viernes, 26 de diciembre de 2008

COLEGIO NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

La casa de Pampas Tayacaja, de las hermanas Franciscanas Misioneras del Niño Jesús se inició el 3 de marzo de 1956, siendo su primera superiora sor Hortencia, acompañada de sor Emilia, sor Raquelina, y sor Adelina. Todas ellas fueron recibidas en Pampas por la señora Rafaela Velarde viuda e Pacheco, y su hermana sor Beatriz del Sagrado Corazón.

La primera piedra de la casa tuvo por padrinos a don Raúl Martínez Zuzunaga y a la señora Rafaela Velarde, quien donó el terreno y fue benefactora. Cuatro años después se bendijo la casa “San Rafael”, al igual que las aulas del colegio, y cuatro años mas tarde se bendijo la capilla. En aquel tiempo las Hermanas Franciscanas regentaron una escuela primaria y el Colegio “Nuestra Señora de Lourdes”.

Dirigieron las madres superiores siguientes: sor Hortencia Pomponi, sor Bernarda Ceriotti, sor Liboria del Prete, sor María Celina Rivero, sor Dionicia Piras Foi, sor Chiarella Bruni, sor Margarita Hernandez, quien gestionó la nueva infraestructura del plantel, y sor Nelly.

Durante el gobierno de Alberto Fujimori, en la década de 1990, se les entregó una nueva y moderna infraestructura para el colegio Nuestra Señora de Lourdes de Pampas.

De: Historia de Huancavelica (Tomo II, pg 207). Federico Salas Guevara-Schultz. Primera Edición. Lima, noviembre 2008.
Imagen: Fachada actual del colegio Nuestra Señora de Lourdes.

martes, 23 de diciembre de 2008

GASTRONOMIA DE TAYACAJA


Por la variedad de sus climas Tayacaja es una provincia rica en verduras, papas, ocas, mashua, exquisitos choclos, alcachofas, hierbas aromáticas, etc. En sus extensos pastizales se alimenta el ganado vacuno, ovino, caprino, y porcino, que nos dará luego de su preparación, exquisitos potajes, preparados por las expertas manos pampinas.

Su plato bandera es el “Cuchi Kanka”, buscado por forasteros de todo lugar, el cual es distinto al asado de otras provincias vecinas. Es un plato obligado en el desayuno, especialmente acompañado de una sabrosa salsa de cebolla y un plato de cancha, para rematar con un sabroso café.

Otros platos son el “Mondongo” y el “Chupe Verde”, este último es especial para reparar una noche de farra y bohemia. Después de saborear este plato, el cuerpo experimenta una felicidad sin límites. Igualmente se toma acompañado por un plato de cancha de maíz tayacajino. Dentro de estos deliciosos caldos y zumos está también el “Patachi”, el caldo de gallina de corral al estilo tayacajino.

Recordamos también los sabrosos chicharrones de chancho, acompañados de la gran variedad de papas y choclos cultivados en la provincia. De la misma manera existe una delicia muy popular en la población: el recordado “Chuno Pasi”.
Y no olvidemos a nuestros animalillos menores como el cuy, del cual podemos deleitarnos con diversidad de platos como el cuy chactado, el picante de cuy en salsa roja con maní, el cuy booster, etc.

Otro recordado plato es el QAPCHI a base de queso, huacatay y chikchimpay, acompañada de su papa sancochada y una porción de ají.

Entre los postres tenemos la mazamorra de calabaza, el timpuchi, los mantecados, el pan de maíz, la jallulla.

Veamos las imágenes siguientes extraídas del documental “Tayacaja”.

sábado, 20 de diciembre de 2008

UNA MIRADA A LA MUERTE

Es el cementerio, lugar donde se guarda aquello que es muy difícil de olvidar, sin embargo he pensado que la indiferencia es tan mezquina como la misma mentira del oportunismo, que solo cuando exige un interés se acude a ello. Mi pequeño relato no tiene que envidiar en lo absoluto al indiferente, mi sola intención radica en presentarles una especie de documental de algo que va rumbo a la desaparición, sin embargo, es preciso plasmarlo en un texto nada muy diferente.

Vagaba yo cuando ya declinaba el día en el ocaso. El sol apenas aparecía en un lienzo dorado aislado de nubecillas que se tendían como agitados muy suavemente por una y otra ráfaga viajera del viento, anunciándose la cercana sombra en las montañas del occidente, cuyas sólidas rocas sirven de balcón para los ojos observadores del visitador, un cuadro prominente y de excelsa belleza del valle pampino. A esa hora se alistan a dormir las penas y los olvidos en el Campo Santo de Chalampampa.

Andaba entre espacios confundidos, entre tumbas desordenadas y nichos opacados por un cierzo nebuloso, como quien cuenta los rastros de quienes yacen eternos entre mohos, arbustos y helechos que se impregnan en las lápidas de diversa naturaleza como si guardaran el calendario del olvido para recordar al bien querido que descansa si en paz o profanado su eterno sueño por una visita piadosa.

Advertido por el chasquido de una ave agorera me tope con algo no común por su forma y singular naturaleza, celosamente escondido, hallé un túmulo misteriosamente monumental resistiéndose a las inclemencias del tiempo, allí donde el viento de la tarde eternamente lo azota despiadado, allí donde la lluvia nocturna chorrea como exprimir su existencia y el candente sol calcina la memoria de sus letras escondidas sin sentir el ruego que perennice su existencia.

Me acerqué con sigilo y me impactó la fecha que rezaba desde hace más de un siglo atrás…”10 de Julio de 1898”. Más de cien años de existencia y parecía que nadie había advertido tal milagrosa antigüedad. El olvido indiferente opaca la mente de quienes diario visitan el santo lugar. No son sólo mis ojos que han viajado por allí, o mi mente sola que esté iluminada por tal impresión; más que eso, me llamó la atención por la gran riqueza literaria que versa en sus cuatro ángulos.

Pero este anta de forma cúbica engorrada por una pirámide regular hexagonal, hecho de tierra roja cocida con el mismo calor del sol que hasta hoy destruir no puedo; concluye con una pestaña finamente perfilada entre el cuerpo principal y la pirámide final. Un evidente monumento en memoria a la muerte.

La lápida principal de mármol antiguo, protegida por barrotes enmohecidos por el tiempo, muestra una figura original. Es un pequeño ángel que se posa con una corona sobre una niña, mientras ella yace aguardada celosamente por la madre llorosa. Una escena copiada de la divinidad. En esa cara principal, tan elocuente, reza la siguiente inscripción:

M. CLEMENTINA) (E. PACHECO)

“Tierna hija y flor perdida.
¿Cómo no llorar en tumba desierta
cuando el fiero destino solo de tres
arrebató impío de nuestro seno?
Velad por nosotros y E.P.D.

Pampas, Julio 10 de 1898

M.P. M.A.V.

Ciega es mi mente para merecerle un análisis literario confiable; sin embargo entiendo que el espíritu de resignación intolerable de sus autores no disimulan el amor que escribe con llanto de dolor mezclado con odio a la muerte impía que sin diferenciar la edad ni balancear el gran amor paterno, arrebatan sin aviso alguno al ser más querido.

Lejos estoy de deducir que si fue única hija que florecía en el altar de los brazos de sus padres, fue segada para adornar el altar divino. Aún así, no deja de ser cruel el beso felónico de la muerte, más si corta las esperanzas amorosas y ahoga en llanto el hogar adornado por la sonrisa de una hija. Lo que si puedo asegurar es que el amor es implacable como el mismo monumento que el tiempo y el olvido no han podido doblegar

La esperanza que transgrede con fe el espacio y el tiempo, se torna febril cuando se deposita en el altísimo al encargar una plegaria de “Velad por nosotros” y la dicha que en suma se consuela con el deseo de E.P.D. Obvio está que esta dulce niña de Dios Goza, desde hace más de cien años.

La tumba desierta es el destierro a un lugar solitario y vacío donde yacen los muertos, por eso quedan tan solos por siempre. Ese solo pensar desgarra un llanto insostenible más cuando la actitud protectora de los padres no hace renunciar al natural cuidado de los hijos, si son niños en gran razón.

Es una buena razón para inmortalizar este epitafio cargado de una expresión literaria profunda y nacido de un alma noble y virtuoso…

Hacia el este, por el orto, lado con el que saluda a la primera luz del alba, escrito sobre el estucado de yeso ya carcomido por el tiempo o desgastado por los ojos lectores del sol inexpresivo; logré descifrar entre letras entrecortadas, ya borrosas en la superficie áspera desblanquecida, el contenido de esta inspiración:

“Te lanzaste en raudo vuelo de mis brazos a la mansión dichosa, desde allí más que un pequeño consuelo me envíe la madre piadosa”

No carece de ritmo, más aún es rica en rima perfecta y una métrica casi exacta. De hecho está que un especialista en literatura podrá ver la precisión, sometiéndolo al análisis propio y deducir mi coincidente apreciación.

De algo si estoy seguro; que, el “raudo vuelo” es preciso tratándose de la temprana muerte de una niña de tres años que está cobijada en los brazos queridos de los padres y que por el quicio de la muerte fue destinada a la mansión dichosa que es el atrio de Dios; es pues la muerte de un ángel, y no hay duda que un ángel pertenece al reino celestial.

Es esa mansión dichosa donde mora la madre piadosa, madre de Dios que es la intercesora de las almas que aún transitan en el valle de sinsabores de la vida y es suficiente un ápice de consuelo siquiera para quien sufre de impotencia, de dolor y desgarro desesperado, luego de haber perdido al ser más querido y para siempre.

Es un cuarteto nacido de lo más profundo del sentimiento que a pesar de los años fluye como torrente fresco e incesante de la poesía.

Todavía indecisa pintaba la luz trémula del sol en la tibia tarde que arrebataba ya el frío. En las crestas de las montañas que todas las tardes hospedan al astro rey se dibujaba la soledad cual oropéndola desvaneciendo su vivo esplendor, con cuya luz casi gris para mis ojos pude notar que ese occidente gozaba casi eternamente del mensaje y la poesía ofrecida con entusiasmo de recordar la muerte del día en ese espacio pasajero, hasta el siguiente día; consecuencia de la ley cósmica. Esta es una tercera inspiración, aún más latente y piadosa que reza así:

“Tu muerte prematura cambió mi ventura por que tú, tierna criatura bajando a la sepultura arrancaste con amargura mi felicidad futura”

Es la mano de un corazón que se lanza a una plegaria con la ardiente fuerza de un deseo que no se consume, si no, en la inspiración del autor. La rima y el ritmo son perfectos, acercándose mucho a la métrica, propia de la poesía clásica. Hace más de cien años no se conocía la poesía moderna; pero el lenguaje del sentimiento transita permanente en el latir del doloroso pecho perforado por la pérdida prematura del ser querido que de hecho sega de porrazo toda la felicidad venturosa que a la par se duermen para siempre en una sepultura. La ventura repentina arrastrado por la muerte causa dolor y amargura, frustrando planes de felicidad y esperanza que marcan el norte de un futuro porvenir de una familia que se entusiasma con los hijos por verlos felices. De hecho está, que la felicidad es pleno éxito cuando se es feliz y se hace feliz a los demás.

Es esto una muestra intangible de que los hijos si estamos preparados de alguna forma para enterrar a los padres, como si fuera una ley natural; pero muy difícil que los padres estén preparados para enterrar a los hijos. El dolor que es mayor en la adversidad. No resulta ser normal.
He visto llorar padres con insostenible dolor por la pérdida de un hijo; también resistir con suma valentía el avatar de la resignación, que con gesto consolador llega al semblante como si fuera un paño de lágrimas.

La cara que da hacia el sur es un respaldo de resignación, para marcar la trascendental desgracia; mas para perennizar el día de la muerte sosegado por la expresión esperanzadora de “mejor vida”, pues en este valle de penas y lágrimas bíblicamente descritas es también una marca de toda una vida de sabores y sin sabores.

Se notaba ya con los pliegues que se derramaba con la sombra en el solitario cementerio una última lápida improvisada en el yeso; más aún conservada que las otras. Decía con cara que da hacia el sur el siguiente epitafio:

“Pasó a mejor vidael 10 de julio de 1898. Le dedicamos este pequeño monumento que perpetuará su memoria” VMP ----- MAV

Cierto es que por lo menos hasta hoy está perpetuando su memoria; cien años de soledad y olvido enmohecido por el tiempo y el viento fatigado llega chamusqueado a coronar con un soplo a este pequeño monumento que para mis ojos es el más grande de todos los que allí se erigen, por su resistencia indoblegable al avatar del tiempo y el gran significado de su poesía.

Dos cosas he sabido conjugar en esta visita; el tiempo y la poesía, de hecho está que existen monumentos más antiguos y de noble belleza, pero no para el cementerio de Chalampampa, más si se conserva pese a su rústica performancia para esta época y pintado por una singular inspiración poética.

No soy especialista en arquitectura, mucho menos en literatura, sin embargo mi modesto pensar me exige relevar algo significativo, más aún, si sobrevive la poesía en medio de la muerte.

Es preciso manifestar que no hay peor olvido que aquello que no se quiera recordar. El paso del tiempo es solo consecuencia de la ley cósmica; es muy cierto que muchas veces con sus manos marca el signo de muchos acontecimientos; pero no para los ojos que advierte lo que es trascendente a la luz de la cultura y la historia sobre los que se sostiene un pueblo.

Trascender es penetrar hacia la distancia, extenderse comúnmente en lo bueno, trasluciendo y divulgando sustancialmente los efectos de alguna cosa que produzca consecuencias de transformación; es precisamente penetrar en lo oculto, averiguar y comprender que estas acciones despierten interés de observar lo circundante y meditar ante el por que y para que de las cosas.

Todo tiene su razón de existir, y mejor si el tiempo lo conserva. Se edifican monumentos cuando marcan en el tránsito vital, obras o sentimientos de común causa, como perennizar la propia existencia e inmortalizar al mortal. Radica en ello la trascendencia del deificado mas si desempolvamos lo que es y será valioso para la cultura de un pueblo.

eso se trata este pequeño comentario; hallé entre la muerte algo que a muy pocos apasiona, la poesía; si es atrevimiento, pues a ese nivel será el cuestionamiento, creyendo siempre en la existencia de mejores ojos que observen, mentes que analicen o espíritus más sensibilizados de los que deberé aprender.

Trasladarse imaginariamente a través de un análisis de acciones que cuentan con más de cien años de soledad, no es tarea fácil, volver el tiempo mediante la inspiración y para la inspiración, me permitió observar este monumento al que considero de gran importancia. Si vas al cementerio de Chalampampa, visita este lugar, es muy mágico y triste a la vez, pues se está desperdiciando algo valioso…

Autor: Prof. Miguel Ángel Alarcón León
De: Cuentos Andinos y Poesías
Edit. Set. 2008

viernes, 12 de diciembre de 2008

HISTORIA DE LA HACIENDA SAN JUAN DE PILLO


Si bien en la provincia de Huancavelica, la hacienda “Pachacclla” de Federico Salas Guevara Alarco estaba considerada por aquel entonces como la de mayor proyección ganadera de la zona, en el mes de setiembre de 1949, llegó a Pampas Tayacaja, un personaje que en la segunda mitad del siglo, llegaría a desarrollar la ganadería lechera, mas sobresaliente del departamento. A la edad de 24 años NAPOLEON BAZO SANTA MARIA se hizo cargo de la hacienda “San Juan de Pillo”.

Esta hacienda que cuenta con títulos que datan de 1725, fue rematada por el Santo Tribunal de la Inquisición en vista de una deuda que su propietario original tenía con esta institución colonial, adquiriéndola el español Manuel Bañón. Su posterior propietario fue don Vitervo Hostas, hasta los tiempos en que su nieta, Rosa Hostas de Flores Araoz, la vendió a la sociedad conformada por don Benjamín Roca y don Arturo Bazo. En 1937, la hacienda de 10,000 hectáreas fue adquirida por la señora Elvira Santa María, viuda de Bazo Velarde y fue su hijo Napoleón, quien le dio el impulso y la fama a nivel nacional.

Napoleón Bazo Santa María lleva en la sangre la tradición ganadera. Su padre Juan Bazo Velarde, había estado dedicado al negocio de ganado primero en “Corpacancha”, por espacio de 14 años, luego en “Antapongo”, por 10 años, y posteriormente en “Hatun Huasi” y “Río de la Virgen”, hasta el momento de su muerte acaecida en 1935. Napoleón, por su lado, se había profesionalizado en zootecnia y ganadería en Wyoming, Estados Unidos.

Lo resaltante de esta ganadería es que en los siguientes cuarenta años logró obtener por catorce veces el premio “Presidente de la República”, un concurso nacional ganadero que se desarrollaba en diferentes departamentos del Perú donde acudían ejemplares selectos de diferentes criadores establecidos a lo largo y ancho del país. La característica más importante es que los vacunos de raza “Brown Swiss”, logrados en San Juan de Pillo, eran vendidos en las diferentes ferias ganaderas con la garantía de fertilidad y aclimatación a la altura, gracias a un continuo y paciente trabajo de selección y genética que difícilmente fue igualado por otros criadores. Caso similar ocurría con el ganado lanar de raza “Corriedale”.

La producción de leche, quesos y mantequilla complementaba con éxito la venta de reproductores, convirtiendo a la Negociación Bazo Velarde en una empresa lider y admirada por sus resultados. Sin embargo no estaría ajena a los cambios políticos del país y sus actividades se verían seriamente afectadas por la Ley de Reforma Agraria como se podrá apreciar mas adelante.

Durante los primeros años 1950 – 1955, Napoleón Bazo se integraba a la sociedad pampina, todavía soltero y participaba activamente del acontecer social, deportivo y de desarrollo de la zona. Era presidente de la Liga de Futbol distrital en la que competían diferentes equipos entre los que estaban el “Deportivo Impuestos promovido por la Caja de Depósitos y Consignaciones, el equipo “Daniel Hernández”, el equipo de “San Juan de Pillo” y el equipo de “San Pedro”. Entre los jugadores de la época se encontraban Luis “Lucho” Monge, el fiscal Victorio Rosas Benavides, “Bebe” Belledone, Rubén Mendieta, Américo Monge, Lorenzo y Fidel Artica, Tovar, Napoleón y Jorge Bazo, entre otros. Un organizador y promotor de los encuentros era don Gustavo Gamarra.
Todavía no había “Estadio” y gracias al tractor de Napoleón Bazo y al trabajo de nivelación con teodolito de Rodolfo Tramontana, se emparejaron los estadios de Pampas y Acraquia. Los recuerdos de Napoleón se refieren a un famoso albañil. Don Feliciano Peña, quien prácticamente era contratado por la mayoría de vecinos que buscaban mejorar sus viviendas y con mucho cariño se refiere al farmacéutico don Hipólito Martínez (Don Hipo) y su esposa doña Rosario Valenzuela, quien no solo era boticario, sino además se veía obligado a recetar, con acierto, medicamentos, a falta de médico en la ciudad.

Otra anécdota interesante se refiere a la construcción de la carretera de Pampas a Acostambo, la de mas largo tiempo de ejecución, obra que era utilizada en la promesa de todos los políticos que querían llegar a diputados en el Congreso de la república. En esa época trabajó en la obra el ingeniero Ricardo Herrera Monge. Además se contruyó el Hotel del “cojo” Calderón en la Plaza Principal, en donde se rociaba con agua e colonia a todos los visitantes ilustres de la ciudad.

Napoleón Bazo se casó con la señora Gabriel Costa y tuvieron por hijos a Napoleón, José, Ana Gabriela, Fernando, y Delia María. Todos ellos en la actualidad siguen vinculados a los derivados de la leche, establecidos ya en la capital de la República, pero convencidos que la habilidad, capacidad, creatividad y eficiencia fue adquirida en “San Juan de Pillo”, Pampas, tras largos años de intenso trabajo y esfuerzo.

Del Libro “HISTORIA DE HUANCAVELICA” (Tomo II, pgs. 171 - 172)
Autor: Federico Salas Guevara Schultz. Primera Edición. Lima, Noviembre 2008

jueves, 4 de diciembre de 2008

POSTALES DE TAYACAJA IV


Crónica desde Matibamba

Aquí en Matibamba el paisaje trasciende historia. Recordemos que en 1566 don Crisóstomo de Hontiveros era dueño de la Encomienda y que un grupo de mitimaes cayampis plasmaron en este siento, páginas del que dan cuenta las crónicas ubicando a Matibamba “a cuatro jornadas de Pampas”. No olvidemos que aquí los alambiques destilan el mejor aguardiente de la región y antaño la hoja de coca era de primera calidad.

La magia de los nombres

Tayacaja no es solo una provincia, es un sentimiento, por ello al pronunciar el nombre de nuestras estancias sentimos una inmensa alegoría interior. Tocllacuri, Ñahuinpuquio, Alfapata, Quishuar, Antavirus, Mashuaillo, Occoro, Huallhua, Tucuma, Allpahuasi, Atoc o Quintaojo. ¡Qué belleza de nombres de auténtica visión poética!


Nuestros artistas

Tayacaja tiene grandes exponentes en la música andina. Gustavo Córdova Peralta “El chutito de la radio” cuya travesía difundiendo lo nuestro se inicia el año 1934 en Radio Huancayo e integrando “Los zorzales del ande”, luego en Lima en las radios El Sol, Atalaya, San Cristóbal, Santa Rosa, América, Nacional, y finalmente en Radio Luz (Av. Tacna donde antes funcionaba Canal 2 y Radio Victoria). Recuerdo que en la cabina de esa emisora tuve la suerte de hablar con él y entregarle una pequeña nota que escribí destacando sus brillantes cualidades humanas y profesionales.


Junto a él podemos mencionar a Victoria de la Cruz a quien vi en la Peña Hatuchay del jirón Trujillo; a don Bony Zuasnábar que cantaba huaynos y mulizas en Huancayo. Y en la línea criolla está Rafael “Fito” Ríos considerado como el “mejor requinto del Perú” integrando famosos tríos o acompañando a la inolvidable Lucha Reyes.

“Ondas Isabelinas” creación de un tayacajino

El 3 de julio de 1916 –hace 92 años- se fundó la revista “Ondas Isabelinas” del Colegio Santa Isabel de Huancayo cuyo primer número tenía 4 páginas. El director del plantel era entonces Enrique Arnáez Naveda que llegó a desempeñar el cargo de vicerrector de la Universidad San Marcos. Protagonista de este acontecimiento cultural fue César Edmundo Monge Sánchez en su calidad de fundador y primer director de la revista.

Isabel de la Peña de Calderón

Hace 90 años, el 2 de julio de 1918 nació en Anco nuestra notable educadora tayacajina, quien llegó a ocupar el cargo de Directora General del Ministerio de Educación con rango de viceministra. Estudió en el Colegio Miguel Grau (Magdalena del Mar) fundado por Esther Festini de Ramos Ocampo. En este plantel doña Isabel fue alumna, auxiliar, profesora y directora. Siempre atenta a los acontecimientos culturales nos acompañó en las presentaciones de nuestras modestísimas obras “Cielo de fiesta en Tayacaja” y “Literatura de Tayacaja”.

Despedida de Matibamba

Ahora, extasiado con el rumor del río, escucho el casete “Carnaval de Salcahuasi” (grabado en el campo) ¡Qué emoción! hasta parece que danzan en la carretera Diego Auquinivin, Lázaro Yupa Inga Vacachi, Mamaytilac, Curambayo y los gentiles de Alfapata. La noche se hace presente y dejo que hable el corazón, pues, hoy que recuerdo tiernas vivencias, en mi corazón está tu nombre flor de lucero, bella pampina, mágico aroma de amor primero.

Carlos Zúñiga Segura

jueves, 27 de noviembre de 2008

RAYUSCCA

RAYUSCCA

Por las alturas de Mashuayllo hay un pueblito que se llama Jatunpampa, que quiere decir pampa grande; por ese lugar hay un camino que conduce a Chinchipampa; aquel viene desde Chanti y pasa hasta Tucuma. Hace muchos años fue un sendero guijarroso, bordeado de espinos y abismos extravagantes con rumbo sinuoso, paso obligado para los habitantes del lugar. Desde sus crestas visibles y altas grietas se divisa las profundidades de la quebrada del río Huanchuy como una hilacha que después de estrellarse de peña en peña va a dar entre las turbias aguas del Mantaro.

El viento tibio más ágil deja oír por instantes el rumor del río y se eleva sutilmente hasta alcanzar lo más fragoso de la cordillera de las montañas, llevando consigo la niebla hasta coronarlos con nubecillas aisladas durante el día, tan afanoso cual sube y baja. Ya en las tardes las cumbres se tornan grises y el frío es intrépido, la niebla densa penetra hasta los rincones más escondidos de las casas y el suelo es húmedo que rápido levanta los mohos en las piezas y el óxido en los metales.

En las épocas de invierno serrano, el viento zumba y silba en el ichu; en turbiones cae el fuerte aguacero y los relámpagos iluminan intensos el horizonte. Cuando es más intensa la lluvia, la chispa eléctrica con eficacia llega a la tierra frecuente con estruendoso ruido, haciendo de la tempestad un ambiente lúgubre y funesto, obligando a los lugareños a esconderse en sus casas. Las noches se tornan lóbregas y las espesas nieblas envuelven todo, que no permite abarcar la mirada a un metro; todo se torna tenebroso; los granizos chancan musicalizando los tejados y las goteras monótonas de los aleros forman torrentes turbios formando aniegos en los desniveles del camino.

En el tramo del camino entre Jatunpampa y Chinchipampa, hay un lugar, ahora funesto, entre rocas enormes y arbustos del lugar. Hace algún tiempo atrás una joven pareja de casados, que tenían un pequeño hijo como de cuatro abriles; asentaron sus vidas en ese lugar; habían heredado una parcelita de terreno de sus ancestros, hicieron una casita pequeña debajo del camino. Era una casita solitaria, la única en el lugar construida con mucha esperanza; empezaron a cultivar sus tierras y a la par criar una vaquita, dos cabras y un carnero. Cada vez que bajaban al pueblito, en las tardes los veían volver casi entre dos luces, llevando al niño de la mano rumbo a su casita solitaria, dando venias atentas a quiénes se cruzaban en el camino; era una pareja muy misteriosa poco sociable.

En una de esas noches que dicen de los difuntos; las cumbres se encendían con los relámpagos, las nubes negras lloraban en turbiones y cada vez era más fuerte la lluvia. El tronar de los rayos era más intenso y continuo como si la artillería del cielo hubiera encendido el fuego de la guerra y cobrar vidas en venganza. El viento huracanado recogía el lúgubre aullido de los perros y se dilataba temblando entre los roncos rigores del cielo; todo parecía avizorar un funesto presagio. Los niños trémulos se aferraban a sus "cawitos" y los ancianos sentían caer el cielo – Nunca ha pasado esto -- decían mirándose tras la tenue luz de las velas – Es castigo de Dios por culpa de ese Leupucha que se metió con su prima no más -- murmuraban otros.

El “ataque” se hacía interminable cuando al dar la media noche, todo lentamente volvió a la calma, alejándose los truenos como un tropel de llamas sobre el cielo oscuro hasta dejar solo el sonido monótono de las goteras cercanas que herían los oídos. Todos quedaron dormidos como entumidos por el susto.

La mañana siguiente los pacíficos pobladores recibieron la alarmante noticia de un madrugador labriego; pálido y como fuera de si llegó al caserío, manifestando la tragedia de la pequeña familia que ya no es; el padre muerto, la madre muerta, el pequeño hijo muerto también, habían sido fulminados por un destructor rayo. De la pequeña casita quemada aún humeante; se levantaban negras las ruinas de los muros; había sido consumido por el fuego. Enterraron los restos calcinados de los pobres desdichados que vivían cual parias, y desde esa inolvidable tragedia bautizaron a ese tétrico lugar como Rayuscca – Lugar donde cayó el rayo.

Cuentan los pobladores de Jatunpampa, que cada vez que se producen similares tormentas, ven pasar en la noche por el camino con paso monótono, a una pareja de esposos llevando de la mano a un niño, en medio de la lluvia insaciada camino a Rayuscca, gimiendo cantos fúnebres en las noches de Todos los Santos…

Miguel Ángel Alarcón

Imagen: "Tormenta", óleo de Beatriz Colmenares.

sábado, 22 de noviembre de 2008

POSTALES DE TAYACAJA III


Nota inicial. Las Postales (resúmenes del libro inédito Historia de Tayacaja) que se difunden en Saposaqta corresponden a la amistad y generosidad de Manuel Suárez y su sentimiento compartido por nuestra tierra.

Ricardo Palma y Tayacaja

El gran tradicionista Ricardo Palma tuvo presente a Tayacaja en sus tradiciones, artículos periodísticos y en varios de sus libros. Veamos:

En La zamacueca política (Periódico político, popular, joco-serio) correspondiente al año 1859 le dedica unas líneas a don Andrés Álvarez Calderón Senador por Tayacaja.

¡Vaya unos labios cerrados

y un voto abierto para el Gobierno!

¡Qué mudez tan elocuente!.

En el libro Semblanzas. Lima 1867 Palma se refiere a don Enrique Lara Diputado por Tayacaja:
Se calza muy bien el guante

y llega al sí natural:

para ser representante

esto es mas de lo esencial.

En el libro Supersticiones de los peruanos dice Ricardo Palma: “Sobre estas costumbres, en que andan mezcladas por igual las prácticas gentilicias y las cristianas, -dice el autor- que presenció lo siguiente en un pueblo (Pampas) de la provincia de TAYACAJA”.

“Una viuda, joven y hermosa, a los cinco días de muerto su marido fue llevada por sus parientes al río y obligada a bañarse desnuda en presencia de ellos. A esto llaman los indios purificación, y después de ella, la viuda queda expedita para contraer nuevo enlace. Complemento de la purificación es una orgía, en la que la mujer llega a pertenecer a tres hombres, de los que uno representa al Padre Eterno, y los otros dos a San Pedro y San José. Después de purificada así, es seguro que encontrará nuevo marido”.

ANALES DE LA INQUISICIÓN

En el capítulo correspondiente a La Segunda Inquisición Palma da cuenta del castigo que le impuso la Santa Inquisición al “presbítero don Eugenio Jaime que fue denunciado en Tayacaja, en 1802, por haber dicho que no incurría ni en pecado venial el que no asistía a la publicación de los edictos generales del Santo Oficio. Varios hay, después, delatados por el mismo delito”. El castigo en estos casos consistía en recibir azotes en paseo público.

De: Historia de Tayacaja (Inédito)
Carlos Zúñiga Segura