe del Sanatorio Naval y es justamente cuando desempeñaba estas funciones cuando solicita su pase a la Disponibilidad en razón de haber sido aclamado como candidato a la Representación Nacional de la Provincia de Tayacaja.
De este modo, Arístides Arce Pacheco ingresa a la política en la época de Augusto B. Leguía. Producida las elecciones generales para presidente y miembros de la Asamblea Constituyente obtiene 2,939 votos e integra la representación huancavelicana con Otto Wieland y Alejandro Villena.
En julio de 1931 en una memorable jornada política el pueblo de Tayacaja le brindó una apoteósica recepción en casa de Octavio Zúñiga. Desde los balcones hicieron uso de la palabra Pedro Vélez Vivas, Emilio Cámac, Elías Latoure y Celso Gálvez .En la parte central se escuchó la palabra de Arce: “Aquí estoy a la llamada de vosotros, como soldado resuelto a defender nuestros sagrados derechos (…) Esta grandiosa manifestación la aprecio, no en lo que con mi persona se pueda relacionar, sino como una palpitante demostración de la elevada cultura cívica de nuestro pueblo (…)El pueblo soberano ha exteriorizado su sentimiento, unido a ello estoy resuelto a toda lucha. Acompáñenme a corear en viva voz por Tayacaja”.
En pleno ejercicio político como Constituyente el 25 de junio de 1933 a horas 12:15 fallece Arístides G. Arce Pacheco en su domicilio de la calle No. 40 de Chosica. Su muerte causó honda consternación en el escenario de la política nacional y naturalmente el reconocimiento a sus cualidades.
En la línea de valoración que marca Saposaqta destacamos el espíritu solidario de Arce en el ejercicio de la profesión médica, del disciplinado marino y brillante político, vale decir presencia de un hijo de Tayacaja que trasciende por su vitalidad y humanismo.
Carlos Zúñiga Segura
Colaborador exclusivo de Saposaqta


Transitar y celebrar en la liturgia del gozo y el reconocimiento, a dos grandes exponentes de la literatura y la pintura peruana, constituye una gratificación espiritual que germina y evidencia el prestigio de la provincia de Tayacaja en estas dos aristas importantes de la experiencia humana.
SERGIO QUIJADA JARA
El 5 de octubre de 1914 nació en el fundo Magdalena en el distrito de Acostambo don Sergio Quijada Jara, autor de “Estampas huancavelicanas”, "Taita Shanti", "Cantuta flor nacional del Perú", "La coca en las costumbres indígenas", "Lenguaje del trago", "El chihuaco en el folklore" y otros libros que florecen como “contribuciones de valor excepcional” tal como lo afirma el sabio francés Paul Rivet en el prólogo de “Canciones del ganado y pastores” libro que nos ofrece 200 cantos en quechua con su traducción respectiva al castellano.
Quijada Jara “eminente folklorista consagrado” fue Miembro de la Sociedad Folklórica de México, Asociación Tucumana de Folklore y recibió elogiosos comentarios de Ralph Steele Boggs Fundador de la Sociedad Folklore of the Americas; Augusto Malaret sabio filólogo puertorriqueño; y del italiano Paolo Tosel quienes “aplauden con admiración y respeto los vigorosos trabajos de Quijada Jara” nacido en las mágicas tierras de Tayacaja.
En nuestra casa no ha faltado
cuanto quisiste beber
desde aguardiente hasta vino
Daniel Hernández fundador y director de la Escuela Nacional de Bellas Artes, nació en Urpay (Salcabamba) el 1 de agosto de 1856. El 15 de abril de 1919 a las cuatro de la tarde en presencia del presidente de la República ofrece las palabras correspondientes a la ceremonia inaugural de la Escuela.
Como director, tuvo Hernández decisiva y fundamental actividad, auspiciando el desarrollo de todas las opciones, incluso aquellas corrientes que postularan una visión distinta a sus convicciones artísticas.
Los últimos años de su fecunda existencia, transcurrieron marcados por enfermedades que lo aquejaron en demasía. Sensiblemente a las 6.45 de la tarde del día 23 de octubre de 1932, se extinguió la vida del maestro causando honda consternación. Apenas conocida la noticia, toda la colectividad desfiló ante sus restos velados en la Sala de Honor de la Escuela. Luego de la misa de cuerpo presente, oficiada por su sobrino R.P. Manuel, los restos del maestro fueron trasladados en hombros hasta la Plazuela Santa Clara y finalmente al cementerio de Maravillas.
Alguna vez propusimos que el colegio nacional que perpetúa su nombre en la ciudad de Pampas, lleve como lema las palabras que el maestro Hernández pronunció en abril de 1919 “Miremos alto para llegar a la cumbre”.
De esta manera, Sergio Quijada Jara y Daniel Hernández Morillo reciben a través de Saposaqta los sentimientos de orgullo que tenemos los tayacajinos por sus obras que grafican y eternizan esa emoción decisiva que califica el alto sentido de la vida y que siempre están engalanados en los almácigos de la memoria y las parcelas del corazón.
Colaborador exclusivo de Saposaqta




"Los poetas somos viento del pueblo, nacidos para pasar soplando a través de sus poros y conducir sus ojos y sus sentimientos hacia las cumbres más hermosas” dijo alguna vez el poeta Miguel Hernández. En efecto, este aserto se confirma en el periplo fecundo por el vasto reino de la literatura de Tayacaja que viene a constituirse en palpitación vital del hombre enhebrado en el resplandor mágico de la creación literaria.
En reciente visita al barrio de Chalampampa he sentido ese permanente caudal alimentado por hechos cotidianos, cuyas pulsaciones en mayor o menor medida –trasladados desde su cotidianeidad al análisis y lección- se convierten en heredad que compromete impulsarla, valorarla y difundirla. En ese caudal iluminador de la palabra recordé a don Celso S. Abad, a su esposa señora Luzmila Idoña y a José nacido en abril de 1932, abogado, profesor y narrador.
José Abad Idoña ha publicado un trascendente libro de relatos “Puñal de cachita blanca” escrito no de las cosas sino de la esencia misma de las cosas como dice Pffeifer; por ello, Abad sabe y siente la textura de nuestro pueblo, sus personajes, sus asunciones cotidianas respecto del tiempo y la vida; y, así precisamente de ese conocimiento certero se nutre su palabra plena y florecida desde Salcabamba como una lima-lima aromada en el altar de los recuerdos.
Sus cuentos se vertebran en ese universo encantatorio de las tierras tayacajinas, de modo tal, que las imágenes amalgaman topías plena de angustias o florecimientos de una utopía porque el mundo cicatrice sus heridas.
Carlos Zúñiga Segura
Colaborador exclusivo de Saposaqta
Barrio de poetas, músicos y pintores
Una atenta mirada desde la emoción y los recuerdos en las calles y hogares de Chalampampa donde nacimos, consolida la idea de que todos somos una familia, un tejido permanente de vivencias personales y colectivas que nos alimentan desde nuestras infancias hasta la cotidiana aventura de la vida en madurez.
Estuve en abril y en julio. Visité la capilla María Auxiliadora y recordé el gesto de la familia Acevedo - Olivera donando el terreno para su edificación por documento de fecha 9 de febrero de 1926 ante el notario Mariano E. Cárdenas. La colocación de la primera piedra el 1 de julio de ese año a las 4:00 p.m. en presencia del R.P. Miguel Torre delegado diocesano y la participación de la señora Raquel García de Quijada, Celso S. Abad y Santos T. Córdova y la posterior suscripción del acta ante el notario Alejandro Acevedo. Luego el año 1932 la donación de la puerta a cargo del filántropo Octavio Zúñiga. Este templo es el símbolo del barrio, su atalaya espiritual, su plenitud histórica.
Unos pasos más adelante doña Teófila Flores de Donayre me invita riquísimos chaplines y melcochas. Saludo a Choyo y su familia doña Rosa, Delia y Rosalía Monge. Don Sebastián Ruiz y sus hijos, la familia Barrientos Peña, don Horacio y su hermana Magda, las familias Landa, Aristizábal, Ortega, Chávez, Zamudio, Cosser, Vega, doña Carolina Sttubs, Olinda Aroni, la familia Mendieta, Acevedo, Bernardo, Donayre, Ernesto Ruiz, esposa e hijos; y doña Urpi ofreciéndome su picante de cuy en salsa de mani y doña Zoraida su famosa chicha. Qué linda familia en verdad suscribiendo con sus acciones páginas de verdadero sentimiento. (No cito apellidos tan queridos por espacio en la página).
Raúl Cámac, pintor y amigo de años, sale de su casa y me invita a ver sus cuadros y visitar el hogar de su tio con mates y portarretratos de impecable manufactura. Mariano Martínez nos da alcance en la pequeña placita donde confluyen las tres calles del barrio, bebemos unas cervezas y visitamos a los amigos y amigas para hablar de la vida, de las ausencias que son presencias, de los sueños que quedaron en los aretes de la luna, de los amores jurados en el puquial como eternos para llegar al olvido.
Aquí en Chalampampa están los amigos y las familias a quienes queremos y nos quieren. Este sentimiento obra el milagro de reinventar nuestro barrio, hacerlo vivo como antes, hasta convertirlo en palpitación vital del hombre enhebrado en el resplandor mágico de los recuerdos.
Autor: Carlos Zúñiga Segura
Colaborador de Saposaqta